El alegato de fraude de Trump que se derritió sin pruebas, en el ridículo, como el tinte de Rudy Giuliani

Jesús Del Toro
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El intento de Donald Trump de revertir en tribunales su derrota electoral ante Joe Biden en las elecciones del pasado 3 de noviembre ha alcanzado un nivel tragicómico. Y sería meramente risible si no tuviese graves implicaciones para la democracia y la conducción de EEUU en medio de una letal pandemia.

Rudy Giuliani en una extraña conferencia de prensa que se volvió tendencia en las redes sociales no por sus acusaciones, sino por los chorretones de lo que parecía tinte para el pelo deslizándose por sus mejillas. (Photo by Drew Angerer/Getty Images)
Rudy Giuliani en una extraña conferencia de prensa que se volvió tendencia en las redes sociales no por sus acusaciones, sino por los chorretones de lo que parecía tinte para el pelo deslizándose por sus mejillas. (Photo by Drew Angerer/Getty Images)

Trump, su campaña y sus abogados, dirigidos por Rudy Giuliani, exalcalde de Nueva York, se han lanzado a interponer demandas en varios estados, alegando que se cometió un fraude masivo que condujo a la derrota del intento de reelección del presidente.

Pero no han mostrado pruebas que lo sustenten y multitud de sus demandas han sido desestimadas o retiradas por los propios demandantes por falta de mérito o imposibilidad de probar sus alegaciones.

Eso no ha impedido que Giuliani continúe su afán de deslegitimizar la elección, que Joe Biden venció de modo legítimo y por amplio margen, y aunque ha hecho acusaciones estridentes sobre fraude y conspiraciones, en realidad no ha tenido éxito alguno en sus esfuerzos por revertir la derrota de Trump.

Su reciente conferencia de prensa, este jueves 19 de noviembre, mostró cómo, literalmente, su causa se derrite. En las oficinas del Comité Nacional Republicano en Washington, Giuliani y otros abogados de su equipo trataron nuevamente de plantear que se dieron irregularidades electorales masivas, perpetradas por demócratas en varias grandes ciudades, para robarle la elección a Trump.

Pero no pudieron mostrar evidencia de ello y, en cambio, Giuliani comenzó a sudar negro, tal cual: el tinte de su pelo comenzó a escurrirle por la cara en una imagen que simboliza la clara ficción y el fracaso de sus intentos de deslegitimizar los pasados comicios.

Lo estrafalario de su esfuerzo había tenido ya un momento de teatral ridículo cuando, el 7 de noviembre, dio en Filadelfia una conferencia de prensa en las instalaciones de una compañía de paisajismo ubicada entre una tienda de artículos eróticos y un crematorio.

Y, en Washington, Giuliani incluso recurrió a una historia que dejó perplejos a muchos, por lo atolondrada e impropia que resultó en el contexto de un país azotado por una ruda pandemia y con un presidente ahogado en su narcicismo que se niega a propiciar la necesaria transición del poder.

“Vieron todos ustedes ‘My Cousin Vinny’ (‘Mi primo Vinny’). Ustedes saben, la película”, dijo Giuliani ante los periodistas y otras personas presentes. Se refería al filme de ese nombre en el que un inexperto abogado defiende a dos jóvenes de un crimen que no cometieron. “Es una de mis películas favoritas porque él [Vinny] es de Brooklyn”, dijo Giuliani, que también es de ese barrio de Nueva York.

En esa película, Vinny desacredita a una testigo al mostrar que tiene problemas de la vista y por tanto no pudo haber identificado a sus clientes. Giuliani, incluso imitando el acento de Vinny (interpretado en la película por Joe Pesci), dijo, según The Guardian, a los asistentes de la conferencia: entonces él [Vinny] le dijo a ella [la testigo], ¿cuántos dedos tengo arriba?... Y ella dijo tres, pero ella estaba muy lejos para ver que eran solo dos.

Con ello Giuliani pretendió mostrar que, como en ese filme, en el pasado conteo de votos de las elecciones presidenciales los observadores estaban incluso “más lejos que lo que mi primo Vinny estaba de la testigo. Ellos no podían ver nada”. Y con ello quiso probar que se habían registrado problemas mayúsculos en el conteo de votos en Filadelfia.

Todo ello tuvo nulo efecto y la negra gota de sudor y tinte de pelo que escurrió por su cara fue un símbolo de su debacle y de la de su causa.

Como aderezo, otra de las abogadas de Trump, Sidney Powell, clamó luego que se dio una “influencia masiva de dinero comunista desde Venezuela, Cuba y posiblemente China para interferir nuestras elecciones en Estados Unidos”. Pero las pruebas brillan por su ausencia y todo no es más que un nuevo recitado de teorías conspirativas.

En tanto, la presidencia de Trump también se derrite. Y culminará el próximo 20 de enero como marca la ley y determinó la voluntad popular con su voto.

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