Gente de todo el mundo busca comprar la casa de Chris Watts, convertida en un santuario enfermizo

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La casa de cinco dormitorios donde Chris Watts estranguló a su esposa en 2018 - antes de matar a sus dos hijas pequeñas - sigue vacía (Sheila Flynn)
La casa de cinco dormitorios donde Chris Watts estranguló a su esposa en 2018 - antes de matar a sus dos hijas pequeñas - sigue vacía (Sheila Flynn)

Compradores interesados de lugares tan lejanos como Alemania están llamando cada semana para preguntar por la casa de Colorado donde el asesino convicto Chris Watts y su esposa, Shanann, construyeron su vida - antes de que él matara a la madre embarazada y a sus dos hijas pequeñas, dice un abogado local a The Independent.

“Me resulta difícil decir de qué se trata”, comenta el abogado especializado en quiebras Clark Dray. “Algo de ello es curiosidad morbosa; algo de ello es simplemente que la gente tiene dificultades para conseguir una casa en este mercado - y harán lo que sea necesario”.

Por ahora, la casa -en una tranquila subdivisión a media hora al norte de Denver- sigue en el limbo legal. Y mientras los posibles compradores claman por instalarse en la calle, los residentes del barrio están hartos de la atención.

Algunos ya han vendido y se han marchado.

“Estamos hartos”, expresa un vecino, que solo se mudó después de los infames asesinatos de 2018.

Chris Watts cumple actualmente cadena perpetua tras declararse culpable de asesinar a su mujer, Shanann, junto con su hijo no nacido y sus hijas Bella, de 4 años, y Celeste, de 3 (Instagram)
Chris Watts cumple actualmente cadena perpetua tras declararse culpable de asesinar a su mujer, Shanann, junto con su hijo no nacido y sus hijas Bella, de 4 años, y Celeste, de 3 (Instagram)

Otro, que vivía allí en ese momento, comenta que algunos vecinos concedieron inocentemente entrevistas sobre el caso, y que posteriormente fueron “acosados”, lo que les obligó a huir. Otros están hartos de que los turistas de la tragedia pasen constantemente por allí y se detengan a hacer fotos; no solo la casa vacía de Watts está cerrada con candado y salpicada de carteles que advierten de que se llamará a la policía, sino que los vecinos cercanos también han colocado advertencias similares en sus puertas o propiedades.

Watts -que cumple cadena perpetua en una prisión de Wisconsin tras declararse culpable del asesinato de su familia- sigue siendo el propietario nominal de la casa, según los registros de la propiedad. Pero los padres de su esposa llegaron a un acuerdo con él en una demanda de US$6 millones por homicidio culposo en 2019, lo que hizo que se aplicara un gravamen a la casa de Frederick, Colorado, lo que significa que los ingresos de cualquier venta se entregarían a ellos. La comunidad de propietarios del barrio también tiene un embargo sobre la propiedad, que fue subastada sin éxito por el banco el año pasado.

“Empezaron a ejecutar la hipoteca, pero luego se dieron cuenta -estoy interpretando lo que están haciendo- de que este gravamen estaba ahí y pensaron: ‘No queremos esto’”, menciona Dray a The Independent, describiendo “el mantenimiento de la HOA [Asociación de Propietarios de Viviendas] y todo lo demás y también mantener a los ocupantes ilegales fuera”.

“Si ejecutaban la hipoteca, se quedaban con esta propiedad tremendamente sumergida”.

No estaba involucrado personalmente en el caso Watts, pero, tras ser citado sobre los procesos de quiebra y ejecución hipotecaria en relación con la casa, se encontró con que recibía constantemente llamadas telefónicas de interesados. Incluso tuvo que escribir un memorando a su personal explicando por qué estaban recibiendo tantas llamadas, señala a The Independent.

Watts y Shanann compraron la casa recién construida en 2013 por algo menos de US$400.000; ahora está valorada en casi el doble. La casa de 4.200 pies cuadrados incluye cinco dormitorios y cuatro baños, a la vuelta de la esquina de la escuela local, el parque infantil y, tristemente, un monumento a la perforación. Frederick está salpicado de pozos petrolíferos y Watts no solo trabajó para Anadarko Petroleum, sino que también enterró a su mujer en una tumba poco profunda en el lugar, y guardó los cuerpos de sus pequeñas hijas en tanques de petróleo.

