El G20 gana tiempo en la explosiva cuestión de la deuda

Eve SZEFTEL
·3  min de lectura
El ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, en una conferencia de prensa conjunta con la canciller de su país, Angela Merkel, después de participar en la cumbre del G20 según el video de la Cancillería divulgado en Berlín, el 22 de noviembre de 2020.
El ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, en una conferencia de prensa conjunta con la canciller de su país, Angela Merkel, después de participar en la cumbre del G20 según el video de la Cancillería divulgado en Berlín, el 22 de noviembre de 2020.

El G20 se limitó el domingo a enumerar grandes principios sobre la explosiva cuestión de la deuda de los países pobres, con el riesgo de crear una crisis en los países del Sur, según las oenegés.

En su comunicado final, los dirigentes de los 20 países más ricos del mundo, reunidos por videoconferencia el sábado y el domingo bajo la presidencia de Arabia Saudita, reiteraron su "compromiso de implementar" la llamada Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI), incluida su extensión hasta junio de 2021.

Pero aunque Naciones Unidas esperaba una nueva prórroga hasta finales de 2021, el G20 deja en manos de sus ministros de finanzas el "examen" de esta cuestión el año que viene.

Tampoco se menciona otra solución, que pedía Naciones Unidas, a saber, el uso de los llamados Derechos Especiales de Giro (DEG), una especie de moneda creada por el Fondo Monetario Internacional para apoyar a los países en dificultades.

Hasta la fecha, solo se han aplazado los pagos de intereses de 46 países --de los 73 que reúnen las condiciones necesarias-- por un importe de 5.700 millones de dólares.

Una gota en el océano frente a los 11 billones de dólares que los países del G20 han gastado en la lucha contra la pandemia, denuncian las oenegés.

"Aunque la respuesta del G20 fue rápida en abril, ahora niega la urgencia. Sin embargo, estamos hablando de salvar vidas", dijo a la AFP Louis-Nicolas Jandeaux, portavoz de OXFAM Francia.

Conscientes de que la moratoria no sería suficiente, los grandes financiadores del G20 prepararon la semana pasada el camino para una reestructuración de la deuda de ciertos países.

Un acuerdo "histórico" según Francia porque involucra por primera vez a China, con mucho el primer acreedor de los países pobres (63%), e implica también a acreedores privados.

"Pero solo prevé cancelaciones en casos excepcionales y los acreedores privados no están obligados a participar", deploró Lison Rehbinder, de la organización CCFD-Terre Solidaire.

El G20 también lamentó, en su comunicado final, "la falta de participación de los acreedores privados" .

"Estamos buscando la mejor manera de responder a un problema muy complejo", dijo a la AFP Angel Gurría, secretario general de la OCDE, que participaba en su última cumbre del G20.

- Crisis de la deuda

Pero el tiempo apremia. El miércoles Zambia, ante la negativa de sus acreedores privados a congelar temporalmente el servicio de la deuda, se declaró en mora.

Es el primer país africano que anuncia que dejará de cumplir sus compromisos.

Ese mismo día, Bolivia advirtió que estaba considerando la posibilidad de suspender temporalmente el pago de su deuda hasta que su situación económica mejore.

La pandemia corre el riesgo de provocar una verdadera crisis de la deuda en los países del Sur y privarlos de los medios para luchar contra la pandemia.

Tras sufrir una hemorragia de capital en marzo (-82.000 millones de dólares retirados en pocos días), esos países se encuentran "atrapados en una pinza" entre el aumento de sus gastos y la caída de sus ingresos, según Gurrría.

En este contexto, la moratoria equivale a "rescatar el Titanic con un balde", según la Red Europea de Deuda y Desarrollo (Eurodad), que recuerda que sus 46 beneficiarios habían acumulado una deuda de 71.500 millones de dólares a finales de 2018.

Además "la lista de países afectados es demasiado limitada", dice el portavoz de OXFAM Francia. Quedan excluidos los países de ingresos medios como Líbano, Argentina y México.

Otros, como Kenia, prefirieren no pedir un aplazamiento por temor a que las agencias de calificación reduzcan su calificación, y sus costos de financiación se disparen, como ocurrió en Camerún.

evs/aue/awa/pc/eg