Ellos gritan, tú gritas, ¡todos gritamos!

Melena Ryzik
·14  min de lectura
Sue Boyajian, fundadora y propietaria de Loop out Loud en Los Ángeles, el 20 de octubre de 2020. (Maggie Shannon/The New York Times).
Sue Boyajian, fundadora y propietaria de Loop out Loud en Los Ángeles, el 20 de octubre de 2020. (Maggie Shannon/The New York Times).

A Ashley Peldon le pagan por gritar.

Aunque esta puede ser una vocación que a mucha gente le gustaría practicar en este momento (¿por qué gritar al vacío cuando puedes llenar tu cartera haciéndolo?) Gritar para ganarse la vida es un arte poco común.

La imagen del terror vocal es una de las más universales y elementales, desde Edvard Munch hasta Janet Leigh. Pero traducir eso en sonido en una película implica más que un micrófono en el plató. A menudo, los gritos que escuchamos en las películas y la televisión son creados por dobles y actores de voz, y no por las superestrellas mismas, en los estudios de Burbank, con especialistas que están a la espera de hacerlos más horripilantes. Es agotador de manera física y emocional. Además, es un trabajo extraño.

“Normalmente, solo tecleo la frase ‘grito de muerte’ para encontrar ese efecto”, dijo Trevor Gates, diseñador de sonido, acerca de la base digital de efectos de sonido a la que tiene acceso. Hay un grito tan utilizado en la base que hasta tiene nombre: el Wilhelm, y ahora ya es un clásico que se puede descubrir en algunas bandas sonoras.

Gates, que trabajó en “Nosotros” y “¡Huye!” de Jordan Peele, además de series como “La maldición de Bly Manor”, lleva a los intérpretes a su cabina de sonido para producir la estridencia o asfixia exacta que el director desea.

“Hay una psicología del sonido”, dijo Gates. “El resultado final es la actuación de lo que estás haciendo; es lo visceral, la realidad de escuchar a alguien que podría estar sufriendo. Es algo que da miedo, y es algo difícil de recrear”.

Eli Roth, el cineasta creador de la serie “Hostel”, les pregunta a los actores en las audiciones si pueden gritar, “pero nunca los obligo a hacerlo”.

“A menudo la gente me pregunta cómo dirijo los gritos”, comentó. “Bueno, la verdad es que no puedes. Solo tienes que confiar en que puedan hacerlo”.

Peldon, una artista de voz de Los Ángeles y exactriz infantil, ha pasado de las lágrimas a la risa; le gritó al cerdo en “Okja” de Bong Joon Ho y una vez interpretó a una cabra bebé poseída. Se especializa en “gritos de rabia”, dijo (sí, ¡un trabajo de ensueño!) pero se arriesga a dañar sus cuerdas vocales en el trabajo. En un día típico en su estudio casero, puede grabar “todo un banquete de gritos”, relató, junto con los gruñidos, jadeos y la respiración pesada que hacen que los espectadores se sientan asustados y empáticos.

“Los mejores gritos son como pequeñas puertas que te hechizan en la película y te atrapan”, dijo Graham Reznick, un diseñador de sonido con amplia experiencia en el cine de horror.

La actuación y la grabación representan solo dos partes de la maquinaria del terror audible. A continuación, una anatomía de los gritos y lamentos cinematográficos, y la razón por la que nos parecen tan memorables. Además, ¿gritar es mejor que ir a terapia?

La historiaaaa

Nadie está seguro de cuándo se grabó el primer grito para el cine, pero no tardó mucho. Gritar es uno de los “gestos melodramáticos que han formado parte del lenguaje cinematográfico desde el principio”, dijo Adam Lowenstein, profesor de cine que dirige el Grupo de Trabajo de los Estudios de Horror de la Universidad de Pittsburgh.

Howard Hughes utilizó por primera vez gritos audibles en 1930, para un avión que se estrellaba en “Los ángeles del infierno”. Un crítico de Variety describió los gritos bastante leves del piloto como “demasiado horripilantes” y “demasiado fuertes” para ser escuchados, según Robert Spadoni, un estudioso del cine y profesor de la Universidad Case de la Reserva Occidental.

