El guardián de las aves playeras, un termómetro de la crisis climática

Verónica Santamaría / @VeronuK

TRAS TRES DÉCADAS de observar, monitorear y estudiar las rutas migratorias de las aves playeras que llegan a la costa del noroeste mexicano, conformado por Nayarit, Sinaloa, Sonora, Baja California y Baja California Sur, el biólogo Roberto Carmona ha registrado una importante disminución de estas especies, indispensables para medir la crisis climática y regular la multiplicidad de peces e insectos.

Carmona Piña es investigador y profesor en la Universidad Autónoma de Baja California Sur y ha dedicado gran parte de su vida a la protección de las aves de playa, su gran pasión. Hoy por hoy es uno de los principales investigadores en el noroeste del país y ha logrado colocar a las aves como una especie protegida.

Para Carmona, hablar de las aves playeras tiene dos motivos. “Una respuesta cínica es porque me gusta, y la formal, porque son excelentes indicadores de la calidad del ambiente”, dice el investigador en entrevista con Newsweek México.

El estudio y conservación de las aves playeras y su hábitat Carmona lo inició a finales de la década de 1980, cuando el reconocido científico Pablo Canevari impartió en Baja California el primer curso sobre estas aves en la región.

Desde ese primer acercamiento, Carmona diseñó, dirigió e implementó numerosos proyectos de investigación, exploración, monitoreo, educación y conservación de aves playeras en el Corredor Migratorio del Pacífico, según datos que aparecen en el formulario de nominación al Premio Lewis Oring que recibió recientemente.

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“Las aves son de las primeras especies en responder a un cambio. Por eso las vemos como centinelas del ambiente”, explica el biólogo.

Hoy en día, además de dedicar gran parte de su carrera a la conservación y protección de aves playeras en el noroeste mexicano, también se entrega a la docencia. Hasta ahora, ha dirigido 35 tesis de licenciatura, maestría y doctorado sobre biología, ecología y migración de aves.

De acuerdo con Gerardo Marrón, alumno de Carmona, muchos de los expertos que ahora trabajan con aves playeras fueron o son alumnos del biólogo mexicano. “Esto ha sido por él, porque él generó a estos estudiantes, investigadores, y colaboró con otros tantos”, dice.

“Él ha capacitado, dirigido y buscado. Es un premio merecido y fue emocionante ver cómo se lo entregaban, su cara de felicidad porque, aunque no le gusten estas cosas, es el reconocimiento de toda una vida de trabajo y siempre será algo gratificante”, añade con admiración quien también es su colaborador desde hace diez años en el Laboratorio de Aves de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UBCS).

Por su parte, Gustavo Danemann, amigo y colega de Carmona desde la universidad, describe al biólogo como una persona dedicada enteramente a la docencia e investigación de las aves playeras.

Carmona recibió el premio Lewis Oring por volumen de producción científica, formación de especialistas e implementación de proyectos de conservación de las aves. Foto: Pronatura Noroeste

“A partir de este trabajo, él ha proporcionado los fundamentos científicos para que Pronatura Noroeste A. C. selle su programa de protección de aves playeras migratorias. Carmona es asesor científico desde hace más de dos décadas para vincular la ciencia con el área protegida de esta ave”, agrega Danemann, director ejecutivo de Pronatura Noroeste e integrante del comité que nominó a Carmona al Premio Lewis.

GUARDIANAS DE LAS COSTAS DEL PACÍFICO

En el noroeste mexicano, comprendido por Nayarit, Sinaloa, Sonora y ambas Baja Californias, hay 49 especies de aves playeras migratorias. Su efecto en el ecosistema es notorio, ya que funcionan como un termómetro de la crisis climática, regulan la multiplicidad de peces y se alimentan de insectos y moscas que en exceso causan daño al entorno.

De acuerdo con el trabajo de observación y monitoreo que Roberto Carmona emprendió junto con alumnos, exalumnos y asociaciones civiles aliadas, la mayoría de las aves acuáticas anida en el subártico, incluidos Alaska, Canadá y las regiones norteñas de Estados Unidos. Año con año, estas especies pasan el invierno en áreas desde el sur de Estados Unidos hasta la Patagonia, en Argentina, lo que las lleva a recorrer entre 5,000 y 15,000 kilómetros entre sus áreas de reproducción y sitios de invernación.

