Guido Sandleris: “Si se dieran premios por hacer políticas anticrecimiento, el Gobierno sería campeón mundial”

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Guido Sandleris: en una entrevista exclusiva, el expresidente del Banco Central anticipa el futuro de la economía pospandemia
Guido Sandleris: en una entrevista exclusiva, el expresidente del Banco Central anticipa el futuro de la economía pospandemia

A más de un año y medio de dejar la presidencia del Banco Central, Guido Sandleris asegura que se siente “frustrado” de ver “que se repiten viejos errores”. Lo dice en relación a la actual gestión económica. “Si se dieran premios por hacer más políticas anticrecimiento, este Gobierno sería campeón mundial”, afirma con ironía. “La administración Fernández ha sido una máquina de ensayar políticas que ya fracasaron”, dispara Sandleris, entre otras definiciones que dejó en una entrevista exclusiva con LA NACION.

Sin embargo, no elude la autocrítica sobre el desempeño de la economía en la administración de Mauricio Macri. “Los resultados de la gestión económica de Cambiemos estuvieron por debajo de lo esperado. Muchos se han sentido desilusionados; soy plenamente consciente de eso”, admite.

Sandleris explica también que debieron establecer los controles de cambio luego de las elecciones primarias de 2019 por la inestabilidad que generó el sorpresivo resultado electoral cuando la economía todavía estaba débil.

Actualmente, el también exviceministro de Hacienda sigue trabajando dentro del espacio Cambiemos, es profesor en la Universidad Torcuato Di Tella y consultor de Mindy-Economics.

–¿Por qué la inflación se mantiene tan alta en los últimos meses?

–Esta inflación es el resultado de lo que hizo el Gobierno el año pasado. En parte por la pandemia, por cómo manejaron esa cuarentena enorme, hubo el déficit fiscal más grande en décadas, de aproximadamente 6,5% del PBI. Eso se financió casi eminentemente con emisión monetaria porque el Gobierno no tenía credibilidad, aun después de reestructurar la deuda, como para acudir a los mercados internacionales. Siendo el mercado doméstico chico, financió casi todo con emisión monetaria. La emisión es la que está generando presión sobre los precios desde fines del año pasado y comienzos de este. Como en 2019 hubo poca emisión, en 2020 eso permitió que tuviéramos niveles más bajos [de inflación]. Ese rezago entre la política monetaria y lo que ocurre con la inflación a veces hace difícil interpretar lo que sucede.

–Una de las herramientas a las que recurre el Gobierno para atacar la inflación es el control de precios. De hecho, la Secretaría de Comercio va con un centímetro a medir el lugar que ocupan los productos en las góndolas y dice que la culpa es de los empresarios. ¿Coincide con ese punto de vista?

–En ese sentido, el Gobierno ha sido una máquina de ensayar políticas que ya fracasaron. La inflación alta tiene que ver con estos fenómenos que decía, con la conducción de la política monetaria. En todos los países son los bancos centrales los que se ocupan de la inflación. El mundo encontró hace décadas la forma de vivir con inflación baja, pero la Argentina no. Y no es que el mundo controla precios mejor que nosotros o que los empresarios son más bondadosos afuera que adentro. Los empresarios juegan con las reglas de juego que ponen los gobiernos. Todos los vecinos tienen inflación baja; nosotros, alta, y tiene que ver con la falta de credibilidad del Banco Central, que también la tuvimos nosotros. Eso ha ido minado la confianza. Con relación a los controles de precios, para que un país crezca tiene que haber una macroeconomía ordenada y políticas microeconómicas adecuadas para incentivar que el sector productivo invierta y la economía crezca. En general, en la Argentina nos enfocamos demasiado en mirar las políticas macro y eso es un problemón.

–¿En qué sentido?