Si avanzamos un poco más, vemos que los gritos encontraron su primer momento icónico más tarde: Fay Wray, con su reacción ante King Kong, en 1933.

Lo que llama la atención sobre Wray, considerada la reina del grito original, es que la primera vez que grita claramente está fingiendo: es para una prueba de pantalla dentro de la película, y el director le está aconsejando que grite como si hubiera visto una bestia muy aterradora (lo cual representaba un presagio). “Lo presentan para nosotros de forma muy tímida, como una actuación, no como una experiencia”, dijo Lowenstein. Ya para entonces, gritar era un detonador de la emoción del público.

Spadoni, el autor de “Uncanny Bodies: The Coming of Sound Film and the Origins of the Horror Genre”, argumenta que “los sonidos, como emanaciones físicas de los cuerpos, de inmediato hicieron que las películas fueran más sensuales y carnales, y también más horrorosas”, añadió. Y casi todo el mundo en el sonido está de acuerdo en que los gritos más escalofriantes provienen de mujeres y niños.

Los gritos de los hombres, por otro lado, pueden provocar ridículo. Tomemos como ejemplo el Wilhelm, un grito de acción poco probable y no muy convincente que comenzó, según la leyenda, como un efecto de sonido de un hombre que fue mordido por un caimán (es aún menos creíble como origen), que luego fue reutilizado en repetidas ocasiones en los filmes del género “western”. También lo hemos escuchado sin saberlo en “La guerra de las galaxias”, “Indiana Jones” y en muchas películas de Pixar, entre cientos de otras. Durante años, los diseñadores de sonido han hecho la broma de incluir el Wilhelm en sus proyectos. (El nombre viene de un personaje de un “western” de 1953).

El cineasta y actor Eli Roth se enteró de ello cuando estaba filmando “Bastardos sin gloria” con Quentin Tarantino. “Estaba haciendo el diseño de sonido del cortometraje dentro de la película, ‘Orgullo de la Nación’, que Quentin me encargó filmar”, escribió en un correo electrónico. “Quentin, por supuesto, sabía cuál era el Wilhelm” y quería asegurarse de que el efecto de sonido, que se escucha durante una caída de 27 metros, hiciera una aparición especial en el filme.

El grito en sí mismo no es “nada especial”, agregó Roth. “Es un chiste local para los conocedores de la industria. Pero una vez que lo escuchas, no puedes olvidarlo”.

Inevitablemente, ha habido películas en las que los gritos son en sí mismos objetos de amenaza, como en “El grito”, una película de terror británica de 1978, acerca de un grito aterrador (masculino) que mata a toda cosa y persona que lo oye.

Sin embargo, la película más famosa —y sin duda la más querida entre los profesionales del sonido—por usar los gritos como narrativa es “Estallido mortal”, el “thriller” de 1981 de Brian De Palma sobre un ingeniero de sonido (John Travolta) que busca el grito perfecto y se topa con un complot de asesinato.

Nancy Allen protagonizó el filme con el papel de una acompañante acechada por un asesino a sueldo y cuyos gritos (a continuación, se revela información de la trama), al ser atacada, proporcionan el evasivo sonido que obsesiona al personaje de Travolta.

A De Palma no le gustaron los gritos originales. “Dijo que no eran interesantes, que no tenían la agresividad suficiente”, recordó Allen, que estaba casado con él en ese momento. “Y yo le dije: ‘Déjame hacerlos, puedo hacerlos mejor’. Creo que me lastimé un poco la garganta. Es real”.

“Tienes que entregarte por completo al momento de la escena en la que estás, sobre todo porque no puedes ensayar un grito ya que debes cuidar la voz”, añadió.

Grabando el grito perfecto

¿Cómo sabes cuando un grito es el adecuado? Los profesionales del sonido no solo se guían por la piel de gallina, aunque también eso les provoca, incluso mientras hablan desapasionadamente sobre métodos de asesinato.

“Una madre que ve cómo su hijo es atropellado por un auto va a tener un grito increíblemente diferente al de alguien que es apuñalado por un cuchillo en un armario”, dijo con ecuanimidad Reznick, el diseñador de sonido y cineasta. Algunos momentos requieren una aparente autenticidad, la más pura expresión de la agonía humana. Y otros implican manipular el barrito de un elefante y fingir que provienen de la boca de una persona (o de un fantasma).

