El germen de la resistencia a los talibanes enfrenta un pronóstico adverso

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Combatientes talibanes en Kabul la semana pasada. (Jim Huylebroek para The New York Times)
Combatientes talibanes en Kabul la semana pasada. (Jim Huylebroek para The New York Times)

Los combatientes por ahora solo tienen dos ventajas: un valle estrecho donde históricamente se han repelido a los invasores y el legado de un afamado comandante muyahidín.

Los primeros signos de resistencia armada a los talibanes provienen de un estrecho valle con una historia de repeler invasores.

Apenas unos días después de que los talibanes asolaran la capital y derrocaran al gobierno en una ofensiva relámpago, un grupo de antiguos combatientes muyahidines y comandos afganos dijeron que se habían reagrupado e iniciado una guerra de resistencia en la última zona de Afganistán fuera del control de los talibanes.

El hombre que los lidera es Ahmad Massoud, de 32 años e hijo del célebre comandante muyahidín Ahmad Shah Massoud, que sigue los pasos de su padre 20 años después de su muerte para retomar su obstinada lucha contra los talibanes.

Pero su lucha enfrenta grandes dificultades. Por muy estratégico que sea su reducto, los combatientes de la resistencia están aislados y rodeados por los talibanes, cuentan con suministros que pronto empezarán a menguar y no cuentan con ningún apoyo exterior visible.

Por el momento, la resistencia solo cuenta con dos activos: el valle de Panjshir, 112 kilómetros al norte de Kabul, que tiene un historial de repeler invasores, y el legendario nombre de Massoud.

Los portavoces de Ahmad Massoud insisten en que ya ha atraído al valle a miles de soldados, incluidos los restos de las fuerzas especiales del ejército afgano y algunos de los experimentados comandantes de la guerrilla de su padre, así como activistas y otras personas que rechazan el Emirato Islámico de los talibanes.

Un retrato del fallecido Ahmad Shah Massoud, junto a una carretera en Panjshir, Afganistán. (Jim Huylebroek para The New York Times)
Un retrato del fallecido Ahmad Shah Massoud, junto a una carretera en Panjshir, Afganistán. (Jim Huylebroek para The New York Times)

Los portavoces, algunos de los cuales estaban con él en el valle de Panjshir y otros que estaban fuera del país recabando apoyos, dijeron que Massoud tiene reservas de armas y equipamiento militar, incluidos helicópteros estadounidenses, pero necesita más.

“Estamos esperando alguna oportunidad, algún apoyo”, dijo por teléfono Hamid Saifi, ex coronel del Ejército Nacional Afgano y ahora comandante de la resistencia de Massoud, que el domingo estaba en el valle de Panjshir. “Quizás algunos países estén dispuestos a realizar esta gran labor. Hasta ahora, todos los países con los que hemos hablado están callados. Estados Unidos, Europa, China, Rusia, todos están callados”.

En un artículo de opinión publicado en The Washington Post la semana pasada, Massoud exhortó a Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia para que apoyen su levantamiento con el envío de armas, poniendo al presidente Joe Biden en una posición muy difícil.

Apoyar a los enemigos de los talibanes podría enfurecerlos, empeorar lo que ya es una caótica salida estadounidense de Afganistán e incitar a los talibanes a romper la principal promesa que hicieron si las fuerzas estadounidenses se retiraban: romper los lazos con los terroristas.

Pero negarse a ayudar a Massoud conlleva sus propios riesgos, incluyendo la crítica mundial de que Biden dio la espalda a los combatientes de la resistencia afgana que luchan por recuperar su país de un grupo extremista con un largo historial de represión y brutalidad.

Massoud padre construyó su formidable reputación resistiendo las repetidas ofensivas soviéticas en la década de 1980, utilizando su ingenio y las altas cordilleras del Hindu Kush para sobrevivir. Infligió emboscadas devastadoras a los convoyes de suministros rusos, lo que le valió el respeto a regañadientes de varios generales soviéticos que estaban entre sus oponentes.

Encabezó el asalto muyahidín a Kabul que derrocó al gobierno comunista en 1992, y fue nombrado ministro de Defensa. Sin embargo, nunca contó con el apoyo total de Washington o del vecino Pakistán, se ensangrentó las manos en el devastador conflicto civil de Kabul y se retiró a su fortaleza en el valle de Panjshir cuando los talibanes ascendieron al poder y tomaron la capital en 1996.

Resistió al régimen talibán durante cinco años, reuniendo a una oposición unida contra un movimiento que consideraba totalitario y ajeno a las tradiciones afganas por su fundamentalismo dogmático, incluso cuando perdía constantemente territorio.

Advirtió a Occidente de la amenaza del terrorismo de Al Qaeda. Bajo su liderazgo, el valle de Panjshir se convirtió en una especie de puesto avanzado de escucha para la inteligencia occidental, un enclave libre de la etnia minoritaria tayika en un país dominado por el régimen pastún de los talibanes, y una constante piedra en el zapato.

Su hijo claramente espera desempeñar el mismo papel que su padre, asesinado por Al Qaeda dos días antes del 11 de septiembre de 2001 como una especie de regalo al régimen talibán que lo acogió.

Pero hay diferencias críticas entre entonces y ahora. El padre tenía líneas de suministro que cruzaban la frontera con Tayikistán, lo que permitía a la resistencia abastecerse para largos periodos.

Desde entonces, los talibanes han aprendido bien la lección de los conflictos militares del pasado, y se aseguraron de cortar las fronteras de Afganistán y aislar el valle de Panjshir antes de avanzar sobre Kabul.

