El fenómeno que ha desplazado el talento en la TV mexicana: "si no tienes millones de seguidores, no eres nadie"

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Menudo revuelo causó Germán Ortega (una de las dos mitades del dúo cómico 'Los Mascabrothers') con sus declaraciones acerca del horrible defecto de contratar artistas en base a su seguimiento en redes sociales, en lugar de su talento.

Así lo comentó en el programa de Gustavo Adolfo Infante, al decir: "Es muy triste y no es muy padre para todos, quiero tocar ese punto, porque ahora resulta que si no tienes tantos millones de seguidores, no eres nadie".

Y a Ortega no le falta razón, si bien él habla desde el privilegio de ser famoso, tanto al comediante como a su hermano Freddy les tomó muchos años cimentar ese prestigio que tienen y el amplio seguimiento que han conseguido en 30 años de carrera. Pero no todos los actores que trabajan tienen esa suerte y actualmente la tendencia es a darles la oportunidad si y solo si el artista está respaldado por un amplio número de seguidores en plataformas de social media.

Este condicionante que Ortega denostó de manera enérgica se ha vuelto un pre requisito, al menos en México, para que se pueda considerar a alguien para tener trabajo en el medio artístico.

Hace cosa de un año, como recordarán, la reconocida actriz Elvira Monsell, que tiene más de 40 años de carrera, abrió la conversación y puso el tema en la mesa, al hacer pública una queja acerca de que ella, al igual que numerosos otros intérpretes, estaban siendo discriminados por producciones y directores de casting (comúnmente conocidos como 'castineros' en México), por el simple hecho de no tener redes sociales o, de tenerlas, no tener más de una centena de seguidores, cuando los productores esperan que sean miles, para poder garantizarles un trabajo en una obra, proyecto de cine o TV.

"¿Qué pasa si no se me da esto de las redes o si no tengo seguidores? ¿Estoy condenada a no trabajar más?", señaló la Monsell, que agitó tanto las aguas que no solo logró cobertura mediática, también algunas ofertas de trabajo que trascendieron el hecho de que no tenía tantos seguidores en redes como lo exigían al presentarse a audicionar.

Germán Ortega siente que hay gente que sin la preparación necesaria está haciendo cosas "por fama, pero no por talento".

"Aplaudo a los que los tienen [seguidores en redes], porque toda esa gente que trabaja, los blogueros y todos ellos, se lo han ganado y de eso viven, eso es padrísimo. Pero me preguntan: '¿por qué no haces canal de YouTube?'. Y digo: 'Espérame, estoy haciendo televisión'".

En alusión a esto han surgido en redes críticas a figuras como Juanpa Zurita, que gracias a haberse convertido en un influencer en la última década ha logrado numerosas oportunidades en medios, ya sea 'actuando' — como en la serie de Luis Miguel—o como presentador en '¿Quién es la máscara?', sustentado básicamente en su carisma, porque como actor o presentador, Zurita es completamente inepto, pero son tantos sus seguidores que garantizan números de rating para su emisión.

Ortega señaló que le parece injusto que talentosos intérpretes, por no ser populares en redes, sean ninguneados y no consigan trabajo, señalando que una cosa es la fama y otra muy diferente el prestigio. Coincido con él, pero no parece haber un remedio para este vicio que se ha dado en la industria (y que no es privativo de México, hay que decirlo) y que ha catapultado a muchos fenómenos, mientras que algunas figuras muy profesionales han sido cruelmente preterizadas simplemente porque las nuevas generaciones de espectadores no los conocen por no tener presencia en las redes.

¿Qué significa esta actitud para el futuro? En realidad es difícil saberlo, ya que se trata de un arma de dos filos: por cada fenómeno sin talento como Zurita, que amasa seguidores sin tener nada interesante qué aportar, hay una Rachel Zegler, que pasó de las redes a protagonizar 'West Side Story' para Steven Spielberg, al ir mostrando su talento a sus seguidores.

Solo puedo pensar, en calidad de ser alguien que lleva 25 años escribiendo sobre el tema, que sería magnífico que se siguiera tomando en cuenta el talento por encima de la fama, o la sustancia por encima del estilo. Pero en gustos no hay nada escrito, por lo que esta (horrible) tendencia parece haber llegado para quedarse.

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