Mucha gente depende de ayuda alimenticia en EEUU

ANITA SNOW, REBECCA SANTANA y CANDICE CHOI
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Jim Stotler, del programa Meals on Wheels, acomoda en la nevera la comida que le acaba de llevar a Phyllis Antonelli, mujer de 90 años que vive en Pawtucket, Rhode Island, el 20 de noviembre del 2020. (AP Photo/David Goldman)

Estados Unidos empieza a salir de la debacle económica causada por la pandemia del coronavirus, pero la inseguridad alimenticia persiste, especialmente entre los niños y las personas mayores.

En todo el país hay centros de asistencia alimenticia que siguen repartiendo más comida fresca, enlatada o empacada que antes de que la pandemia dejase sin empleo a millones de personas y las obligase a buscar ayuda para comer. Incluso entre los que vuelven al trabajo hay gente que pasa por apuros, que debe pagar alquileres atrasados o que tratan de reponer sus ahorros.

“Pasamos un año inimaginable”, declaró Brian Greene, CEO de Houston Food Bank, la organización que más ayuda presta. Llegó a distribuir hasta un millón de libras (453.000 kilos) de alimentos diarios durante varios momentos de la pandemia el año pasado.

La red de distribución de alimentos gratis más grande del país, Feeding America, dice que su gente distribuyó en los últimos tres meses del 2020 mucha más comida en el mismo período del 2019.

Katie Fitzgerald, jefa de operaciones de Feeding America, dijo que calcula que los centros de distribución de alimentos gratis distribuirán unos 6.000 millones de comidas este año, más o menos lo mismo que el año pasado y mucho más que los 4.200 millones del 2019.

“Muchas familias ya experimentaban inseguridad alimenticia antes de la pandemia”, dijo Fitzgerald. “Ahora el nivel de inseguridad de algunos llegó a niveles extremos, en los que la gente pasa hambre. Hay madres que no comen para que sus hijos puedan hacerlo”.

La cantidad de comidas gratis para niños cuyas familias satisfacen ciertos requisitos de ingresos cayó pronunciadamente. Entre marzo y noviembre del 2020 se sirvieron 1.650 millones de desayunos menos que entre marzo y noviembre del 2019, lo que representa una merma del 30%.

Tanto en zonas rurales como en las ciudades, los distritos han tenido que buscar formas de entregar la comida a los niños.

Una tarde reciente, mayores y niños hacían cola frente a un autobús escolar amarillo a la espera de bolsas de comida gratis.

Niños pequeños cargaban varias bolsas mientras se dirigían a departamentos de la zona. De vez en cuando se les caía una manzana o algún jugo. Una mujer joven puso bolsas con alimentos en el cochecito de su bebé.

“Esto es importante porque la mayoría de los refugiados no tienen quién los lleve y los traiga”, manifestó Sinthia Rehmet, oriunda de Pakistán. Ella fue una de las personas que recogió leche, mantequilla de maní, hamburguesas y comidas ya preparadas que solo hay que calentar.

El distrito escolar de Alhambra, en Phoenix, llegó a servir 6.000 desayunos y 9.600 comidas gratis diariamente antes de que la pandemia lo obligase a bajar a 2.500 comidas diarias.

A medida que se reabren las escuelas, tratan de asegurarse de que siguen ofreciendo comida. El Departamento de Agricultura dijo que mantendrá programas de alimentos en el verano boreal, que darán comida a todos los niños, sin importar el nivel de ingresos de sus familias.

También pasan hambre muchas personas mayores que acuden a la caridad.

El programa Meals on Wheels dijo que hacia fines del 2020 seguía sirviendo a un 60% más de ancianos que antes del COVID-19.

Unos 1.675 millones de dólares de fondos para emergencias fueron destinados a programas alimenticios al amparo de una Ley Para Estadounidenses Mayores. Cubren el costo de comidas, gasolina y conductores que entregan las comidas, además de tapabocas, guantes y desinfectantes para sus empleados.

Jackie Robinson, de 66 años y quien alguna vez trabajó como cocinero en un restaurante del Barrio Francés de Nueva Orleáns, ya tenía problemas para subsistir con su pensión del gobierno antes de la pandemia. Por ello se apuntó para recibir comidas de un programa municipal y ahora recibe dos comidas diarias, los siete días de la semana.

“Las cosas estaban cada vez más difíciles... Necesité un poco de ayuda”, expresó.

El programa de Nueva Orleáns les paga a restaurantes para que preparen comida que es entregada a personas que satisfacen ciertos criterios. Da de comer a 11.200 personas, incluidos unos 4.000 ancianos. Es una sociedad entre la municipalidad y FEMA (la agencia federal de manejo de emergencias), pensada para hacer llegar comida a la gente en momentos en que se le pedía que permaneciese en su casa. No le apunta solo a las personas mayores, pero las autoridades dijeron que las tenían en mente cuando lanzaron la iniciativa el verano pasado.

Helen Smith Green, de 76 años, se moviliza con un caminador y dependía de su madre de 96 años, que cocinaba para ambas hasta que sufrió una caída y se fue a vivir a una residencia para ancianos. Green ahora recibe comidas del programa de Nueva Orleáns y de otras iniciativas caritativas.

“Me siento muy agradecida por estas comidas. Son muy importantes en tu vida”, expresó.