Guerra en Siria: ¿por qué volvió a encenderse un conflicto que parecía apagado?

LA NACION

En los últimos días, un cambio radical de dirección en la política exterior norteamericana produjo un enorme revuelo en el nordeste de Siria. Tras ocho años de una cruenta guerra civil, una de las más sanguinarias del siglo XXI, alimentada por fuerzas internacionales, el presidente Donald Trump anunció el domingo 6 de octubre el repliegue de las tropas estadounidenses en la región.

El anunció, que tomó por sorpresa a muchos, dio luz verde a Turquía para lanzar una ofensiva militar sobre las fuerzas kurdas sirias (que controlan la región), a quienes Ankara acusa de terroristas por sus estrechos vínculos con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), un grupo armado que atenta contra el país de Recep Tayyip Erdogan desde 1983.

La incursión turca ha puesto una vez más el foco sobre una de las regiones más violentas del mundo, alterando el flujo actual de alianzas nacionales e internacionales. Mientras los norteamericanos abandonan la zona, las milicias kurdas buscan unir fuerzas con sus antiguos enemigos, el gobierno sirio de Bashar al-Assad y Rusia, para hacer frente al avance de Turquía.

¿Por qué el nordeste de Siria es tan importante para Occidente?

El largo corredor al nordeste de Siria, empalmado entre la frontera de Turquía y los hostiles desiertos de Irak, fue el lugar de "incubación" de ISIS, antes de que se expanda a la frontera iraquí en 2014. El grupo yihadista vendía petróleo sirio en su territorio, lo que los ayudó a financiar su campaña asesina y tomar control de una de las ciudades más grandes de la zona.

Su autoproclamado califato sobrevivió por más de cinco años antes de perder el último bastión en marzo de este año en una aldea en la costa este del río Éufrates. Los miles de hombres, mujeres y niños sirios y extranjeros que salieron de la aldea de Baghouz terminaron en prisiones abarrotadas y campamentos cercados en el noreste de Siria.