Ganaderos de EEUU tienen objeciones a programa de 35 años

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ARCHIVO - En esta foto del 10 de junio del 2020, se ve ganado en un lote de alimentación en Columbus, Ohio. Los productores de ganado en Estados Unidos han financiado durante 35 años una de las campañas publicitarias más conocidas en el país, pero ahora muchos quieren el fin del programa que creó el lema: “Beef. It's What's for Dinner”. ¿Cuál es el problema de los granjeros? Es que el pago obligatorio de 1 dólar por cabeza de ganado vendido no está promoviendo específicamente la carne estadounidense en un momento en que las importaciones inundan el mercado y la “carne falsa” con productos vegetales prolifera en los supermercados. (AP Foto/Nati Harnik

BELLE PLAINE, Kansas, EE.UU. (AP) — Los productores de ganado en Estados Unidos han financiado durante 35 años una de las campañas publicitarias más conocidas del país, pero ahora muchos quieren acabar con el programa que incluso creó un lema famoso localmente: “Beef. It’s What’s for Dinner” (Carne. Es lo que hay para comer).

¿De qué se quejan muchos de los granjeros? Es que el pago obligatorio para la campaña, de 1 dólar por cabeza de ganado vendido, no está promoviendo específicamente la carne estadounidense en un momento en que las importaciones inundan el mercado y la “carne falsa”, hecha con productos vegetales, prolifera en los supermercados.

“Están engañando al consumidor estadounidense en el mostrador de carne y nuestros fondos no hacen nada ayudar a esclarecer ni responder a la pregunta sobre de dónde proviene ese solomillo”, dijo Karina Jones, una ganadera de Nebraska y directora de la asociación de productores R-CALF USA que busca poner fin al programa de contribuciones deducibles para la campaña.

Los oponentes a la campaña, establecida por ley federal en 1986, han estado pidiendo a los productores de ganado que firmen una petición con la que buscan un referéndum sobre si deben poner fin al programa.

El secretario de Aagricultura, Tom Vilsack, otorgó el mes pasado una extensión hasta el 3 de octubre para que ellos puedan conseguir las firmas requeridas, debido a la pandemia de coronavirus.

Los partidarios de la petición argumentan que el programa es una evaluación ordenada por el gobierno para financiar un discurso gubernamental. Los fondos del programa no pueden, bajo la ley, ser usados para promover el no consumo de otras carnes, como la de cerdo o pollo, ni para cabildeo, pero ellos se quejan de que gran parte del dinero, no obstante, acaba apoyando a grupos cabilderos como la National Cattlemen’s Beef Association, que se oponen a la obligatoriedad de etiquetas que señalan el país de origen de la carne.

Apuntan además que la industria ganadera estadounidense de hoy es radicalmente diferente de lo que era cuando fue implementado el programa de cuotas obligatorias, ahora con más carne importada y mayor concentración de empacadoras.

“Ahora estamos pagando por la cuenta de publicidad para cuatro grandes empacadoras que pueden importar carne de res de países más baratos y engañar a nuestros consumidores”, dijo Jones.

La petición ha creado una división profunda en la industria ganadera entre los que apoyan y los que rechazan el programa, pero los consumidores también se juegan algo en esa batalla.

Una forma de verlo es que a los consumidores probablemente no debería gustarles el programa porque eleva los precios de la carne de res y algunos grupos de consumidores se oponen por esa razón, dijo Harry Kaiser, director del programa de estudios de promoción de materias primas en la Universidad Cornel. Otra forma de vero es que el programa financia también estudios sobre la inocuidad de la carne y el desarrollo de nuevos productos, dijo.

“Los consumidores pagan unos pocos centavos más, pero es un producto más seguro, de mejor calidad”, dijo Kaiser.

Kaiser, que realiza estudios para el Departamento de Agricultura sobre programas de promoción de materias primas, escribió en un análisis económico que la demanda nacional de carne de res entre 2014 y 2014 habría sido 14,3% más baja sin la publicidad y otras actividades promocionales de la Cattlemen’s Beef Promotion and Research Board. En 2019, la junta tenía un presupuesto de 40,5 millones para actividades que buscan aumentar la demanda de carne de res.

Kaiser apuntó además en una entrevista telefónica que los estudios de mercado financiados por el programa concluyeron que una razón por la que los consumidores se han mostrado renuentes a comprar carne de res es porque sienten que toma demasiado tiempo prepararla una vez que llegan a casa desde sus trabajos. Eso llevó al desarrollo de productos cárnicos más fáciles de preparar que los consumidores simplemente compran en el supermercado y cocinan por unos pocos minutos en el microondas.

Pero los productores de ganado dicen que han pasado dos decenios desde que el programa financió innovaciones valiosas.

Desde 1966, el Congreso ha autorizado juntas de estudios y promoción financiadas por la industria para ayudar a los productores agrarios a consolidar recursos y desarrollar nuevos mercados. El Servicio de Mercadotecnia Agraria del Departamento de Agricultura provee ahora supervisión para 22 de esos programas, de acuerdo con su página web.

La naturaleza obligatoria de algunos de los programas de contribuciones ha sido controversial, desatando miles de demandas a lo largo de los años. Tres causas llegaron a la Corte Suprema, con resultados mixtos, dijo Kaiser.

El tribunal máximo falló en 1997 en una causa presentada por tres granjeros de frutas que los anuncios de materias primas eran constitucionales porque eran parte de un programa regulatorio más amplio, pero cuatro años más tarde, la corte falló que el programa federal vinculatorio de promoción de hongos no era constitucional porque no era parte de un programa regulatorio más amplio y por ello era inconstitucional como discurso privado obligado. En 2005, la Corte Suprema concluyó que el programa de la carne de res era constitucional sobre la base de discurso gubernamental.

Aunque esos programas son ahora constitucionales, Kaiser dice que la mayoría conservadora en la Corte pudiera ahora anular esos precedentes, que equivaldrían a obligar a los trabajadores a ser parte de sindicatos.

Esta no es la primera ocasión en que los críticos del programa de carne han tratado de conseguir firmas suficientes para una petición. El Servicio de Mercadotecnia Agraria recibió una petición de ganaderos en 1999 y determinó que las firmas estaban por debajo del total requerido.

Son necesarias las firmas de 10% de los productores de ganado del país —en este caso 88.269 firmas válidas— para llevar el asunto ante el secretario de Agricultura. Cualquier ganadero que ha poseído, vendido o comprado ganado entre el 2 de julio de 2020 hasta el 1 de julio de 2021 es elegible para firmar. Vilsack tendría entonces que decidir si realiza un referéndum sobre la eliminación del programa.

Hasta ahora, los oponentes han conseguido 30.000 firmas, dijo Jones.

El granjero de Kansas Steve Stratford, uno de los iniciadores de la petición, dijo que los empacadores —que no contribuyen financieramente al programa— son los que se han beneficiado durante su existencia.

“En resumen: la persona que está pagando el dólar no es la persona que se está beneficiando de la mayor demanda y el aumento de precio de la carne de res”, dijo.

Pero Greg Hanes, máximo funcionario de la junta a cargo del programa, dijo que cuando el mismo fue establecido fue una “decisión contenciosa” que no participaran los empacadores, así que es motivado por los productores. Dijo que las dinámicas del mercado cambian siempre y, a veces, a los empacadores les va mejor que a los productores y a veces a los productores les va mejor.

Hanes defendió el programa, diciendo que es especialmente importante para los estudios sobre nutrición y que sin el programa los consumidores no tienen información sobre los beneficios de la carne de res.

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