Gloria Leal: La Navidad no es un venado o paisajes con nieve | Opinión

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Tyler Delgado/Unsplash

¿Qué tiene que ver un venado, un oso, un zorro, una ardilla o un lobo con la Navidad? ¿Por qué se empeñan los creadores de postales navideñas en dibujar animales en las tarjetas? ¿Porque son de invierno y la Navidad es en invierno?

Navidad es una tradición o una celebración que coincide en algunas partes del hemisferio norte con el invierno, y en otras no. Pero lo que celebramos no es una fiesta de animales invernales. Con paisaje de nieve. Sobre todo en la Florida donde no nieva. Esas tarjetas deberían decir Happy snow (feliz nieve) o happy bears (feliz oso) o happy squirrel (feliz ardilla). ¿No es así? Pero por qué celebrar el invierno y sus animales y no celebramos la primavera (happy spring!), o el verano (happy summer) y el otoño (happy autumn)? Así todos seríamos felices el año entero. ¿Por qué enviar tarjetas solo en invierno?

El colmo es la tarjeta que envía el presidente Jimmy Carter y su esposa Rosalynn, fervientes cristianos. Una reproducción de un óleo pintado por el expresidente de cuatro pajaritos (dos rojos y dos amarillos) posados en varias ramas de un árbol, con una leyenda que desea que “su hogar se llene de felicidad en esta época festiva” (holiday season). What?! ¿A qué le teme Jimmy Carter a estas alturas del juego? ¿A que los no cristianos (lease judíos y mahometanos) no contribuyan con Habitat for Humanity? ¡Por favor! ¡Hasta dónde hemos llegado!

Otras tarjetas, así como también anuncios de las tiendas y toda la publicidad durante el mes de diciembre mencionan o desean un ‘Happy holiday season’ (feliz temporada festiva). Pero, ¿por qué es una temporada festiva? Ah! eso no lo dicen. Se supone que todos en este país sabemos que diciembre es un mes festivo, así porque sí, sin más mención. Empeños del mercado, de la temporada mercantil, a soltar el dinero, a hacer regalos, solo porque la temporada así lo requiere, porque estamos en diciembre.

En una sociedad mercantilista como la de Estados Unidos los comerciantes tienen todo su derecho a la publicidad libre para atraer a los consumidores a comprar su producto. Pero en el caso de los días festivos navideños, molesta que una festividad que marca un aniversario más del nacimiento de Jesús, como cree un por ciento altísimo de la población mundial, sea tan disfrazada, tan obliterada, tan menospreciada por los comerciantes, por respeto o miedo a un escasísimo por ciento de la población que no cree que en diciembre nació un niño en medio del frío que sería el hijo de Dios que vino a la tierra hace 2,000 años para enseñarnos el misterio del amor.

Estadísticas al canto: 2,382,000,000 cristianos en el mundo contra 14,7000,000 judíos en el mundo a quienes podríamos ofender si decimos abiertamente que en esta época festiva, la Navidad, estamos celebrando el nacimiento del hijo de Dios, el niño Jesús en Belén, hace un poco más de 2,000 años.

Por otro lado, es incongruente, pues, que los pueblos cristianos festejen sin prestar atención al verdadero sentido del 25 de diciembre. Es tanta la presión del comercio que la mayoría se distrae comprando regalos sin detenerse a pensar el real origen de la festividad. Aunque al final, todo en esta época se hace por amor, por agradar a los seres queridos con un regalo.

Lo triste es que solo porque llegó diciembre la obligación de regalar abarque más espacio que recordar el origen de la celebración. Que en definitiva es agradar al que amamos, y que todo amor viene de aquel niño que se hizo hombre para consolarnos, ayudarnos y amarnos. Se alumbran las calles, los comercios y las viviendas con miles de luces, se decoran árboles y jardines, se cantan canciones alegres, se organizan fiestas, se gasta lo que se tiene y lo que no, se come y se bebe, sin detenerse a pensar qué celebramos. ¡Ojo!

Para aquellos cristianos olvidadizos del verdadero significado de estos días celebratorios les deseo una feliz Navidad, con todos los hierros, es decir con regalos, cena de lechón y frijoles negros, turrones, arepas, gandules, regalos, y ¡un Niño Jesús radiante y abrigado que los bendiga!

Gloria Leal es periodista y escritora.

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