Guerra Rusia-Ucranica: cómo es la vida en una unidad del Ejército ucraniano a la espera de más armas de Occidente

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Un soldado ucraniano en la región de Kherson, en el sur del país (David Guttenfelder/The New York Times)
David Guttenfelder

PRYVILLIA, Ucrania.- A través de binoculares, los soldados ucranianos llegan a ver las posiciones rusas allá lejos, a la distancia. Pero la única pieza de artillería que manejan desde este pequeño y destartalado puesto en la estepa sur no tiene alcance suficiente para atacarlas.

Esa realidad les impone una rutina gris y ensordecedora a los ucranianos, que reciben noche y día las descargas de artillería rusa, sin recursos para contratacar. Cada dos o tres horas tienen que zambullirse cuerpo a tierra en las trincheras para escapar de las municiones que rasgan el aire.

“Ya tienen fijada nuestra posición, saben dónde estamos”, dice el sargento Anatoly Vykhovanets. “Casi que nos tienen en la palma de la mano”.

El presidente Volodimir Zelensky repite casi a diario sus pedidos de artillería pesada a Occidente, pero es aquí, en los puestos militares de la ribera oeste del río Dniéper, donde se entiende hasta qué punto ese armamento es crucial para Ucrania. Los analistas militares dicen que ahora la batalla ya no depende tanto de las habilidades o valentía de los soldados ucranianos, sino de la precisión, cantidad y poder destructor de la artillería de largo alcance.

Un soldado ucraniano monitorea los movimientos de las fuerzas rusas en Kherson (David Guttenfelder/The New York Times)
David Guttenfelder


Un soldado ucraniano monitorea los movimientos de las fuerzas rusas en Kherson (David Guttenfelder/The New York Times) (David Guttenfelder/)

Y las fuerzas de artillería amasadas por ambos bandos cerca de Pryvillia, en Lugansk, está tan desbalanceada a favor de Rusia que los funcionarios ucranianos lo mencionaron específicamente en sus reclamos de más apoyo militar ante los parlamentarios norteamericanos y funcionarios de Occidente.

En respuesta, los aliados de Occidente han tratado de apurar el envío a Ucrania de sistemas de artillería y equipamiento relacionado. Las armas ya empezaron a llegar, pero no al ritmo que los militares ucranianos esperaban, sobre todo en lugares como esta pequeña posición militar del sur.

Estados Unidos anunció que planea enviar 90 obuses M777, capaces de disparar a más de 40 kilómetros de distancia y con precisión de alfiler, pero recién esta semana pudieron utilizar uno en combate por primera vez en la región, según un video que los militares ucranianos distribuyeron entre los medios de prensa.

Otra de las armas de origen norteamericano que Ucrania necesita son drones para detectar objetivos y corregir el fuego de artillería, y tanques de arrastre para remolcar los obuses hasta su posición incluso bajo fuego enemigo.

El lunes, el presidente norteamericano, Joe Biden, promulgó una ley que permitirá la transferencia de armamento adicional a Ucrania, y el martes por la noche la Cámara de Representantes aprobó un nuevo paquete de ayuda a Ucrania por 40.000 millones de dólares.

Un soldado ucraniano lleva una lanzadera de misiles Stinger de fabricación norteamericana en Kherson (David Guttenfelder/The New York Times)
DAVID GUTTENFELDER


Un soldado ucraniano lleva una lanzadera de misiles Stinger de fabricación norteamericana en Kherson (David Guttenfelder/The New York Times) (DAVID GUTTENFELDER/)

Por el momento, sin embargo, lo único que pueden hacer los soldados del puesto de avanzada del 17º Regimiento de Tanques de Ucrania, atrincherados en una hilera de árboles entre dos campos, es tratar de sobrevivir.

Para empezar, tienen un “escucha” de guardia las 24 horas, que se queda parado como un perro vigía en el centro de la unidad, simplemente escuchando el estallido distante de la artillería rusa. La voz de alarma es “¡aire!”, y los soldados saben que tienen unos tres segundos para zambullirse en una trinchera antes de que caigan los proyectiles.

El Ejército ucraniano sí dispara con la artillería que opera en la retaguardia de esta posición, pero su poder de fuego es insuficiente para neutralizar la línea rusa.

