Golpe de efecto en la segunda audiencia del megajuicio por corrupción en el Vaticano

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El cardenal Giovanni Angelo Becciu
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ROMA.- Un inesperado golpe de efecto tuvo lugar hoy en la segunda audiencia del megaproceso comenzado el 27 de julio pasado en el Vaticano, que por primera vez en su historia puso en el banquillo a un cardenal, el italiano Angelo Becciu, durante años estrecho colaborador del Papa y otras nueve personas, acusadas de corrupción, estafa, reciclaje y malversación de millones de euros del Óbolo de San Pedro. La investigación judicial comenzó por voluntad de Francisco en 2019, al salir a la luz una inversión fallida de la Secretaría de Estado en un lujoso edificio de Londres.

En una audiencia que duró 2 horas y 10 minutos –mucho menos que la primera, que se extendió por más de 7 horas-, la gran sorpresa fue que uno de los fiscales del tribunal del Vaticano, Alessandro Diddi, realizó un pedido que él mismo definió “sorprendente”. Tras admitir que podía haber cometido errores en la investigación preliminar, ya que muchos de los imputados nunca fueron interrogados y aún no presentó actas y demás documentación reclamada por la defensa, pidió al presidente del Tribunal la restitución de las 29.000 actas procesales, volver a fojas cero y reiniciar nuevamente el sumario de instrucción.

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Los abogados defensores rechazaron con vehemencia este pedido, que tacharon de “inadmisible e impropio” y reclamaron a su turno a viva voz la anulación del juicio. ¿Por qué? Porque, pese a la orden dada por el tribunal, aún no habían recibido todas las actas del sumario, porque sus clientes no habían sido interrogados y porque, con todos estos vicios procesales, se les estaba “denegando justicia”.

El famoso magistrado italiano anti-mafia, Giuseppe Pignatone, presidente del tribunal del Vaticano, sin ocultar su perplejidad, decidió tomarse su tiempo para expedirse sobre estas dos cuestiones. Algo que hará este miércoles cuando a las 9.30 reanudará la audiencia, en un clima de inmensa expectativa por lo que decidirá.

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El pedido de volver a fojas cero y comenzar todo de nuevo de Diddi provocó gran asombro en la sala del tribunal recientemente inaugurada en un anexo de los Museos Vaticanos. El también llamado promotor de justicia explicó que no quería “pisotear los derechos de defensa de los imputados”, sino darles la posibilidad de ser interrogados, como sus abogados habían reclamado en la primera audiencia. En este marco, no ocultó el malestar de la fiscalía por los ataques “violentos” en su contra aparecidos en la prensa italiana.

Diversos artículos, en efecto, salieron en las últimas semanas a denunciar que lo que estaba teniendo lugar en el Vaticano era un proceso totalmente “injusto”, en el que se habían fabricado “pruebas falsas” y en el que “la sentencia ya estaba escrita”. Un editorial del Corriere della Sera ayer comparó el juicio contra Becciu con el célebre proceso al capitán judío Alfred Dreyfus, víctima inocente del feroz prejuicio antisemita de las altas jeraraquías militares francesas y condenado a cadena perpetua en 1894 por espionaje en favor de Alemania. Algo que se sospecha forma parte de una fuerte campaña de prensa en favor del defenestrado Becciu.

Este cardenal, que conserva el título pero no los derechos cardenalicios –es decir, no puede participar del cónclave para elegir al sucesor del Papa-, durante ocho años fue sustituto de la secretaría de Estado, es decir, el número tres de Francisco. Siempre se proclamó inocente y, junto a monseñor Mauro Carlino, su exsecretario privado, por segunda vez consecutiva fue el único de los imputados presente en la sala.

El gran nudo de la cuestión, según pudo deducirse, es un video de varias horas que los promotores de justicia le hicieron, en cinco oportunidades distintas, a monseñor Alberto Perlasca, que durante años fue jefe de la oficina de la administración de la Secretaría de Estado y personaje que de pasar a ser imputado, al “cantar” todo lo que sabía, pasó a ser una suerte de gran “arrepentido”. Becciu es acusado de haber intentado sobornar a Perlasca, para que se retractara. Si bien Pignatone ordenó que este video, que en las actas sólo aparece en una versión escrita incompleta, fuera entregado a la defensa antes del 9 de agosto, esto jamás ocurrió.

Durante la audiencia, el fiscal adjunto Diddi –el único presente ya que su jefe, Gian Piero Milano, está enfermo-, explicó que no había entregado este material, considerado “la prueba madre”, por una cuestión de privacidad. Probablemente, el temor es que este video, al estar en manos de diez abogados defensores, pueda ser filtrado a los medios. Y en otro hecho que dejó a todo el mundo boquiabierto, admitió que podía haberse “equivocado” a la hora de decidir qué pruebas presentar, ya que la mole de documentación era enorme: nada menos que 300 dvd. En este marco, justificó de la falta de entrega de documentación con que el código penal del Vaticano, que es de 1913, no contempla soportes informáticos.

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