¿El fin del Grupo de Lima? El chavismo se entusiasma con un nuevo aliado

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Reunión del Grupo de Lima en Ottawa, Canadá, en febrero del año pasado
FLICKR / MINISTERIO DE ASUNTOS E

CARACAS.– Era un as bajo la manga, pero tan oculto que ni siquiera contaban con él. La gran apuesta para ensanchar la Patria Grande en el país andino tenía nombre de mujer, Verónika Mendoza. Tanto el Grupo de Puebla como los gobiernos izquierdistas de la región, incluso el entonces vicepresidente español, Pablo Iglesias, bendijeron a la candidata de Juntos por el Perú.

El fracaso de Mendoza fue el segundo puñetazo tras la derrota de Alfonso Arauz en Ecuador, pero el inesperado alivio estaba muy cerca. Pedro Castillo, el candidato elegido por Vladimir Cerrón, viejo amigo de las revoluciones, acaricia el sillón de Pizarro. En Caracas se ha desatado el entusiasmo: sus nuevos aliados en Perú, como poco, acabarán con el “nombre” del Grupo de Lima, la alianza de países creada para combatir al régimen de Nicolás Maduro.

El segundo aliado regional para Caracas se sumará así a Bolivia, más la actitud condescendiente de la administración de Alberto Fernández, sobre todo en materia de derechos humanos. La oposición venezolana y organizaciones civiles esperan de forma inminente que la Fiscalía de la Corte Penal Internacional confirme la apertura de la investigación por crímenes de lesa humanidad contra Maduro y varios miembros del generalato que lo mantienen en el poder.

La gran sorpresa electoral del año latinoamericano también cuenta con el apoyo del Grupo de Puebla, que reúne a dirigentes izquierdistas y populistas de la región que mantienen como una de sus principales piedras filosofales el blanqueo de la revolución bolivariana. “Atención con Perú. Fujimori comienza a hablar de irregularidades. Esperamos que Luis Almagro (secretario general de la OEA) y compañía no se presten para repetir la historia de Bolivia”, destacó ayer el Grupo de Puebla en sus redes.

“El mismo discurso de la derecha racista, fascista y golpista: denuncia fraudes sin pruebas y atenta contra la democracia que dice defender. Trump en Estados Unidos, Mesa en Bolivia y Fujimori en Perú repiten la misma mentira y desconocen el voto del pueblo. Que se respete el resultado”, clamó por su lado el expresidente boliviano Evo Morales, para arrimar el ascua a su sardina revolucionaria.

La cancillería venezolana está además convencida de que entre 2021 y 2022 rematarán al Grupo de Lima con los triunfos electorales en Chile, Colombia y Brasil, con lo que regresaría un escenario muy parecido al que ya disfrutaron Hugo Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner, con el añadido de la joya de la corona: la Colombia presidida por otro de sus aliados, Gustavo Petro. Desde Caracas ya alentaron con fuerza la candidatura del senador izquierdista de Colombia Humana durante la campaña de 2018.

La pandemia y sus efectos colaterales han conformado en América Latina “el mayor foco, hoy por hoy, de inestabilidad política y social del mundo”, según los analistas de Eurasia Group. Un escenario que comenzó a dibujarse con las protestas antigubernamentales de 2019, que incendiaron Ecuador, Chile, Colombia, Venezuela y Haití.

“Sin duda, existe una crisis de representación. Los gobernantes tradicionales no logran sintonizarse con segmentos sociales más desfavorecidos. Hay desconexión con las necesidades y expectativas de este segmento, incluidos los movimientos indígenas. Y, por ende, la izquierda o los movimientos indígenas se apropian del relato y hacen un trabajo silencioso de base, que luego tiene estos resultados”, explica el analista Matías Abad.

Entre los planes de Castillo y su mentor, el exgobernador Vladimir Cerrón, entra no solo sacar a Perú del Grupo de Lima, sino también de la Alianza del Pacífico. Cerrón es un médico que estudió en Cuba, e incluso coincidió con Maduro en La Habana. Su cercanía al castrismo y al chavismo es pública y notoria. Castillo sí ha navegado entre los eufemismos, pero ha dejado claro con ciertas dificultades argumentativas que usará las excusas de la soberanía para no criticar a la Venezuela bolivariana.

“Castillo argumenta en su plan de gobierno la ‘revisión, regulación o anulación de los tratados internacionales’. Entre estos, la Alianza del Pacífico, evidenciando así su poca voluntad de continuar fortaleciendo este bloque comercial. Con cierta ambigüedad, el mencionado plan también propone ‘impulsar fronteras vivas’, iniciativa que, a partir de dotar de infraestructura a la frontera, busca ‘generar una muralla que sirva de contención a la invasión extranjera’”, apunta Abad con preocupación.

Las reiteradas alusiones xenófobas de Castillo en relación con el millón de emigrantes venezolanos que viven en Perú vaticinan próximos conflictos con la presidencia encargada de Juan Guaidó. El apoyo de Leopoldo López a Keiko Fujimori durante los días previos al 6 de junio provocó que el candidato de Perú Libre amenazara con expulsar a extranjeros durante las primeras 72 horas de su gobierno, de encaramarse a la presidencia.

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