Golf: el camino que no vemos de los argentinos en el PGA Tour

LA NACION
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A veces siento que somos muy críticos con nuestros deportistas y, en general, los valoramos más una vez que se han retirado. Seguramente, si supiéramos todos los sacrificios que debieron realizar para llegar a ese nivel de alta competencia, seríamos un poco más indulgentes al momento de juzgarlos.

Desde mi experiencia como manager de Jugadores de golf, me gustaría compartir algunas de las dificultades que muchos de los golfistas argentinos deben superar en el camino hasta alcanzar el PGA Tour. Estas dificultades se basan principalmente en las diferencias culturales, idiomáticas, logísticas y económicas.

Los cuatros golfistas argentinos que han obtenido los logros deportivos más importantes en el plano internacional durante los últimos 20 años son Ángel Cabrera, José Cóceres, Fabián Gómez y Andrés Romero. Ninguno de ellos pudo completar sus estudios secundarios, alguno de ellos ni siquiera el primario. Esa desventaja académica e idiomática los puso a prueba al momento de poder comunicarse en un avión, en un restaurante o en el campo de golf, a la hora de tener que hablar con un oficial de reglas del tour. El "hambre de gloria" que cada uno de ellos llevaba dentro fue más fuerte que cualquier carencia académica.

La ubicación geográfica de Argentina con respecto a Estados Unidos hace que el tema logístico sea determinante a la hora de armar una gira. Las giras de golf, en general, son largas, y se extendieron aún más en 2020 con la llegada del covid 19. Sin ir más lejos, Nelson Ledesma estuvo casi 6 meses sin regresar a su casa en Tucumán porque precisaba un mínimo de tres semanas libres para poder cumplir con todos los protocolos pertinentes de covid.

Para dimensionarlo mejor, un calendario anual de competencia implica aproximádamente 35 torneos. Es decir, el jugador deberá estar 35 semanas sobre las 52 del año fuera de la casa. Para un jugador, cada corte que no supera en medio de una gira significa muchas veces convivir de manera solitaria con la frustración sin poder rodearse del afecto familiar hasta el próximo torneo. Los jugadores norteamericanos, ante la misma situación, pueden regresar a sus casas el viernes a la noche, compartir con su familia un par de días y regresar al tour el lunes siguiente.

El jugador argentino de golf debe aceptar, adaptarse y superar estas barreras una vez que comienza a competir en Estados Unidos, sea el caso de un mini tour o bien sus primeros pasos en el Korn Ferry Tour (escalón previo al PGA Tour). Aún así, nada de eso es comparable con el magnetismo y la fascinación que vive en su llegada al PGA Tour; compartir el range de práctica o locker room con los jugadores que siempre admiró, jugar los campos que hasta ese momento solo miró por TV, la cantidad de público y el trato preferencial hacia un jugador del PGA Tour en cada torneo.

La primera temporada en el Tour más codiciado suele ser una carrera contra reloj. Cuanto antes el jugador comience a sentirse parte del tour y no un invitado, más probabilidades tiene de poder competir de igual a igual. En un ejemplo práctico, si el golfista tarda 5 torneos en adaptarse al nuevo tour tendrá 20 torneos más para salvar su tarjeta. Pero si el jugador demora 15 torneos sus posibilidades reales de permanecer en el tour al año siguiente se verán claramente reducidas.

Los jugadores norteamericanos corren con la ventaja de conocer muchos de los campos de golf con anterioridad porque en la etapa universitaria compiten en varias canchas del tour. Por el mismo motivo, ingresan al tour ya conociendo a ciertos jugadores de su etapa anterior. Tales los casos de Harris English, Billy Horschel, Rickie Fowler, Kevin Kisner, Jordan Spieth o Justin Thomas, que son contemporáneos y han coincidido en su carrera previa como aficionados. Esto hace que su tiempo de adaptación al tour sea mucho menor.

Es clave, en la primera temporada del PGA Tour, que los integrantes del equipo que trabaja con el golfista argentino cuenten con experiencia previa en el tour para compensar y minimizar el tiempo de adaptación. Que su caddie conozca los campos, que su manager sepa moverse dentro del tour con el staff del PGA Tour y las empresas de equipamiento, que su psicólogo deportivo sepa las presiones que representa esa primera temporada; todo esto incrementará las probabilidades de mantenerse con éxito en el tour.

De ahí que muchas veces suelo mencionar que llegar al PGA Tour "solo" es muy difícil, pero mantenerse es casi imposible. El acompañamiento y apoyo de un equipo de trabajo es esencial para poder transitar el camino al PGA Tour. Ese apoyo es aun mas relevante durante la primera temporada en el tour.

Quizás ahora, pudiendo dimensionar mejor las ventajas que nuestros jugadores dan, los obstáculos que deben sortear y todo el sacrificio personal y familiar que implica poder competir en el tour más importante del mundo, nos haga valorar más los triunfos que han logrado. ¿Por qué no también ser más benévolos ante ese putter corto errado o un corte no superado?

Poder compartir el camino que no vemos quizás nos anime a sentirnos más orgullosos de nuestros golfistas y de los que vendrán, para que la bandera argentina siga apareciendo bien alto en los leaderboards del PGA Tour.

Por Adrián González (*)

(*) El autor es manager actual de Fabián Gómez, Nelson Ledesma, Julian Etulain y Rick Smith (coach)