–Cuando mirás las políticas microeconómicas, si se dieran premios por hacer más políticas anticrecimiento, este Gobierno sería campeón mundial. Es fenomenal el horror que ha hecho con las políticas microeconómicas. Menciono el aislamiento del mundo, la inseguridad jurídica, las dificultades para constituir empresas, la reducción de la conectividad aérea, la prohibición de exportaciones de carne, la reciente medida de Tierra del Fuego de prohibir la cría de salmones, la eventual estatización de empresas, exponer a los bancos al riesgo del default público. Se ve una obra maestra, prácticamente, sobre cómo hacer que la economía no crezca, y eso es muy preocupante. Creo que hay una inconsistencia muy grande… el tiempo lo dirá.

-En el caso de las exportaciones se da también una particularidad...

–Lo de las exportaciones es paradigmático y muestra las dificultades de este Gobierno para definir el rumbo. El ministro [Matías] Kulfas presentó al Consejo Económico y Social diez ejes para lograr un crecimiento sostenido a largo plazo: el primero era “Necesitamos exportar más” y el tercero llamaba a derrumbar la “falsa antinomia entre mercado interno y mercado externo”. Pero unos meses después prohibían las exportaciones de carne por una antinomia, precisamente, entre mercado interno y externo. Sin duda, hay un efecto sobre el sector cárnico, pero además una señal negativa para los demás: si vos vas a invertir en un sector con proyección exportadora, ¿Cómo interpretar eso?

–¿Destaca algo bueno del Gobierno, como la reestructuración de la deuda? ¿Cree que estuvo bien como se hizo?

–La reestructuración es positiva. Creo que se tardó demasiado. Era una reestructuración accesible, por llamarla de alguna manera, que se podía hacer, pero me hizo un poco de ruido la secuencia con la que la manejaron. Hicieron que un Gobierno que llegaba con poca credibilidad tuviera el dudoso mérito de haberla empeorado, porque ahora tiene menos credibilidad frente a los mercados, y un reflejo de eso es lo que sucede con los precios de los títulos públicos: el riesgo país está altísimo. Si dabas señales más claras respecto de ciertas políticas que pensabas llevar a cabo, o un plan con el FMI, quizás no hubiera hecho falta tanta emisión monetaria para cubrir el déficit y hubieran permitido regresar antes a los mercados.

-¿Notó algún tipo de corrección?

–Empujado por el miedo de la corrida cambiaria de octubre pasado, hay cierto emprolijamiento de los números fiscales desde finales del año pasado hasta la primera mitad de este. Tuvieron un déficit fiscal más acotado, que veo positivo como una corrección tras lo del año pasado, pero creo que las presiones electorales los van a llevar en la segunda mitad del año a expandir el gasto de forma importante.

–Kicillof sostiene que la plata del FMI se usó para “fugar” dinero durante el macrismo. ¿Cuál es su visión?

–Esa afirmación es más generalizada y puede adjudicarse a buena parte del kirchnerismo. Demuestra poco conocimiento de las finanzas públicas. Todos sabemos, como cosa general, que la deuda no sale de un repollo. La deuda viene porque hay déficit fiscal, porque se necesita plata para cubrir los gastos más altos que los ingresos. Los gobiernos que van reduciendo el déficit fiscal reducen primero la velocidad a la que se endeudan y, cuando tienen superávit, empiezan a desendeudarse. Cuando uno ve la performance del gobierno de Mauricio Macri respecto del déficit fiscal, recibió casi 5 puntos del PBI en 2015 y, a partir de 2018 principalmente, hay una corrección de ese déficit que permitió disminuir la velocidad de endeudamiento y entregar el Gobierno con un presupuesto casi equilibrado, en 0,4% del PBI. El acuerdo con el Fondo se firmó en 2018: desembolsaron poco más de US$40.000 millones y la deuda pública, al final de 2019, era casi igual a la de fines de 2017: US$320.000 millones. ¿Cómo se explica el sentido del préstamo? Sencillamente se utilizó para pagar vencimientos de deuda que se habían emitido antes del gobierno de Macri. Esa afirmación [de Kicillof] es ridícula.