Entre las especies de aves playeras más relevantes en el noroeste del país se incluye el 90 por ciento de picopando canelos (Limosa fedoa), 35 por ciento de playerito occidental (Calidris mauri), 70 por ciento de costureros de pico corto del Pacífico (Limnodromus griseus caurinus), 45 por ciento de avocetas americanas (Recurvirostra americana), 28 por ciento de chorlitos nevados (Charadrius nivosus), 65 por ciento de ostreros americanos (Haematopus palliatus frazari), y entre 40 y 80 por ciento de los playeros rojizos del Pacífico (Calidis canutus roselaari).

En sus migraciones a lo largo del continente americano, estas aves utilizan tres grandes corredores: el del Atlántico, el Transcontinental y el del Pacífico, siendo este último el más importante de la triada.

El noroeste mexicano es reconocido como una región preponderante para las aves playeras, ya que la abundancia y disponibilidad del hábitat les proporciona áreas de reproducción e invernación. Foto: Adriana Hernández

Por tanto, el noroeste mexicano es reconocido como una región preponderante para las aves playeras, ya que la abundancia y disponibilidad del hábitat al que migran les proporciona áreas de reproducción, invernación y zonas de paso para al menos 45 especies de playeros.

Adriana Hernández, bióloga e integrante del Laboratorio de Aves de la UBCS que impulsa el doctor Roberto Carmona, explica cómo se realiza el trabajo de registro y monitoreo de las aves.

“El monitoreo de la abundancia de las aves playeras lo realizamos bajo estándares internacionales que incluyen el uso de binoculares y telescopios para la identificación de cada especie, a una distancia que varía entre 30 y 50 metros”.

Para el registro de la abundancia se utiliza el método de estimación por bloques, es decir, cuentan uno a uno grupos de 10, 50 o 100 aves, dependiendo del tamaño total de la parvada, para luego utilizar esa muestra y estimar el resto del grupo, tomando en cuenta los posibles cambios en la densidad de las aves.

Cada dato se registra en libretas, a manera de lista, para maximizar el tiempo y mantener una velocidad de conteo. “Es muy importante mantener estandarizadas las zonas y tiempos de monitoreo a través de los años para que los datos puedan ser comparables, pues de otra forma se podría llegar a conclusiones erróneas”, apunta Hernández.

CONSUMIDORES TERCIARIOS

“Y ves a las aves comiendo y comiendo —interviene Roberto Carmona—. Hay una relación muy interesante en el Alto Golfo de California, ya que en el mundo hay solo dos especies de peces que se reproducen fuera del agua: el gruñón de California y el pejerrey. Estos peces ponen sus huevos con la marea más alta, los cuales permanecen cerca de diez días incubándose, y con la próxima marea más alta eclosionan. Son miles y miles de peces”.

De acuerdo con el biólogo, las aves playeras tienen sincronizado ese evento con su llegada al Alto Golfo para comer huevos. Llegan cuando se acaba de dar la primera puesta del pejerrey.

“Verás a las aves comiendo lejos del agua porque la marea no está tan alta, se están alimentando básicamente de esos huevos”, agrega.

Además, las aves playeras son indicadores del ambiente, y típicamente, consumidores terciarios porque no se alimentan ni de herbívoros ni de plantas, sino que consumen organismos que comen plantas u otros organismos.

“Son bastante numerosas. En el noroeste del país se pueden contar más de un millón de individuos invernantes, que utilizan ciertos humedales, terrenos de tierra plana permanentemente inundados y muy congregados, entonces, el impacto que tienen sobre estas zonas es alta dentro del ciclo biológico del ecosistema mexicano”, agrega Gerardo Marrón, quien colabora con el Dr. Carmona en el Laboratorio de Aves de la UABCS.

Para Pronatura Noroeste, organización civil sin fines de lucro que fusiona la conservación de la flora, la fauna y los ecosistemas prioritarios para promover un desarrollo en armonía entre la sociedad y la naturaleza, la conservación de estas aves playeras migratorias corresponde a la conservación de todos los sitios y paradas de hibernación que requieren para alimentarse, reponerse y continuar su viaje.

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“Es toda una cadena de paradas que requieren a lo largo de la costa para restablecerse y continuar su camino hasta la próxima parada; por ese motivo, trabajamos especialistas de todo el continente para conservar los sitios del hábitat de las aves migratorias”, señala Danemann.