Massoud hijo también tiene poca experiencia militar, aunque fue educado en el Royal Military College de Sandhurst en Gran Bretaña y en el King’s College de Londres, y obtuvo un título en estudios de guerra antes de regresar a Afganistán en 2016. Este fin de semana, lanzó una nota desafiante.

“Nos enfrentamos a la Unión Soviética, y seremos capaces de enfrentarnos a los talibanes”, dijo Massoud el domingo al canal de televisión Al Arabiya, con sede en Dubai. Su padre resistió nueve ofensivas soviéticas, y él insiste en que está a la altura del legado.

Partió a toda prisa hacia el valle de Panjshir el 15 de agosto en un helicóptero militar después de que los talibanes rompieran las defensas del gobierno en el lado occidental de Kabul y el presidente Ashraf Ghani huyera del país.

El vicepresidente Amrullah Saleh se fue al valle al mismo tiempo, con la promesa de luchar antes que estar bajo el mismo techo que los talibanes. Fue atacado dos veces en el camino, pero logró llegar, dijo en una entrevista la semana pasada Mohammad Zahir Aghbar, quien ha estado fungiendo como embajador de Afganistán en Tayikistán.

Es posible que Massoud y sus seguidores hayan adoptado una postura dura para ganar ventaja en la negociación por encima de cualquier nuevo gobierno.

“Preferimos la paz”, dijo Fahim Dashty, jefe de gabinete de Massoud, en un mensaje telefónico. “Estamos dispuestos a entrar en negociaciones para alcanzar la paz, pero no solo la paz. Queremos un gobierno inclusivo en Afganistán, capaz de representar a todos los diferentes grupos étnicos de Afganistán, que garantice los derechos del pueblo de Afganistán, los derechos humanos, los derechos de las mujeres, y que garantice la justicia social en Afganistán”.

Pero el conflicto ya estaba en marcha. Los partidarios de Massoud dijeron que sus fuerzas habían atacado un convoy talibán en Andarab, en el lado norte del túnel de Salang, causaron numerosas bajas, derribaron un puente y bloquearon una carretera fundamental que une la capital con el norte.

Los talibanes anunciaron que estaban enviando fuerzas para someter la provincia en un comunicado en Twitter: “Cientos de muyahidines del Emirato Islámico se dirigen a Panjshir para ponerla bajo control, después de que las autoridades locales se negaran a entregarla pacíficamente”.

Las fuerzas de la resistencia estaban en alerta máxima el lunes mientras se preparaban para las represalias de los talibanes, dijo Dashty.

Un corresponsal de la Agence France-Presse informó el martes que había visto “nidos de ametralladoras, morteros y puestos de vigilancia fortificados con sacos de arena” instalados por el Frente Nacional de Resistencia para defender sus posiciones en el valle de Panjshir.

Ex altos funcionarios del recién depuesto gobierno afgano albergaban dudas sobre las posibilidades del movimiento. “No creo que la resistencia dure mucho tiempo sin ayuda internacional”, dijo un antiguo alto cargo. “Creo que los talibanes la aplastarán en los próximos meses”, dijo, comentando de forma anónima debido a lo delicado del asunto.

“Está en una situación más difícil que su padre”, dijo Rahmatullah Nabil, ex jefe de la Dirección Nacional de Seguridad y vehemente opositor a los talibanes, refiriéndose al joven Massoud. El hijo no solo tiene menos experiencia que la que tenía su padre cuando resistió a los talibanes, sino que carece de apoyo exterior, dijo. Massoud padre había recibido un apoyo limitado de los vecinos de la región, como Rusia, India, Irán y Tayikistán.

“Los países que apoyaron a su padre no están interesados”, dijo Nabil. Sin embargo, dijo, Massoud probablemente podría salir adelante.

Los opositores a los talibanes tampoco están todos de acuerdo.

“Estamos cambiando a una guerra de guerrillas”, dijo el coronel Saifi, del antiguo ejército afgano, que ahora está con Massoud. “No necesitamos miles y miles de soldados para luchar en esta guerra. En esta guerra necesitamos 20 hombres que hagan emboscadas. No lucharemos como un ejército gubernamental, lucharemos como los muyahidines lucharon contra los rusos”.

Matin Bek, ex integrante del equipo negociador del gobierno con los talibanes, sugirió que algunos opositores estaban esperando a ver cómo gobernaban los talibanes, pero que la resistencia podría inspirar un reagrupamiento de la oposición. “Si luchan contra los talibanes, podría convertirse en una esperanza para toda la nación”, dijo.

Pero por ahora, “no sabemos el destino de esta resistencia”, añadió. “¿Resistirán o negociarán? No sé quién los apoya”.

El exfuncionario más destacado que se refugió en el valle de Panjshir es Saleh, quien fuera jefe de la Dirección Nacional de Seguridad y antiguo colaborador del viejo Massoud. La semana pasada se autoproclamó presidente legítimo de Afganistán, desestimando la toma de poder por parte de los talibanes.

“Los talibanes no han mostrado ninguna disposición a entablar negociaciones significativas”, escribió Saleh en un mensaje de texto. “Quieren lealtad, rendición o subordinación. Nuestra oferta es muy sencilla. El pueblo debe tener voz y voto en cualquier decisión que determine el carácter del estado”.

Carlotta Gall reportó desde Estambul, y Adam Nossiter desde París. Jim Huylebroek en Kabul, Afganistán, y Andrew E. Kramer en Moscú, colaboraron con reportería.

Carlotta Gall reportó desde Estambul, y Adam Nossiter desde París. Jim Huylebroek en Kabul, Afganistán, y Andrew E. Kramer en Moscú, colaboraron con reportería.

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