Por muchas razones, esos sonidos tan extremos rara vez se graban en el plató, donde un buen grito puede hacer estallar un micrófono caro, o la voz de una celebridad, aún más cara. Del mismo modo, nadie se arriesgará a citar a Ryan Reynolds o Scarlett Johansson en una cabina en Burbank para que griten durante diez minutos hasta quedar roncos.

En vez de eso, un grupo de profesionales está disponible para proporcionar esas voces, que los ingenieros de sonido y los diseñadores luego ajustan con creatividad.

“Muchas veces los gritos son mezclas de cuatro o cinco personas diferentes, solo para que funcione durante los seis segundos que se necesitan en pantalla”, dijo Reznick. “Una vez remplacé los gritos de muerte de John Travolta con mi propia voz”. (Solo es un segundo, se apresuró a añadir: “Es una mezcla”).

Los diseñadores de sonido como Gates tienen un grupo de intérpretes vocales para hacer un “bucle” (o “loop”) de audio, el término que se usa para referirse a la grabación de sonidos o frases, e incluso para crear un diálogo de fondo. ¿Alguna vez te has preguntado quién hace todo el escándalo en una escena donde se desata el caos en un restaurante? Son los llamados “loopers”.

Son dirigidos por un líder de “grupo de bucles”, como un director de reparto que se dedica a liderar susurros macabros y chillidos guturales. Las cintas de audición llegan en grandes cantidades; no es poco común que un líder de grupo de bucles como Susan Boyajian escuche quince gritos al día, dijo. “Hay gritos graduales, gritos cuya intensidad va en aumento, una especie de hiperventilación. Digamos que alguien te persigue con un cuchillo, y luego gritas”, dijo con alegría. “¿Hay alguien que se esté ahogando, la sangre le inunda la garganta?”.

Elige a un puñado de personas para que el equipo de sonido y el director decidan quién participará, y luego comienzan las sesiones de grabación, en las que deberán sincronizar sus voces con el intérprete en pantalla. “Observas su boca, tienes que ser físicamente esa persona y luego interpretar lo que está haciendo”, dijo Boyajian, profesora de canto y actriz.

Para traducir la visión del director, Gates a veces empieza por examinar una base de datos de efectos de sonido con términos como “grito de muerte agudo” o “masacre emocional”.

No siempre son humanos. “Si quiero que algo suene como si fuera orgánico, entonces tengo que empezar con una fuente que sea orgánica”, dijo Gates. “Tal vez sea un cerdo que grita o un caballo que relincha enojado. Muchas veces hacemos esto cuando se trata de algo sobrenatural, como un monstruo”.

Ese fue el caso de cuando se usó el sonido del barrito de un elefante para darle voz a una novia fantasma en “The Innkeepers”, una película independiente de 2012 del director Ti West.

¿Por qué un elefante? “Es un sonido realmente inquietante cuando lo vuelves más grave”, dijo Reznick, supervisor de sonido de la película.

Necesitaba algo lento, por lo que no podía usar la voz de la actriz (”No es posible gritar en cámara lenta”). En un inicio, había considerado un aullido que se desvanecía como el silbato de una tetera, pero decidió que era poco original y no lo suficientemente siniestro. El ruido final, dijo, resultaba tan espeluznante como la parálisis del sueño.

A veces los equipos de sonido tienen suerte con los miembros del reparto. En “Nosotros”, las gemelas interpretadas por las adolescentes Cali y Noelle Sheldon intentaron vocalizar sus propios lamentos. “Una gemela era muy buena con los gritos, y la otra no”, dijo Gates. Pero con una bastaba.

“Captaba la emoción de una excelente manera y tuvimos que volverla más sutil cuando mezclamos la película”, dijo Gates. “Había demasiado dolor”. A la versión de la película solo se le ajustó el tono, con “una sutil capa añadida de vocalizaciones de animales”.

