Gays en Cuba: primero marginación, después "Fresa y chocolate" y ahora matrimonio

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El escritor Antón Arrufat tenía 35 años cuando fue marginado por su obra provocadora y su preferencia sexual. Dos décadas después colaboró con la película "Fresa y Chocolate", que sacó el tema a la conversación pública. Hoy apoya la legalización del matrimonio gay en Cuba.

A pocos días del referendo sobre un nuevo Código de Familias, que prevé el matrimonio igualitario en la isla, Arrufat recuerda ese periodo gris que marginó a intelectuales, a finales de la década de 1960 y una parte de 1970, cuando se impuso en Cuba el modelo soviético.

"Sí, (fuimos) 'parametrados', esa es la palabra que se usó", dice a la AFP, Arrufat, a sus 87 años, entre pinturas y libros, en su exquisito departamento de Centro Habana.

"Nunca supimos por qué estábamos así, nadie nos dijo: 'Ustedes han cometido un error', jamás", dice el novelista, poeta y dramaturgo nacido en 1935, en Santiago de Cuba (este).

"Fueron 14 años metido en una biblioteca" municipal. Trabajaba "en el sótano" sin poder publicar ningún texto. "Aguanté como un caballo" y "sufrí cosas que un escritor en este país no había sufrido", recuerda el autor, Premio Nacional de Literatura 2000.

¿Qué significaba ser un 'parametrado'? En 1970 las autoridades establecieron que los parámetros morales para un trabajador confiable eran ser revolucionario y heterosexual. De otra manera, el empleado podía ser reubicado a tareas menores.

- "Difícil" y "encantador"

Los homosexuales no solo eran sospechosos por sus ideas políticas, sino también porque se pensaba que "la homosexualidad era una enfermedad contagiosa" y que era preciso apartarlos "evitando el contacto, no sólo físico, sino inclusive espiritual", explicó tiempo después el fallecido intelectual Ambrosio Fornet, en el texto "Quinquenio Gris: Revisitando el término".

Unos escritores fueron condenados al ostracismo y otros enviados a la Unidad Militar de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de trabajo agrícola creados para el servicio militar, solo por sus ideas políticas, religiosas o preferencias sexuales.

Arrufat obtuvo en 1968 el premio literario de la oficial Unión de Escritores y Artistas de Cuba, por "Los siete contra Tebas", una alegoría de la vida política cubana de la época.

El autor cayó en desgracia por el rechazo institucional a esta obra de teatro considerada contrarrevolucionaria, que no llegó a un escenario hasta 2007.

El artista recuerda divertido sus andanzas con grandes escritores, también señalados por su homosexualidad, como José Lezama Lima (1910-1976) y Virgilio Piñera (1912-1979), que murieron aislados sin volver a ver sus textos en librerías y teatros.

"Nunca dejamos de ir al teatro, nunca dejamos de ir al cine (...) éramos provocadores. No provocábamos por mal, provocábamos porque queríamos que hubiera una posibilidad de permanencia en el país donde uno nació".

Entonces, partieron autores como Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), Reinaldo Arenas (1943-1990) y Heberto Padilla (1932-2000). "Yo quería quedarme y me quedé, soporté mar y marea, pero me quedé", añade recargándose en un sillón iluminado por la luz que se cuela en la cálida tarde habanera.

"Fue difícil y al mismo tiempo encantador porque a mí todas las cosas que tienen cierta dificultad en la vida cultural de un país me gustan mucho", dice.

- "Ya no fuimos iguales" -

En aquellos días se sentaban en bares de La Habana. "Había mucho ruido y ahí conversábamos, nos reíamos de las cosas y en las noches nos leíamos los textos", dice.

Después, lentamente volvió a la vida pública.

En la década de 1990 estuvo entre los que fraguaron la exitosa cinta Fresa y Chocolate (1993). El filme trata de la vida de un refinado homosexual, amante del arte, al que se le cierran las puertas hasta que decide marcharse de su país.

"Trabajé un poco en esa película (...) Era muy amigo" de Tomás Gutiérrez Alea, uno de los dos directores de la producción, dice Arrufat, quien aparece en los agradecimientos del filme.

Nominada al Óscar como mejor película extranjera en 1994, la cinta "contribuyó a algo en este país", dice. "Después de esa película ya no fuimos iguales".

El Código de Familias, que se votará el domingo en referendo, prevé legalizar además del matrimonio y la adopción gay, el vientre subrogado y el reconocimiento de la pluriparentalidad, entre otros derechos.

Es "un paso positivo" para Cuba, aunque "la gente al principio pensaba horrores del código y no quería que hubiera ese código para nada, después lentamente lo fue admitiendo", dice el escritor.

"Puede ser una modificación muy grande de nuestras vidas", concluye Arrufat.

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