En ese sentido, y tras 30 años de monitoreo, investigación y observación, uno de los impactos importantes que el trabajo del doctor Carmona ha logrado es la inclusión de cuatro especies de aves playeras migratorias y del pejerrey de cuyos huevos se alimentan, este último como especie en peligro de extinción, dentro de la “Norma Oficial Mexicana NOM-ECOL-059-SEMARNAT 2010, Protección ambiental – Especies nativas de México de flora y fauna silvestres – Categorías de riesgo y especificaciones para su inclusión, exclusión o cambio – Lista de especies en riesgo”.

De acuerdo con Danemann, el reunir los documentos para incluir varias especies de aves en la Norma Oficial Mexicana es un instrumento importante y valioso ante todo tipo de evaluaciones ambientales sobre especies que se encuentran protegidas.

“Roberto propuso la designación o recategorización de ocho sitios en el noroeste del país, seis de ellos ya considerados dentro de la Red Hemisférica de Reservas para las Aves Playeras (RHRAP). Esta designación, de tipo internacional, reconoce y protege a las aves playeras y sus hábitats en América”, agrega.

Entre los sitios prioritarios para las aves playeras se encuentran Guerrero Negro, Laguna San Ignacio y la Ensenada de La Paz, en Baja California Sur; el Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, en la frontera entre Baja California y Sonora; las lagunas Lobos, Tóbari y Yavaros, en Sonora; Santa María y Pabellones, en Sinaloa, y Marismas Nacionales, compartida entre Sinaloa y Nayarit, en los cuales se trabaja en colaboración con organizaciones nacionales y extranjeras.

UN PREMIO DEDICADO A SUS ALUMNOS

“En el verano de 2018, en la región del Oasis de Santiago, en Baja California Sur, empezamos a trabajar con un ave que se llama mascarita peninsular. Poco a poco empezamos a hacer trabajitos y algunos viajes al sur del estado. Fue interesante porque recorrimos diferentes zonas y llegamos a Santiago, donde las condiciones habían cambiado; se inundó el sitio y tuvimos que entrar a poner redes en el agua”, relata Gerardo Marrón sobre uno de los viajes que emprendió con el Dr. Carmona.

“Fueron un par de días de estar metidos en el agua capturando aves, y de pronto, sin querer, se enredó una serpiente en las redes de niebla y estuvimos desenredándola. Fue una experiencia memorable, una de las últimas con él”, relata Marrón.

De acuerdo con el documento de nominación al premio Lewis Oring que le fue otorgado al profesor Carmona, que nace de un colectivo de investigadores, conservacionistas y estudiantes de aves playeras integrado por personas de todo el continente americano, el galardón reconoce el volumen de producción científica, formación de recursos humanos especializados y la implementación de proyectos de investigación y conservación de las aves.

Más allá de la docencia, Carmona ha capacitado a funcionarios de gobierno y grupos comunitarios en temas de aviturismo y conservación de aves.

“Fue bastante gratificante todo lo que vi. Fueron muchas aventuras y planes de todo lo que estamos haciendo, ¡y por fin estamos ejecutando varias salidas que teníamos! Él estuvo ahí, de pie junto a nosotros, no como otros investigadores que simplemente mandan a los alumnos. Él no, él estaba ahí, en el lodo, con el agua hasta la cintura todo el día. Fue otro momento de compañerismo y no nos dejó”, recuerda Gerardo Marrón quien, además, fue tesista de Carmona.

El motivo por el que Roberto Carmona fue nominado al premio es que es “importante reconocer el esfuerzo de los investigadores mexicanos que han dedicado toda una carrera y dar un aporte importante; ha dejado una huella importante que aún no acaba”, añade Gustavo Danemann, compañero y amigo de Carmona en la conservación de las aves playeras desde Pronatura, A. C.

El doctor Roberto Carmona no es un investigador al que le guste recibir premios, pero este fue especial. Según señala, dicho reconocimiento no es de él, sino de todos aquellos que lo han acompañado durante décadas de investigación dentro y fuera del laboratorio de aves en UABCS y en los trabajos de campo.

“Es como un orgullo de papá ver a mi gente en diferentes estados y ser parte del devenir de cualquier profesor investigador de universidad. Estoy muy satisfecho con mi trabajo y espero tener cuerda para muchos años más”, agrega con notable alegría.

