Los gobiernos de Roma y Madrid chocan por la crisis del Open Arms

Silvia Pisani

MADRID.- Entre desconcierto, críticas y reproches que suben de tono, la crisis del Open Arms derivó en un conflicto internacional de "todos contra todos" sin que aún haya destino ni puerto para el barco socorrista que desde hace 19 días navega sin rumbo con 107 migrantes a bordo y, según su capitán, en medio de una situación "potencialmente explosiva".

En este dramático contexto, la ONG Open Arms, que regentea el barco del mismo nombre, acusó al gobierno español de "obstaculizar" el desembarco y de "tergiversar" la realidad a bordo. Dos dardos que incomodaron al Palacio de la Moncloa, la sede del Ejecutivo español.

"Están buscando un objetivo político", sostuvo a su vez el ministro del Interior italiano, Mateo Salvini, al desconfiar abiertamente de los socorristas y negarles nuevamente la posibilidad de desembarcar en su costa.

Era tal la confusión que en pocas horas hubo cruces entre los gobiernos de Italia y de España; entre el gobierno de España y el capitán del barco; entre el gobierno de España y la oposición, y, de paso, entre el capitán del barco y varias fuentes -entre ellas, la administración italiana- que ponen en duda la delicada situación a bordo que el marino describe.

No quedaba nadie con quien pelearse aunque, por arriba de todo, lo que se vuelve a poner de relieve es la incapacidad de la Unión Europea (UE) para reaccionar con autoridad en la emergencia.

A los 56 años, Oscar Camps, el catalán que capitanea el navío, logró desquiciar a las administraciones italiana y española.

Eso incluyó un público fuego cruzado con la vicepresidenta española, Carmen Calvo, a la que acusó abiertamente de "tergiversar" las intenciones del navío.

Poco antes, Calvo había reprochado "lo difícil que resulta entender a esta gente", al asegurar que el Open Arms "podría haber desembarcado tranquilamente en Malta, en lugar de navegar hacia Italia", donde el también viceprimer ministro Salvini le viene negando puerto.

No fue ese el único dardo de Calvo. En la misma ocasión reprochó a su par italiano por "incumplimiento" de la legislación en materia de rescate humanitario en el mar.

Sin embargo, sus expresiones no parecieron hacer mella en Salvini, a quien le gusta mostrarse como "hombre fuerte".

A todo esto, el barco permanecía al lado de la isla italiana de Lampedusa, en la que había exigido puerto. O, de lo contrario, algún otro de la costa italiana, preferentemente en Sicilia.

Durante parte del día, su posición de máxima fue que los inmigrantes desembarcaran en Catania y de allí se los trasladara "en avión" a España, que se mostró dispuesta a aceptarlos.

La cuestión no pareció cuajar con las autoridades italianas.

"¿Por qué el Open Arms no va a España? En 18 días, podría haber ido y vuelto tres veces a Ibiza y Formentera (islas del archipiélago de las Baleares). Están librando una batalla política", sostuvo Salvini en su cuenta de Twitter.

Seguridad

Al final, el Open Arms parecía abierto a poner rumbo hacia "algún puerto de las islas Baleares", pero con la condición de que "Italia y España pongan los medios necesarios para garantizar la seguridad del trayecto, según comunicó la ONG.

Para el gobierno de Pedro Sánchez (socialista) la cuestión derivó en un impensado desafío interno. Sobre todo a la luz de la celeridad con que hace poco, en junio del año pasado, acogió a 600 inmigrantes a bordo del buque socorrista Aquarius.

Esta vez se vio forzado a cambiar de argumento cuatro veces en pocos días. Primero, con su negativa a recibir el barco. Luego, con la oferta de Algeciras; de allí pasó a Mallorca, y, finalmente, a Mahou "o cualquier otro puerto" por el que se opte.

"No me parece bien que el presidente gobierne a golpe de tuit. Nadie nos avisó de la posibilidad de acoger al barco", protestó el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce.

"Nosotros acá tenemos un Open Arms todos los días, pero el presidente solo se ocupa del que sale en los diarios", dijo, en referencia a la presión migratoria que tiene el sur español y, en particular, el puerto de Algeciras.

Con igual énfasis reaccionó el gobierno regional de Andalucía. "Es un desprecio que el presidente del gobierno disponga del puerto sin siquiera avisarnos", dijo su titular, Juan Manuel Moreno, del derechista Partido Popular (PP).

En medio de idas y venidas, la administración socialista pareció sembrar alguna duda sobre la conducta y actitudes de los socorristas del Open Arms. "Cuesta entender por qué no aceptaron de entrada el ofrecimiento español", insistió la vicepresidenta Calvo.

Lejos de todas esas intrigas, los 107 náufragos rescatados del Mediterráneo esperaban un lugar donde poner pie en tierra.