"El dólar paralelo refleja un poco mejor cuál es el tipo de cambio que habría, tal vez, en ausencia de controles", dijo Sandleris
Rodrigo Nespolo


"El dólar paralelo refleja un poco mejor cuál es el tipo de cambio que habría, tal vez, en ausencia de controles", dijo Sandleris (Rodrigo Nespolo/)

–Hay varios debates sobre si habrá o no una “explosión devaluatoria”, como dijo Cavallo, y cuándo se generaría. ¿Qué opinión tiene?

–Cuando tenés controles de capitales tan estrictos, le dan discrecionalidad al Gobierno y hacen más fácil el control porque, con menos dólares, lográs manejar el mercado cambiario. En lo que hace al tipo de cambio oficial, yo veo muy improbable que antes de las elecciones haya un salto devaluatorio porque el Banco Central, con liquidación récord del agro, con precios altos de la soja y del maíz, ha podido recomponer un poco sus reservas internacionales; eso le va a permitir manejar la evolución sin un salto devaluatorio. Por supuesto, empezamos a ver presiones en los tipos de cambio paralelos y eso tiene que ver con la desconfianza o falta de credibilidad del Gobierno, con la expectativa del comportamiento fiscal de los próximos meses y temores respecto de lo que sucederá después de las elecciones. Estamos viendo una acumulación de distorsiones.

-¿Qué puede suceder a futuro?

–En adelante hay que ver el comportamiento fiscal del Gobierno, la credibilidad que dé respecto de la negociación con el FMI, pero no llego a ver como una cosa determinística una “explosión devaluatoria”. Si el Gobierno sigue sin dar señales claras, sin trazar un rumbo con el FMI, si la Argentina se convierte en el único país en defaultear con el Fondo, vas a tener presión sobre el tipo de cambio.

–Usted ocupó el sillón del Banco Central en épocas donde se lo trataba de presionar con el dólar, en épocas de salir e intervenir fuerte. ¿Qué nos muestra hoy el valor oficial de la cotización y qué nos muestra el ilegal o “blue”?

–Cuando ponés este tipo de controles, segmentás los mercados. El dólar paralelo refleja un poco mejor cuál es el tipo de cambio que habría, tal vez, en ausencia de controles, y la evolución reciente nos dice que hay una desconfianza que este Gobierno no termina de resolver y que tiene que ver con el rumbo de la política económica, y no solo en la macro. Son también los horrores de la micro, como lo que sucedió con la Hidrovía. Si las exportaciones son importantes porque necesitamos dólares para importar, no generemos ruido en el principal instrumento de logística del comercio exterior, por donde sale el 70% de la producción de oleaginosas. Meter ruido en la Hidrovía –y digo ruido por ser optimista– genera los efectos contrarios a los que uno querría. Hablaban de tranquilizar la economía y provocaron lo contrario.

–Hay funcionarios del Gobierno que dicen que ustedes tendrían que haber establecido el cepo antes. ¿Coincide con esa reflexión?

–Desde que yo asumí, en septiembre de 2018, hasta el día después de las PASO, el Central no había tenido que vender un solo dólar, habíamos comprado, pero eso cambió con la sorpresa electoral que provocaron las PASO y la desconfianza que generaba la fórmula que terminó ganando. Después vino cierta necesidad de [imponer] controles de capitales por la inestabilidad del resultado electoral en una economía débil. Cuando ocurren las PASO, esperamos dos semanas hasta imponer el primer cepo, el “cepo light”, porque confiábamos en que el efecto sorpresa de las PASO se iba a atenuar en la medida en que Alberto Fernández llevara tranquilidad a los mercados con sus declaraciones; por ejemplo, como hizo Lula en Brasil, cuando vio crecer su posibilidad de acceder al Gobierno. Eso no sucedió y por eso tuvimos que poner el cepo.

