El golpe de Estado del 6 de enero | Opinión

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Muchos analistas se preguntan, ¿fue o no un golpe de Estado lo que perpetraron los seguidores de Donald Trump el 6 de enero del año pasado? La respuesta inmediata de un idealista de la extrema derecha, alineado al trumpismo, no simplemente es un “no” rotundo, sino que fue perpetrado por simpatizantes del Partido Demócrata.

Este tipo de respuestas no es más que una irracionalidad, un despropósito, un golpe bajo a los héroes que dieron su vida por la patria; en fin, una canallada a la democracia.

El Diccionario Panhispánico del Español Jurídico manifiesta que un golpe de Estado es la “destitución repentina y sustitución, por la fuerza u otros medios inconstitucionales, de quien ostenta el poder político”.

A lo anterior podemos agregar que el golpe de Estado es independiente a la ideología; es decir, los golpistas pueden provenir de la izquierda como de la derecha. Estas formas de levantamientos son materializados desde la sociedad civil o desde el Estado y pueden ser sobrellevados por militares o civiles.

Trump planeó el golpe de Estado desde el interior del gobierno. No fue un diseño de días sino de meses.

Cuando Joe Biden entró a la contienda electoral de 2020, Trump manifestó gran preocupación debido a que el exvicepresidente se mostraba imbatible en un enfrentamiento electoral.

Entonces optó por la coerción internacional para que Biden sea desvirtuado, presionando al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, para que investigue a Hunter Biden, hijo del exvicepresidente, por supuestos cargos de corrupción y, en el proceso, involucre a su padre.

El tiro le salió por la culata. La Cámara de Representantes lo enjuició políticamente, hallándolo culpable de “abuso de poder” y “obstrucción al Congreso”.

Sin embargo, la maquinación del golpe de Estado inició cuando su carta principal –el de la economía— se le fue de las manos debido a la pandemia del COVID-19.

Trump no supo liderar al pueblo. Nos ocultó que el COVID-19 era letal; nos llenó de mentiras; miles de compatriotas murieron por su desinformación. Trump se vio vencido antes de la contienda electoral.

Entonces utilizó a los medios de comunicación de derecha, especialmente a Fox News, para contaminar con noticias falsas de que el sistema electoral estaba corrompido; luego cambió su gabinete por personajes altamente serviciales, corruptos e ineptos; después maquinó todo tipo de triquiñuelas para revertir el resultado de las elecciones; finalmente organizó un complot con sus seguidores para impedir que el Congreso nombrara a Biden como legítimo ganador de las elecciones.

Trump es un golpista, del mismo modo que fue Augusto Pinochet en Chile, Nicolás Maduro en Venezuela o el reciente alzamiento de una junta militar en Myanmar.

Humberto Caspa, Ph.D. es investigador de Economics On The Move. E-mail: hcletters@yahoo.com

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