Con giras y un culto a su figura, Maduro acelera su estrategia para ser candidato en 2024

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, junto con gobernadores opositores electos
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, junto con gobernadores opositores electos

CIUDAD DE PANAMÁ.– “Súper Bigote” apareció esta semana de repente y desde entonces, en cada interrupción entre programas de los canales chavistas, el Superman bolivariano vuela para proteger al pueblo de los “ataques múltiples, bombazos, ciberhackeos y del TrumpElectromagnético”.

No es casualidad: se trata de las mismas excusas imposibles que el régimen arguyó en 2019 durante los apagones nacionales provocados por su pésima gestión y por la corrupción que se robó las partidas económicas del sistema eléctrico.

La comiquita, como llaman en Venezuela a los dibujos animados, se titula “Superbigote y su puño de hierro”. Y sí, se trata de Nicolás Maduro, con la SB sobre el pecho, una mala copia del Superman capitalista capaz de enfrentar los misiles que dispara una Casa Blanca de chiste. “Todos a sus puestos, de los malos ¡yo me encargo!”, grita ‘El Indestructible’, como también lo llaman.

Los distintos capítulos para la gloria terrenal del mandatario no han llegado solos. En sus mensajes políticos de estos días, Maduro profundizó el relanzamiento de su gestión, con una gira por todo el país, y con objetivo de fondo: su candidatura presidencial para 2024. “Ser nominado o no está en manos del pueblo”, aseguró, lo que traducido al lenguaje político significa que pretende lanzarse por tercera vez.

Eso sí, con todo a su favor, como también dejó claro: “Aquí estoy yo desde hace nueve años, resistiendo porque me quieren destruir. ¡Pues aquí estaré siempre!”. En 2013 conquistó la presidencia tras unas elecciones muy polémicas que Henrique Capriles intentó impugnar sin éxito. En 2018 se aprovechó del fraude preelectoral para imponerse en unos comicios sin rivales de la oposición real, lo que le costó el no reconocimiento de Europa y la mayoría de la región.

Venezuela vive así una sorprendente campaña de culto a la personalidad, que esta vez no tiene a Hugo Chávez como el elegido. El propio Maduro aprovechó otra de sus interminables conexiones televisivas para enseñar en su tableta cómo su equipo de producción ultima el villancico “Navidad con Nicolás”, cuando hasta hace muy poco se hablaba de la “Chavidad”.

El autor es el cantante de reggaeton Omar Acedo, un clásico de la música chavista, casado con la hija de Diosdado Cabello, el número dos de la revolución.

Junto a los dibujos animados y el villancico también llamó la atención el festejo de cumpleaños del líder, más sofisticado que nunca. Un party mariachi con el cantante mexicano Pablo Montero, en el que se usaron técnicas cinematográficas para que el televidente sintiera que estaba dentro de la fiesta. El mandatario se rió de los que criticaron un evento tan caro (se habla de 65.000 dólares sólo para ese cantante): “Me tienen envidia”.

Proceso

Muy poco queda del culto semirreligioso a Chávez durante su enfermedad y muerte, con la construcción de un mito elevado a la altura de un semidiós. Al frente del proceso estuvo el propio Maduro, con sus invocaciones al pajarito que le piaba los mensajes del más allá o las manchas “sobrenaturales” en el subte de Caracas, en las que el jefe revolucionario podía leer el rostro de su predecesor.

Una capilla al “Hugo Chávez del 23″ se levantó cerca del Cuartel de la Montaña, donde se depositaron sus restos para el culto nacional y para la necrofilia ideológica. Hasta crearon una oración, “Chávez nuestro que estás en los cielos”.

La cuestión es que el Líder Eterno, Comandante Supremo, Gigante de América y Mesías de los Pobres, como caracterizaban a Chávez, fue sustituido por el Hijo de Chávez, Presidente Pueblo, Conductor de Victorias y Hacedor de la Paz.

¿A qué se deben tantas sorpresas con Maduro como protagonista? “Maduro incrementó el personalismo. La revolución fue desechando aquello del liderazgo colectivo. Ahora es Maduro, quien se está quedando con todo el poder y que además no creo que tenga resistencias. Será interesante ver si otros a su alrededor sacan la figura de Chávez, pero de momento todo el mundo lo está escondiendo”, señaló a LA NACION el dirigente opositor en el exilio Ramón Muchacho.

“Se vale mucho del capital simbólico del chavismo y de esta teatralización para tratar de imponer su forma de poder. El madurismo se apropió de un elemento residual que quedó de la cultura revolucionaria en América, sobre todo en sus dimensiones populares, en su parte más simplificadora. Siento que a veces le sirve como un dispositivo retórico para provocar y generar miedo, para descomponer el debate en el espacio público, generar medias verdades y deslegitimar a otros actores valiéndose de estas dimensiones simplistas”, resumió el historiador Juan Cristóbal Toro.

Uno de los caricaturizados como una gallina en los dibujos de Superbigote es el dirigente opositor Julio Borges, que durante años escuchó insultos y amenazas disparadas por el mandatario. Ahora ha sido el primero en responder al superhéroe revolucionario con baño de realidad y unas fotografías de gente que come en la basura: “Acá la verdad, el Superdestructor de Venezuela. Maduro es miseria y corrupción”.

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