Grecia se convierte en la cárcel para refugiados de Europa

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En la parte más oriental del Egeo, a 18 millas náuticas (33 km) de la costa de Asia Menor, Samos se distingue por la incomparable belleza de su entorno natural. Y, ahora también, por convertirse en suelo de la nueva y abominable ocurrencia de la política migratoria de la Unión Europea: una cárcel para refugiados.

Alambre de espino, con doble alambrado de seguridad, cámaras de vigilancia, escáneres de rayos X y puertas magnéticas. Así es el nuevo “hogar” de 3.000 refugiados en la isla griega, aislado de la población local y que formará parte de un programa más amplio llamado Centros Polivalentes de Acogida e Identificación (MPRIC, por sus siglas en inglés).

El centro para inmigrantes en Samos, Grecia) es parecido a una cárcel. (Photo by LOUISA GOULIAMAKI/AFP via Getty Images)
El centro para inmigrantes en Samos, Grecia) es parecido a una cárcel. (Photo by LOUISA GOULIAMAKI/AFP via Getty Images)

Con una tarjeta electrónica para identificarse, los residentes en el centro no podrán salir del recinto desde las 8 de la tarde hasta las 8 de la mañana y de no presentarse podrían enfrentarse a medidas disciplinarias. Eso sí, dentro tienen ocho restaurantes, siete canchas de baloncesto, tres áreas de juego y un campo de fútbol, entre otras instalaciones.

El parecido con una cárcel es realmente pasmoso pero las autoridades griegas venden esta distopía como un proyecto de éxito. Financiado con los fondos de la UE, es el primero de cinco centros de identificación y recepción de usos múltiples que se abrirán en las islas del Egeo, y ha costado 38 millones de euros. 

“Por primera vez en la historia de la migración, un beneficiario podrá sentarse en un restaurante con aire acondicionado y seguro”, ha explicado a The Guardian, Manos Logothetis, supervisor de la recepción de refugiados en el ministerio de Migración griego.

De la miseria a la cárcel

Los refugiados que lleguen a Europa por el Mediterráneo cambian la miseria de los campamentos como Moria –en la isla griega de Lesbos, tristemente conocido por el incendio que lo redujo a cenizas en septiembre de 2020– por un centro de detención. 

Tras el desastre de Moria, 13.000 personas que se hacinaban en un espacio pensado para 2.000 se quedaron sin techo, a la espera de que Grecia y la Unión Europea decidieran qué hacer con ellas. Hoy vemos la nueva huida hacia adelante: menos miseria pero también menos dignidad y derechos.

“Es difícil no ver cómo su salud mental se verá afectada", ha explicado Simone Innico, una trabajadora humanitaria de la organización de base Samos Volunteers a The Guardian.

“Estar encerrados como delincuentes comunes cuando todo lo que han hecho estas personas es venir a Europa en busca de refugio solo puede ser contraproducente”, ha añadido.

Médicos Sin Fronteras ya ha advertido de que entre abril y agosto de 2021, un 64% de los nuevos pacientes que llegaron a su departamento de salud mental en el centro de Samos presentaban pensamientos suicidas y un 14% están en riesgo real de suicidio. 

Vivir entre rejas y sin libertad de movimiento, sin perspectivas y prácticamente como un delincuente después de años de violencia, huida, esperas y miseria solo agrava la precaria situación mental.

Llegada de las primeras familias sirias al centro de Samos. (Photo by LOUISA GOULIAMAKI/AFP via Getty Images)
Llegada de las primeras familias sirias al centro de Samos. (Photo by LOUISA GOULIAMAKI/AFP via Getty Images)

Los psicólogos de MSF que trabajan en primera línea lo explican claramente: “Somos testigos a diario del deterioro del bienestar físico y mental de estas personas. La apertura del nuevo campo de prisioneros está cambiando la identidad colectiva de los refugiados, su autoestima e imagen: su dignidad. Europa los está rompiendo”.

La Europa de los valores, derechos y libertades se convierte en una pesadilla para miles de personas que no tienen la condición de “europeos”, sigue externalizando violación de derechos humanos a países como Turquía o Marruecos y sigue avanzando hacia el abismo en este despropósito migratorio.

“¿Qué quiere que le digamos a un joven que, aunque no ha cometido ningún delito, se ve obligado a permanecer encerrado en un centro parecido a una prisión?”, se preguntan en Médicos Sin Fronteras.

"El nuevo centro es la ilustración perfecta de la política de la Unión Europea (UE) en materia de migración: retener y detener a personas que huyen de la violencia y castigarlas por querer estar a salvo. Es una vergüenza", ha lamentado Patrick Wieland, coordinador de la organización en Samos.

Los rechazos, devoluciones y la violencia contra los refugiados son una política ya muy arraigada en las costas griegas, como ha documentado Amnistía Internacional. Además, el Gobierno griego construyó un muro de 40 kilómetros en su frontera con Turquía y está llevando a cabo campañas en países como Afganistán para desalentar la llegada de migrantes.

El campamento de refugiados de Moria terminó en llamas. (REUTERS/Alkis Konstantinidis)
El campamento de refugiados de Moria terminó en llamas. (REUTERS/Alkis Konstantinidis)

Por su parte, la Unión Europea teme que se repita una escena como la de 2015 en sus fronteras, cuando miles de refugiados sirios llegaron a Europa buscando asilo y huyendo de la cruenta guerra de su país, y en una reciente cumbre en Atenas siete jefes de Estado y de Gobierno del sur de Europa se comprometieron a “no dejar sola a Grecia” con la acogida de migrantes.

Se hace evidente cómo los países de la Unión Europea no dejan de dar palos de ciego ante un fenómeno que supera todas sus capacidades. Sus soluciones adolecen de los derechos de los que el Viejo Continente se erige adalid. 

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