Cada tanto envían pequeñas unidades que realizan escaramuzas en la zona de amortiguamiento, atraen sobre ellos el fuego de artillería y usan las hileras de árboles desnudos para protegerse. “No hay dónde esconderse”, dice el comandante de una brigada de reconocimiento que tiene unidades desplegadas en esas escaramuzas, y que pidió ser identificado solo por su apodo, Botsman.

“Es como mirar el tablero de ajedrez”, dice Botsman. “Cada lado observa los movimientos del otro lado. Solo depende de la potencia de ataque que se tiene. Está todo a la vista. Y la única pregunta que importa es: ¿puedo hacer blanco justo en ese punto?”. Por eso los soldados de ambos bandos llaman a los cañones de precisión que pueden hacer justamente eso con el apodo de “dioses de la guerra”.

Un soldado ucraniano en Kherson (David Guttenfelder/The New York Times)
David Guttenfelder


Un soldado ucraniano en Kherson (David Guttenfelder/The New York Times) (David Guttenfelder/)

Ucrania entró a la guerra en desventaja. Los obuses Peony de 203 milímetros que tiene Rusia, por ejemplo, tienen un alcance de unos 40 kilómetros, mientras que los cañones Geocent de 152 milímetros de Ucrania disparan a 30 kilómetros. (Los sistemas de artillería de la herencia soviética, utilizados por ambos bandos, llevan el nombre de flores: en esta guerra también se usan los cañones Clavel y Tulipán.)

Por eso los ucranianos se desesperan por los obuses norteamericanos: con su alcance de más de 40 kilómetros mientras dispara una ronda de precisión guiada por GPS, esa arma pondría levemente en ventaja al ejército de Ucrania.

“Ahora los rusos tienen dos ventajas: artillería y aviación”, dice Mykhailo Zhirokhov, autor de Gods of Hybrid War, un libro sobre el combate de artillería en la guerra contra los separatistas respaldados por Rusia en Ucrania Oriental. “Ucrania necesita artillería y misiles antiaéreos. Esas los las armas de importancia crítica en el frente.”

Martillar posiciones

Rusia no logra capitalizar su superioridad artillera para seguir avanzando. Su táctica de atacar en las planicies abiertas es martillar las posiciones opuestas con artillería, y a continuación avanzar con los blindados en una maniobra “reconocimiento y choque” destinada a liquidar lo que queda de la línea defensiva.

Pero Ucrania tiene abundancia de armas y misiles antitanques, que impiden que Rusia avance y gane terreno.

Un vehículo calcinado en Kherson (David Guttenfelder/The New York Times)
David Guttenfelder


Un vehículo calcinado en Kherson (David Guttenfelder/The New York Times) (David Guttenfelder/)

Del otro lado, Ucrania tampoco puede avanzar, aunque sus tácticas difieren. El Ejército ucraniano se basa en pequeñas unidades de infantería con vehículos blindados que solo desempeñan funciones de apoyo. Aunque Ucrania podría ganar terreno, no podría retenerlo ni usarlo como base logística para nuevos avances, ya que al no haber neutralizado la artillería rusa, cualquier territorio nuevo seguiría bajo fuego.

El avance planificado por los ucranianos en esta zona depende de la llegada de los obuses M777 y otra artillería occidental de largo alcance, para golpear a la artillería rusa desde la retaguardia. Entonces la infantería ucraniana podría avanzar bajo el paraguas de artillería que le brindarán estos sistemas de mayor alcance.

Oleksiy Arestovych, asesor del jefe de gabinete de Zelensky, dice que la llegada de artillería más potente y de mayor alcance puede volcar rápidamente la balanza a favor de Ucrania.

En los combates en la ribera occidental del río Dniéper, el objetivo de Rusia parece ser tener ocupadas a las fuerzas ucranianas, que de lo contrario probablemente se movilizarían al frente de batalla del Donbass, en el este de Ucrania.

No bien llegue la artillería capaz de igualar el alcance de los cañones rusos, el objetivo de Ucrania es avanzar a campo traviesa hasta tener a tiro dos puentes y una represa sobre el río Dniéper, una operación destinada a cortar las líneas de suministro de las fuerzas rusas, dice Arestovych, el asesor presidencial ucraniano.

“Lo haríamos con gusto”, dice el coronel Taras Styk, comandante de la 17ª Brigada de Tanques. “Pero por el momento no tenemos nada que pueda alcanzarlos”.

Andrew E. Kramer

The New York Times

Traducción de Jaime Arrambide

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