Galardonado columnista cubano: “Toda mi generación de periodistas tuvo que salir”

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En uno de sus artículos escribió como la gente que vive en un barrio de La Habana vivian con el fango, con niños descalzos cruzando todos los días terrenos enlodados para ir a sus escuelas, y las casas de zinc y de madera a veces inundándose por el río que tienen al lado y a veces incendiándose por el descuido de sus dueños que cocinan con brasa.

En otro artículo escribió una crónica mostrando detalles sobre la vida de un prostituto. En otro mostró el trajinar de un vendedor de frutas. Y en otro entrevistó a niños que jugaban al fútbol en la calle sin zapatos. Todos estos son matices distintos de la vida cotidiana en Cuba, facetas que se mantenían ocultas en medio del control que el régimen mantiene sobre los medios de comunicación

Contar esa realidad es lo que buscaba mostrar el periodista Abraham Jiménez Enoa en los artículos que publicaba en El Estornudo, revista digital que formó parte del afloramiento de los medios de comunicación independientes que surgieron en Cuba con la llegada de la Internet.

Era un experimento en el ejercicio del periodismo narrativo, explicó Jiménez. “Intentábamos permanecer en los sitios y contar de manera íntima las historias de las personas. La intención era presentar relatos de largo aliento que contaran la vida cubana. Crónicas, cuidando la escritura, cuidando los detalles, las estructuras que contara ese país que no estaba siendo contado”.

Crónicas que al final convirtieron a Jiménez junto a sus compañeros en El Estornudo en víctimas de la persecución oficial.

El periodista, quien el martes en la tarde tenía previsto ser galardonado en Nueva York con el premio internacional de la libertad de prensa del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés), fue perseguido, acosado y detenido por los agentes del régimen hasta que salió del país en enero de este año.

Jiménez dijo en una conversación con el Nuevo Herald que la persecución era constante, pero se manifestaba de distintas maneras.

Cuando caminaba por la calle, notaba que había un auto o una moto que lo seguía. Cuando hablaba por teléfono, ya sea de la casa o el celular, notaba que había ruidos extraños o otras conversaciones en el fondo. Y a veces cuando intentaba salir de su casa, funcionarios se lo impedían, diciéndole que había un operativo policial.

Curiosamente, los “operativos policiales” frente a su casa coincidían cuando se producían protestas u otros acontecimientos de interés periodístico en la ciudad, dijo.

“Por otro lado, me citaban con interrogatorios sin haber cometido delito alguno y en esos interrogatorios pasaba diez o quince horas donde me amenazaban con la cárcel, donde me amenazaban con perjudicar a mi familia y esas amenazas se materializaron porque expulsaron a mi madre de su trabajo, obligaron a mi padre a jubilarse y expulsaron a mi hermana de su trabajo, todo eso para que yo dejara de escribir”, relató.

En otra ocasión fue víctima de un secuestro, donde le desnudaron y lo metieron a la fuerza en un carro. En esa ocasión no le informaron de nada, y Jiménez no sabía hacia donde lo llevaban.

Después de un tiempo, terminaron trasladandolo a las instalaciones de uno de los organismos de seguridad y fue interrogado nuevamente, en esa ocasión ante una cámara de vídeo. La grabación fue posteriormente manipulada y transmitida por televisión. “Manipularon y cambiaron mis palabras y dijeron que yo era un agente de la CIA y que era un mercenario pagado por gobiernos extranjeros”.

Durante ese tiempo tenía prohibido salir del país hasta que un día lo llamaron y le informaron que se le iba otorgar el pasaporte, pero que debía abandonar Cuba inmediatamente, con la amenaza de que si no lo hacía lo iban a meter en la cárcel.

Jimenez, quien actualmente es columnista del Washington Post, dijo estar muy honrado por el reconocimiento de la CPJ, pero señaló que el galardón en realidad está destinado a resaltar la ardua labor que el periodista independiente cubano realiza desde la isla, desafiando los permanentes esfuerzos del régimen de La Habana por silenciarlos.

“Otorgan este reconocimiento en un momento en que la prensa independiente cubana necesitaba un espaldarazo”, dijo Jimenez, al resaltar que él, al igual que el resto de su generación de periodistas, se han visto obligados a salir del país.

“Toda la generación que salió con la internet, y crearon medios independientes, todos esos equipos han tenido que salir al exilio por presiones del gobierno, por acosos”, dijp. “Y ya dentro de Cuba casi no quedan periodistas independientes”.