ARQUITECTURA SOSTENIBLE PARA LAS AVES

Laura Ibarra es una joven arquitecta mexicana que emprenderá un proyecto de arquitectura sostenible con motivo de los 20 años de conservación de los humedales de Guerrero Negro, en Baja California Sur, y la protección de las aves playeras de esa región.

“Siguiendo una línea de infraestructura verde, como arquitecta me queda bien el concepto de implementar soluciones naturales para casos de infraestructura gris, sin perder la conectividad entre lo natural y lo agrícola requerido para el desarrollo humano”, dice en entrevista con Newsweek México.

La iniciativa forma parte del programa de Soluciones Costeras de la Universidad Cornell, que se encuentra en Ithaca, Nueva York, Estados Unidos, y apuesta por la protección y conservación de las aves playeras, algunas consideradas en peligro de extinción y sus hábitats, muchos de los cuales forman parte de la Red Hemisférica de Reserva para las Aves Playeras.

El proyecto nace de la propuesta de infraestructura verde que la arquitecta Laura Ibarra sugirió tras el estudio de su maestría en la Universidad Autónoma de Baja California. Se iniciará en enero de 2020 y ayudará a consolidar más de 20 años de trabajo de conservación en los humedales de la comunidad de Guerrero Negro, Baja California Sur.

Puesta del pejerrey en el Alto Golfo de California. De sus huevos se alimentarán las aves playeras, consumidores terciarios. Foto: Pronatura, A. C.

Es en este sitio donde “las organizaciones ambientales, la academia, dependencias de gobierno, el sector privado, productores y la comunidad han colaborado. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, hace falta afrontar dos retos serios para este sistema lagunar, como las amenazas por cambio climático y los distintos disturbios por actividades humanas”, señala Osvel Hinojosa, director del programa Soluciones Costeras de la Universidad Cornell y colaborador de Pronatura Noroeste.

Para Laura, abandonar la infraestructura “gris” por la “verde” fue algo que buscó tras decidir ya no participar en proyectos de construcción que causan un alto impacto en el planeta, según meditó.

“Además, ya traía un nuevo pasatiempo con la observación de aves, asistir a los conteos de aves que se hacen los días 20 y 21 de diciembre de cada año. Este sería mi tercer año en participar. Es un día intenso, y de la mañana a la tarde se lleva el registro del mayor número de aves. Es una actividad que comencé por gusto, y en unos días haré mi tercer año consecutivo observando aves playeras”, señala Laura.

De acuerdo con Osvel Hinojosa, el proyecto de Laura ayudará a generar soluciones para la protección y conservación de las aves playeras. El objetivo es integrar la ciencia, la ecología y la arquitectura del paisaje con un plan maestro y un diseño de infraestructura verde que permita la adaptación del sitio ante el cambio climático, así como mejorar las actividades recreativas, de ecoturismo y de interacción de la comunidad con la naturaleza.

“Cuidar la naturaleza es cuidar nuestro mundo, un mundo donde vivimos todos y dejar de lado el enfoque antropocentrista. Saber que todas las especies, incluidos los humanos, habitamos este planeta y ser conscientes de que a muchas especies les hemos reducido sus lugares donde vivir. Para mí, es cuidar la casa de todos por igual”, indica la arquitecta.

Cabe destacar que Ibarra sobresalió de entre 90 candidatos de todo el continente americano y fue seleccionada como uno de los seis becarios del Programa de Soluciones Costeras 2020 con un proyecto que presenta soluciones concretas con un enfoque multidisciplinario. Para lograrlo, aprovechó su formación como arquitecta y el conocimiento en las ciencias naturales que obtuvo durante la maestría en manejo de ecosistemas.

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“Con el proyecto de Laura no solo esperamos que se mejore el hábitat para las aves playeras en la región de Guerrero Negro, sino también que sirva de pauta para que el territorio cuente con un plan que permita mejorar la sustentabilidad y resiliencia costera del sitio”, mencionó Osvel.

Además, se desea crear una guía que implemente acciones de adaptación al cambio climático y que el proyecto desarrolle y replique estos procesos a lo largo de las costas de México y América Latina.

“Me gustaría que la gente se interesara en proyectos como este, que busca conjuntar el desarrollo humano y la conservación y donde todas las especies son importantes —concluye Laura Ibarra—. Me gustaría también despertar la pasión por las aves y los ecosistemas que habitan para así crear la conciencia ecológica y mantener nuestros lugares sanos y que el espectáculo de la llegada de las aves playeras migratorias siga sucediendo año tras año”.