La puerta de la casa de Watts en Frederick, Colorado, está cerrada con candado y hay carteles que advierten a los curiosos de que se mantengan alejados de la propiedad (Sheila Flynn)
La puerta de la casa de Watts en Frederick, Colorado, está cerrada con candado y hay carteles que advierten a los curiosos de que se mantengan alejados de la propiedad (Sheila Flynn)

Watts, que cumple 37 años el mes que viene, mató a su mujer en agosto de 2018 durante una pelea cuando le dijo que había tenido una aventura y que quería el divorcio. Tras estrangular a Shanann -que estaba embarazada de un hijo al que habían llamado Nico- asfixió a sus hijas Bella, de 4 años, y Celeste, de 3.

En un principio, el trabajador petrolero trató de culpar a Shanann de los asesinatos de las niñas antes de confesar que había matado a toda su familia. Los padres de Shannan, Sandra y Franklin Rzucek, presentaron la demanda contra su yerno el mismo día que este se declaró culpable.

Es poco probable que vean algo cercano a los US$6 millones, si es que consiguen un centavo, aunque ya lo sabían, afirmó su abogado tras la demanda civil.

“Es bastante obvio que Chris Watts no tiene dinero”, subrayó Steven Lambert en 2018. “Él no es OJ Simpson. No vamos a cobrarle millones”.

Lambert no devolvió inmediatamente una llamada de The Independent para que hiciera comentarios. Pero cuando se presentó la demanda, comentó que el objetivo de la familia era evitar que Watts se beneficiara de los brutales asesinatos.

“Por si acaso dentro de 20 años decide escribir un libro, podríamos venir por ese dinero”, aseveró.

Según la demanda, los padres de Shanann no podían comer, dormir o incluso salir de casa tras los asesinatos, especialmente después de que las afirmaciones iniciales de Watts de que su mujer había matado a sus hijas desataran teorías de conspiración y acoso.

“Como dice Sandy Rzucek, siente que se muere todos los días y siempre echa de menos y llora a su preciosa familia”, explican los archivos de la demanda. “Incluso a día de hoy, a la familia Rzucek le cuesta salir de la cama, lloran todo el tiempo, cada día y cada noche”.

Watts, que cumplirá 37 años el mes que viene, también aceptó una demanda de US$6 millones por homicidio involuntario presentada por los padres de su esposa asesinada el mismo día que se declaró culpable (DP)
Watts, que cumplirá 37 años el mes que viene, también aceptó una demanda de US$6 millones por homicidio involuntario presentada por los padres de su esposa asesinada el mismo día que se declaró culpable (DP)

Watts no ha escrito un libro, pero los especiales de televisión y la espeluznante insensibilidad de los asesinatos han mantenido el caso en el primer plano de la conciencia pública, en particular el documental de Netflix American Murder: The Family Next Door, que se estrenó en 2020.

En él, Watts aparece suplicando que su familia vuelva a casa antes de acabar derrumbándose y confesando que los mató. Los detalles que salieron a la luz sobre cómo, exactamente, mató a los tres fueron difíciles de digerir; las niñas vieron a Watts cargar el cuerpo de su esposa muerta, envuelto en una sábana, en el auto antes de amarrarlas.

Luego, Bella -lo suficientemente mayor a los cuatro años como para darse cuenta de que algo iba muy mal- vio cómo Watts asfixiaba a Celeste. Le preguntó si le pasaría lo mismo a ella y, mientras la mataba, se defendió gritando: “Papá, no”.

Todos esos desgarradores detalles fueron relatados por el propio Watts.

Mientras los documentales de crímenes reales relataban el horror, un vecino se convirtió en tendencia cuando se reveló que había mostrado a las autoridades unas imágenes de seguridad condenatorias y que, al parecer, fue la primera persona en señalar que Watts estaba actuando de forma sospechosa.

Según los registros, la casa de ese vecino, Nathan Trinastich, fue vendida el año pasado. The Independent no pudo ponerse en contacto con él.

Watts, por su parte, cumple cadena perpetua en Wisconsin por asesinato y manipulación de cadáveres. Los mirones siguen pasando en coche e incluso intentan entrar en la casa de la familia; cualquier persona que se acerque a la propiedad es advertida por múltiples carteles de que se llamará a la policía. También se les advierte de que no deben dejar nada; un vecino cuenta a The Independent que, desde el asesinato, la casa ha sido invadida por gente que deja de todo, desde flores hasta, inexplicablemente, comida.

“Recibo llamadas una vez a la semana de gente que quiere comprar esa casa: llamadas de gente de Alemania y de gente de aquí”, explica Dray, que tiene varias oficinas en la zona de Denver.

“La gente quiere comprarla, pero no se puede comprar... no está en el mercado”.

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