–¿Por qué los resultados económicos durante el gobierno de Macri fueron tan distintos a las expectativas que generaron?

–Sin duda, los resultados de la gestión económica de Cambiemos estuvieron por debajo de lo esperado. Muchos se han sentido desilusionados. Soy plenamente consciente de eso. Quiero decir que salir del populismo no es fácil. La Argentina llegó a 2015 con una economía estancada, déficit fiscal y un agravante como el tamaño del sector público, cuyo gasto había pasado en algo de 10 años de 23% a 41% del PBI. Eso asfixiaba y sigue asfixiando al sector privado. Era imposible resolver en cuatro años los desequilibrios de décadas. Creo que hubo un exceso de confianza y eso llevó a que los que hicieron el diseño inicial –yo no estaba en esa parte– tomaran demasiados riesgos.

-Si tuviera que precisarlo...

–Yendo a cosas más puntuales, es probable que haya sido demasiado lenta la corrección fiscal original, que debe interpretarse desde la posición de debilidad, de haber llegado al poder por un ballotage con una ventaja de un punto, con minoría en ambas cámaras del Congreso, con solo cinco de 24 gobernadores y el peso de la historia de que ningún gobierno no peronista había logrado terminar su mandato desde el surgimiento del Justicialismo. Me parece también que el diseño inicial monetario-cambiario sobrestimó la capacidad de corregir el desequilibrio fiscal, porque sabíamos que era el talón de Aquiles.

–¿Cree que dejaron una economía más sana que la que Cristina Kirchner les dejó a ustedes en 2015?

–Sin duda, el período 2015-2019 no alcanzó las expectativas que teníamos nosotros y la gente. Poner a la Argentina en el camino del crecimiento implicó errores que hemos procesado y aprendimos. Mucha gente no la pasó bien. Lo tenemos claro. En esos cuatro años se intentó corregir una serie de desequilibrios y problemas que traía la economía argentina desde hacía tiempo. Cuando mirás 2019, el gasto público era más bajo, una mochila menos pesada para el sector privado; el déficit fiscal estaba casi equilibrado respecto de 2015; el sector externo había corregido el déficit y no se veían grandes distorsiones en precios relativos. Dejamos US$14.000 millones de reservas netas y había más grado de libertad para emprender la política económica respecto de cuando llegó Macri. Después llegó la pandemia y trastocó todo lo que había planeado el gobierno de Fernández.

–¿Esa inflación cómo pega en los índices de pobreza? ¿Qué habrá después de la pandemia?

–Déjenme mencionarles el empleo, como efecto de la pandemia. El desempleo a fines de 2019 estaba en 8,9%. Ahora está en 10,2%, con un pico más alto en el peor momento de la pandemia. Se perdieron muchos puestos de trabajo y el salario real está en este momento en los niveles más bajos desde 2004. Todo eso, más la aceleración de la inflación, configura un escenario terrible en términos de pobreza, que llegó al 42%, 6,5 puntos porcentuales más que cuando Fernández asumió. Esto implica que hay 19 millones de personas pobres, casi 3 millones más de los que había cuando terminó el gobierno de Macri.

-¿Cuánto incide el Covid?

–Si bien esto es efecto de la pandemia, en la Argentina ésta impactó más en parte por los desmanejos de la emergencia sanitaria, como la cuarentena tan larga, y ni hablar del tema de las vacunas. Fue un escándalo lo que hizo el Gobierno esta semana en el Congreso. Si vos ves la pobreza infantil, el índice es 57,7%. Es casi tener 6 de cada 10 niños en la pobreza. Hay que entender que algo está fallando severamente en cómo funciona la economía, pero no en cómo funciona con Alberto o con Macri. Son años en los que la economía argentina no ha podido crecer, se ha estancado, ha caído, y la consecuencia son el crecimiento de la pobreza y el desempleo, acentuados por el shock de la pandemia. Hay algo más de fondo que no funciona.

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