Guatemala, entre riesgos y tragedias anunciadas.

SONIA PÉREZ D.
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Equipos de rescatistas buscan sobrevivientes entre los restos de un enorme alud de tierra provocado por la lluvia en el poblado de Quejá, en Guatemala, el sábado 7 de noviembre de 2020, tras el paso de la tormenta tropical Eta. (Esteban Biba/Pool Foto vía AP)
Equipos de rescatistas buscan sobrevivientes entre los restos de un enorme alud de tierra provocado por la lluvia en el poblado de Quejá, en Guatemala, el sábado 7 de noviembre de 2020, tras el paso de la tormenta tropical Eta. (Esteban Biba/Pool Foto vía AP)

CIUDAD GUATEMALA (AP) — En la comunidad rural de Quejá, en San Cristóbal Verapaz, Guatemala llora la muerte de seis personas y la desaparición de muchas más como consecuencia de un alud que sepultó la mitad de la aldea debido a las lluvias de la tormenta Eta.

Con el meteoro, una nueva tragedia vuelve a golpear a Guatemala, declarado como el segundo país de más alto índice de riesgo de desastres en el continente según el Reporte Mundial de Riesgo de 2019.

Nadie esperaba que la montaña se partiera en Quejá. No hubo advertencias ni señales. El jueves al mediodía, un alud devoró a la comunidad habitada por unas 1.200 personas mayas Poqomchí, que sobreviven de la plantación de maíz y frijol. Sus pequeñas casas —en su mayoría de madera y lámina— estaban incrustadas en la montaña rodeada de árboles.

Los habitantes de Quejá estaban a punto de almorzar cuando una parte de la montaña se desprendió. Emilio Caal, un agricultor sobreviviente, contó a The Associated Press que no sabe del paradero de unos 40 miembros de su familia.

Los socorristas tardaron por lo menos un día en llegar a la aldea debido a que los accesos por carretera quedaron cortados por los derrumbes. Para lograrlo sortearon toneladas de lodo naranja, una arcilla pegajosa que imposibilita el paso. La ayuda en víveres tardó dos días en llegar y sólo fue posible entregarla con helicópteros, sobre todo por un inmenso viejo derrumbe en la misma carretera que da acceso principal a la aldea y que las autoridades no han logrado reabrir.

Hasta el lunes la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) contabilizaba 44 muertos y 99 desaparecidos en todo el país a consecuencia de Eta.

No es la primera vez que algo así ocurre en Guatemala.

En 2018, el Volcán de Fuego hizo erupción y más de 200 personas murieron. Familiares reclaman que por lo menos un millar quedaron bajo toneladas de tierra, y según datos oficiales hay más de 200 desaparecidos. En 2015, el derrumbe de una montaña en plena capital dejó 250 personas fallecidas y unos 70 desaparecidos. El lugar había sido declarado de alto riesgo, pero de todas formas las autoridades locales permitieron la construcción y que se habitaran viviendas.

En 2009, un derrumbe en un lugar conocido como Los Chorros, a unos 10 kilómetros de Quejá, sepultó la carretera, lo que dejó más de 35 muertos y unos 20 desaparecidos. En la carretera se hacen constantes trabajos de limpieza y los lugareños optaron por transitarla a pie a pesar del alto riesgo que representa, pues aún son constantes los deslaves en el lugar. Este derrumbe es el que hace imposible poder llevar ahora ayuda por carretera a la aldea sepultada el jueves pasado.

Parece que a la larga Quejá se unirá a las filas de otros impresionantes derrumbes de montañas que se convertirán en el lugar de descanso final de sus víctimas. El gobierno y autoridades locales han declarado “camposanto” algunos lugares de tragedia y detienen la búsqueda ante la imposibilidad y el riesgo de seguir buscando, aún ante la objeción de familiares.

En Quejá, las autoridades analizan qué hacer, pues con los suelos inestables aún sigue habiendo derrumbes que incluso obligan evacuar a los socorristas en la zona.

Alejandro Maldonado, un ingeniero exdirector de la CONRED, explicó a la AP que Guatemala es un territorio de riesgo debido a problemas estructurales que están relacionados "no sólo a la amenaza o probabilidad de que se den elementos como Eta, sino por otros factores que nos hacen vulnerables y que están directamente vinculados al desarrollo del país”.

Maldonado dice que también afecta la pobreza: las comunidades no tienen fondos para invertir en medidas de mitigación necesarias para poder desarrollarse mejor.

La ley habla de planes de ordenamiento territorial, pero esto no es una realidad en comunidades alejadas. Otros factores que contribuyen a la vulnerabilidad son la deforestación, que afecta la estabilidad de taludes y laderas de las montañas.

Ante la magnitud de los deslaves y lo riesgoso de los lugares, las autoridades optan por no continuar la búsqueda de desaparecidos y se retiran del lugar. Aunque intentan declarar camposanto las áreas afectadas, pocas veces se realiza debido a la negativa de familiares que buscan a sus seres queridos.

Maldonado dice que “nunca va haber desarrollo en Guatemala ni reducción de la pobreza si no hay un esfuerzo de reducir el riesgo de desastres” y así también salvar la vida de miles de guatemaltecos.