Otro giro del Ucraniagate cierra una semana de traspiés para Trump

Rafael Mathus Ruiz

WASHINGTON.- La semana le había propinado ya varios dolores de cabeza al presidente Donald Trump cuando el hombre que maneja la Casa Blanca, su jefe de Gabinete interino, Mick Mulvaney, se paró detrás del atril de la sala de prensa y consiguió algo difícil: dejar atónito a un país casi anestesiado por una presidencia que coquetea a diario con el surrealismo.

Mulvaney se convirtió ayer en el primer funcionario del gobierno de Trump en reconocer abiertamente que la Casa Blanca retuvo unos 400 millones de dólares en asistencia militar a Ucrania al menos en parte para presionar al gobierno de Volodimir Zelenski para que cediera a las demandas de Trump, quien exigía que se investigara los orígenes de la investigación del Rusiagate, así como a uno de sus principales rivales demócratas, Joe Biden, y a su hijo, Hunter Biden.

"Lo hacemos todo el tiempo con la política exterior", reconoció Mulvaney, en una desopilante conferencia de prensa en la cual fue en contra del relato que intentó instalar el trumpismo desde que los demócratas abrieron la puerta a un impeachment por las presiones de Trump a Ucrania para que investigara a sus rivales a cambio de ayuda militar. "Tengo noticias para todos: supérenlo. Habrá influencia política en la política exterior", desafió el funcionario.

Mulvaney dio otra noticia que desató otro vendaval: Trump, anunció, recibirá el año próximo a los líderes del G-7 en su resort de lujo en Miami, Trump Doral.

Las explosivas declaraciones de uno de los máximos miembros del equipo de Trump cobraron envergadura en Washington porque contradicen un mensaje que Trump, sus aliados y varios republicanos de alto perfil en el Congreso han intentado instalar desde que se inició el Ucraniagate: que el presidente nunca intentó utilizar la política exterior como "moneda de cambio" para obtener concesiones de Kiev para beneficio personal.

"El dinero retenido no tiene absolutamente nada que ver con los Biden", intentó matizar luego Mulvaney en la conferencia.

El doblete de Mulvaney se sumó a la difusión de una carta de Trump al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, el 9 de octubre en la que le pide un acuerdo sobre Siria y los kurdos. "¡No te hagas el duro, no seas un tonto!", dice. Erdogan hizo caso omiso y desató su ofensiva.

Anteanoche, Trump intentó denigrar a la líder demócrata Nancy Pelosi, al difundir en Twitter una foto en la que se ve a Pelosi, de pie, con el dedo en alto, frente a Trump en la sala del gabinete de la Casa Blanca. Trump la tildó de "desquiciada". Pero Pelosi cosechó elogios por pararse ante el mandatario y colgó la foto en su perfil en Twitter.

La conferencia de Mulvaney ocurrió casi en simultáneo al testimonio a puertas cerradas en el Congreso de Gordon Sondland, el embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea, quien se despegó de Trump: dijo no recordar discusiones con la Casa Blanca respecto de retener ayuda militar a cambio de asistencia en la reelección de Trump, criticó una movida de ese tipo y el involucramiento del abogado del presidente, Rudy Giuliani.

"Invitar a un gobierno extranjero a emprender investigaciones con el propósito de influir en las próximas elecciones estadounidenses sería un error. Retener la ayuda exterior para presionar a un gobierno extranjero para que tome tales medidas sería un error", dijo Sondland, según su testimonio escrito.

"También nos decepcionó la dirección del presidente de involucrar al Sr. Giuliani", afirmó en otro tramo de su testimonio, apuntó.