Gasoductos ruso-europeos, razones para un resurgir de las tensiones

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Con el inicio del invierno, las tensiones por las entregas de gas de Rusia a Europa han vuelto a resurgir, esta vez concentrándose en torno a un gasoducto que pasa por Polonia y Bielorrusia, el Yamal.

Sin embargo, esta es solo una pieza de un rompecabezas mayor, donde los intereses económicos y las presiones políticas se mezclan, con la crisis ruso-occidental en Ucrania como telón de fondo.

- Ralentización de las entregas rusas-

El oleoducto Yamal-Europa, inaugurado en 1994, conecta a lo largo de más de 2.000 kilómetros la ciudad de Torjok, en el centro de Rusia, con Alemania. Transportando 30.000 millones de metros cúbicos por año, es uno de los principales vectores del suministro de gas ruso a Europa.

Sin embargo, desde el 21 de diciembre, el gasoducto ha cesado sus entregas de este a oeste: al contrario, ahora funciona en sentido inverso, con el gas circulando desde la frontera alemana hacia Polonia, según datos de la gestora Gascade consultados por la AFP.

En efecto, las empresas polacas suelen comprar su gas, incluido de procedencia rusa, a empresas alemanas, y estas deben seguir cumpliendo con estos contratos, incluso si se detienen las entregas a través del Yamal. Ante esta situación, están obligadas a buscar otras fuentes de suministro.

Paradójicamente, el gas ruso sigue llegando a Europa, eso sí, a través de otros grandes gasoductos como el Nord Stream 1 y el Turkstream.

- Un contexo político tenso -

Todo esto se produce en un contexto de crecientes temores sobre una posible invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas.

En Alemania, el gobierno amenaza con paralizar otro gasoducto en represalia, el Nord Stream 2, que aún espera la luz verde de la autoridades para funcionar.

Algunos Estados europeos, como Polonia y Ucrania, han acusado a Moscú y al gigante gasista Gazprom de reducir las entregas de gas para presionar a los occidentales sobre estos dos asuntos.

- ¿Por qué el gasoducto funciona al revés? -

Las opiniones al respecto divergen. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha justificado la interrupción de las entregas rusas por la ausencia de nuevos pedidos europeos y ha negado cualquier intento de instrumentalización política.

"Las acusaciones contra Rusia y Gazprom refiriendo que suministramos poco gas al mercado europeo son absolutamente infundadas", declaró también el gigante ruso del gas, reprochando a Alemania que utilice sus reservas para abastecer al vecino polaco.

Berlín negó el lunes cualquier intervención por su parte. "No es el gobierno quien decide los flujos de gas, sino el mercado, los comerciantes", dijo el Ministerio de Energía.

Ante una demanda de gas disparada, también podría ser que Gazprom "favorezca sus propios gasoductos", para "maximizar su rendimiento" en detrimento de los que no controla al 100%, como es el caso de Yamal, analiza George Zachmann, especialista en energía del Think Tank Bruegel de Bruselas.

- ¿Hay riesgo de desabastecimiento? -

"La seguridad del suministro está garantizada", aseguró a la AFP el ministro de Energía alemán.

Pero Berlín, que tiene un "stock relativamente pequeño" de gas en sus tanques podría empezar a experimentar "dificultades" dentro de poco, opina Christophe Bonnery, presidente de la Asociación de Economistas de la Energía (AEE). En Alemania, las reservas se encuentran tan solo al 53%.

"Si los contratos se respetan mínimamente, no habrá problemas hasta marzo", pero "si Rusia no puede o no quiere suministrar gas por razones técnicas o por cualquier otro motivo, en ese caso podríamos quedarnos cortos", advierte Georg Zachmann.

- ¿Por qué se ha disparado el precio del gas? -

Estas dificultades están contribuyendo a la explosión de los precios del gas, con niveles de precios hasta siete veces superiores a los de principios de año.

Este repunte se explica, en particular, por un invierno especialmente frío y un aumento de la actividad ligada a la recuperación económica poscoronavirus.

Se sospecha que Moscú se aprovecha de estas tensiones en el mercado mundial para reducir la oferta y así hacer subir los precios. No en vano, el 40% del gas consumido en Europa proviene de Rusia.

La Agencia Internacional de la Energía podría compartir esta idea: en septiembre pidió al país "hacer más" para abastecer de gas a Europa.

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