La escasez de gasolina en Reino Unido como resultado de una irracional profecía auto cumplida

·5  min de lectura
Dos usuarios de una gasolinera británica se enfrentan a golpes para llenar su depósito. (Imagen vista en Puente Libre).
Dos usuarios de una gasolinera británica se enfrentan a golpes para llenar su depósito. (Imagen vista en Puente Libre).

De un tiempo a esta parte las noticias que llegan del otro lado del Canal de la Mancha tienen que ver con estanterías vacías y problemas de desabastecimiento. Recientemente incluso hemos visto gasolineras con el cartel de “cerrado” y a algunos ciudadanos peleándose violentamente por los últimos litros de gasolina. El país cuenta con recursos suficientes de hidrocarburos como para que la vida siga su cauce “habitual”, pero ya sabemos que cuando el pánico entra por la puerta la razón salta por la ventana.

De hecho el ejemplo visto en las gasolineras británicas no es para nada novedoso. Hace mucho tiempo que los economistas saben que cuando la demanda de bienes y servicios por parte de los consumidores es disfuncional (es decir no puede satisfacerse) las cusas posibles son tres:

La primera de ella se debe a efectos externos (entre los que se incluyen reacciones bastante “ilógicas” de los consumidores, como las producidas por el efecto arrastre, el efecto snob, o el efecto Veblen).

La segunda posible causa de la disfuncionalidad del mercado se debe a efectos especulativos, que como podéis imaginar se da cuando los consumidores compran ese bien con la esperanza de que suba de precio en el futuro.

La tercera causa se debe simplemente a efectos irracionales y aquí es donde entran en juego las compras compulsivas motivadas por impulsos repentinos. ¿Os suena? Efectivamente, la economía (esa extraña ciencia que no puede predecir qué pasará mañana, aunque puede explicar con todo lujo de detalle lo que sucedió ayer) ya advierte que pese a que a los humanos nos gusta autodenominarnos seres racionales, a veces simplemente somos insensatos como adoquines.

Los psicólogos también ayudan a explicar este comportamiento irracional. Lo vimos en marzo de 2020 con la llegada de los períodos de confinamiento a causa del covid-19, y el curioso fenómeno de desabastecimiento de papel higiénico que comenzó a verse en los supermercados. Tras aquellas compras nerviosas, motivadas por el estado de emergencia, se encontraba el miedo a lo desconocido, que llevó a algunos a pensar que el período “especial” de encierro domiciliario que le anunciaban, previsto en principio para unas pocas semanas, podía transformarse en meses. El papel higiénico, el agua, la harina y los bienes de primera necesidad aportaban “seguridad” a quien los compraba, pese a que la cadena de suministro nunca se rompió y a que el gobierno aseguró que no habría falta de suministros.

Lo visto ahora en las gasolineras británicas es en cierto modo una reedición de aquellos miedos irracionales, aunque en este caso no hablamos de una sola causa sino de varias (me resisto a usar esa expresión omnipresente en los medios estos días: “la tormenta perfecta”).

Efectivamente seguimos en pandemia, lo cual hace que todavía muchos británicos den la espalda al uso de los medios de transporte públicos por miedo a contagiarse, lo que a su vez eleva el tráfico de vehículos particulares y por tanto de la demanda de gasolina.

Por otro lado existe una tendencia al alza en el precio de los combustibles fósiles, motivados por dos razones, la primera es un aumento en la demanda que es producto de la mejora en la situación pandémica. En efecto, muchos europeos (también los británicos) comienzan a vislumbrar un futuro más optimista de convivencia con el Covid-19, y se lanzan a hacer planes de viajes pospuestos hasta ahora. La segunda tiene que ver con las nuevas políticas globales en pos de la descarbonización, que surgen como respuesta frente al cambio climático y que intentan incentivar el tránsito a una economía verde. Ambos aspectos, como digo, contribuyen a elevar el precio del gas natural y de los hidrocarburos.

Pero también debemos hablar del Brexit y sus consecuencias. El Reino Unido tiene en estos momentos un déficit de 100.000 conductores de camión, muchos de los cuales son vacantes provocadas por el éxodo de trabajadores procedentes de la UE, que huyeron del Reino Unido para pasar con los suyos el período de confinamiento en su país natal. Cuando la situación pandémica mejoró muchos ya no regresaron, bien porque la normativa británica post-Brexit convertía la vuelta en un infierno burocrático a todos los que no habían legalizado su situación antes del 31 de diciembre de 2020, o bien porque el trabajo ya no escaseaba en sus países de origen. En teoría, el gabinete de Johnson preveía que el mercado se autorregulase con una mejora de las condiciones laborales, que hiciera atractivo este sacrificado trabajo a ojos de los parados británicos. Nada de eso parece estar ocurriendo.

Mientras los de arriba discuten si los presos o el ejército debe arrimar el hombro y conducir los camiones desde las refinerías, probablemente el pueblo británico comienza a darse cuenta ahora de ciertas cosas. Y es que parece que aquella política del siglo XIX basada en el “espléndido aislamiento”, que tan buenos frutos dio a un imperio que ya no existe, es hoy por hoy una idea económicamente estúpida y destructiva. Esto parece innegable a la luz de los acontecimientos, por mucho que el excepcionalismo británico siga resultándole atractivo a un grupo de políticos populistas y a sus nostálgicos votantes.

En fin, a mi todo este asunto me ha recordado a la así llamada “psicología de la escasez” idea propuesta en 2004 por el investigador Eldar Shafir (profesor de psicología del comportamiento en la prestigiosa Universidad de Princeton). Coautor de un afamado libro sobre esta temática”, el profesor Shafir afirma que "la escasez altera la forma en que juzgamos las cosas y a menudo conduce a elecciones que ponen en entredicho la racionalidad".

Al contrario de lo que sucede en el tercer mundo, donde un agricultor pobre está condenado a vivir de por vida bajo el yugo de esa psicología de la escasez (la cual por cierto le lleva a tomar malas decisiones) los británicos podrán solucionar pronto su problema “ficticio” con la gasolina. Simplemente deben tranquilizarse y acudir a llenar sus depósitos cuando realmente lo necesiten. Mientras no lo hagan, este temor irracional a que la gasolina se acabe es precisamente el que provoca el desabastecimiento, en una suerte de profecía auto cumplida.

Ay si en vez de ojear tantos tabloides leyésemos más sobre economía o psicología…

Vídeo | Surrealismo puro en el Reino Unido: ciudadanos llenando bolsas de gasolina en medio del caos

Otras historias que te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.