Estrellas veteranas del horror como Lin Shaye han desarrollado su propia filosofía de los gritos. “Es como un orgasmo”, dijo Shaye, una actriz entrenada por Stella Adler y Lee Strasberg con memorables actuaciones en “Asylum” y la franquicia de “Insidious”. “Se trata de toda la emoción acumulada que después te lleva a ese momento, y luego el grito es una especie de crescendo de todo eso”.

Además de aprender a liberar los gritos desde su diafragma y no desde sus cuerdas vocales, deja que el momento se apodere de la escena. “A veces ni siquiera sé que voy a gritar”, dijo. “El grito es una expresión de ira reprimida, miedo, lo que sea. Puedes imitar un grito, pero no será tan único o probablemente tan penetrante como cuando te inspiras en una emoción propia que te llevaría a esa sensación”.

“Aprender a no gritar también es muy importante”, añadió. “Una idea interesante para un actor es tratar de contener un grito tanto como pueda, hasta que ya no pueda más. Y luego tienes que gritar”.

Anécdotas de un experto en gritos

Según algunos expertos, los gritones nacen, no se hacen.

Aunque cualquiera puede aprender técnicas para prevenir lesiones, sostener un grito completo de diez o quince segundos, como Peldon, quizá sea un talento natural. “Estas personas básicamente son atletas vocales”, dijo Jennifer Long, otorrinolaringóloga de la Universidad de California, campus Los Ángeles, que trabaja con actores de voz.

Peldon es conocida como una maestra desde que protagonizó “La hija de la ira”, una película para televisión de 1992. Hizo una audición con un grito. “Fue realmente agradable para mí, pero todos los demás estaban horrorizados”, recordó Peldon.

Ahora se gana la vida con gritos y llantos, y tiene la reputación de ser una de las más ruidosas del negocio. También es conocida por sus “esfuerzos”, el término de la industria para los sonidos que hace un personaje mientras corre, lucha o está en apuros (las celebridades casi nunca lo hacen. A veces incluso su respiración se dobla en una cabina). El sonido de remplazo hace que esas secuencias sean más fáciles de editar.

Como muchos “loopers”, ella hace muchos doblajes de voz, incluso para estrellas conocidas; por razones contractuales, no revela de quiénes se trata. Pero hace poco se quedó sin voz cuando algunos de ellos estuvieron juntos en un episodio de televisión. Para protegerse, su médico le aconsejó no hablar por encima de los 65 decibelios cuando no esté trabajando. (“Tengo dos hijos. Eso no va a pasar”, dice Peldon).

Los gritos en la actualidad

Los gritos de antes ya no dan tanto miedo. El estilo de la damisela en apuros no funciona actualmente.

En vez de eso, dijo Peldon, ella hace más rugidos poderosos: “Hay un despertar feminista en esos gritos. Los estamos viendo mucho más con nuestras superheroínas”.

Tan solo hay que ver a la reina de los gritos, Jamie Lee Curtis, en la primera entrega de “Halloween”, en 1978, y en la secuela más reciente de 2018: su grito inicial ha evolucionado para convertirse en un grito de batalla.

Sin embargo, los diseñadores sonoros y cineastas siguen amando ese sonido analógico de las décadas de 1970 y 1980, y a veces lo procuran. Las grabaciones de esa época “explotan de una manera que se siente como si la sangre corriera hacia los oídos y el cerebro se encogiera en la cabeza”, dijo Reznick. “Cuando escuchas un grito muy limpio en la actualidad, no suena real”.

Eso es porque, en gran parte, nuestro entendimiento de cómo suena el miedo desgarrador viene de Hollywood. “Un grito es una reacción tan atípica a lo que experimentamos en la vida cotidiana que inmediatamente amplifica el drama en el cine”, dijo Jason Blum, productor responsable del coloso del género de horror Blumhouse. Se usan porque, de manera primitiva, nada transmite mejor el terror.

En la vida real, la mayoría de nosotros no hemos encontrado un cadáver a nuestro lado en la cama ni hemos sido atacados por zombis o extraterrestres (todavía). Si nos pasara eso, ¿cómo sonaríamos? Las investigaciones muestran que, cuando se enfrentan a un trauma, muchas personas se quedan en silencio.

En realidad, el grito más horripilante es el que no suena.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company