Los futuros agricultores de Francia son expertos en tecnología y quieren descansar los fines de semana

·6  min de lectura
Pimientos rojos en un invernadero de Neofarm, una granja de hortalizas agroecológicas en una parcela compacta de 8000 metros cuadrados cerca de Saint-Nom-la-Bretèche, Francia, el 28 de septiembre de 2021. (Andrea Mantovani/The New York Times)
Pimientos rojos en un invernadero de Neofarm, una granja de hortalizas agroecológicas en una parcela compacta de 8000 metros cuadrados cerca de Saint-Nom-la-Bretèche, Francia, el 28 de septiembre de 2021. (Andrea Mantovani/The New York Times)

YVELINES, Francia — En una granja de un siglo de antigüedad que se ha convertido en un campus de empresas emergentes en esta verde región al oeste de París, los programadores de computadoras aprenden a programar robots de cosecha. Los jóvenes urbanitas que planifican viñedos o granjas que se guiarán por los macrodatos están perfeccionando sus propuestas para los inversionistas.

En un campo cercano, un día reciente, los estudiantes supervisaron a las vacas equipadas con collares tipo Fitbit que llevan un registro de su salud, antes de dirigirse a un espacio de trabajo abierto y con ventanales en un granero reconvertido (con máquinas de capuchino) para encorvarse sobre sus computadoras portátiles, estudiando técnicas rentables que ayudarían a revertir el cambio climático a través de la agricultura.

El grupo formaba parte de una nueva empresa agrícola poco ortodoxa llamada Hectar. La mayoría de ellos nunca había estado cerca de las vacas, y mucho menos de campos de rúcula orgánica.

No obstante, una crisis se cierne sobre Francia: la escasez de agricultores. La característica importante de las personas reunidas en el campus era su innovación, que tenían orígenes diversos y estaban deseosas de empezar a trabajar en un sector que los necesita con desesperación para sobrevivir.

“Necesitamos atraer a toda una generación de jóvenes para cambiar la agricultura, para producir mejor, de manera menos costosa y con más inteligencia”, afirmó Xavier Niel, un multimillonario francés del ámbito de la tecnología que es el principal patrocinador de Hectar. Niel, quien se ha pasado décadas perturbando el anquilosado mundo empresarial francés, ahora se une a un movimiento en expansión que pretende transformar la agricultura francesa, sin duda el sector más protegido del país.

“Para ello”, dijo, “tenemos que hacer que la agricultura sea sexi”.

Francia es el principal granero de la Unión Europea, con una quinta parte de toda la producción agrícola del bloque de 27 países; sin embargo, la mitad de sus agricultores tienen más de 50 años y se jubilarán en la próxima década, por lo que casi 160.000 granjas están en juego.

Unos estudiantes monitorean vacas equipadas con collares estilo Fitbit en Hectar, una granja cerca de Coignières, en la región francesa de Yvelines, que sirve como campo de capacitación, el 28 de septiembre de 2021. (Andrea Mantovani/The New York Times)
Unos estudiantes monitorean vacas equipadas con collares estilo Fitbit en Hectar, una granja cerca de Coignières, en la región francesa de Yvelines, que sirve como campo de capacitación, el 28 de septiembre de 2021. (Andrea Mantovani/The New York Times)

A pesar de que el índice de desempleo juvenil supera el 18 por ciento, hay 70.000 puestos vacantes de trabajo agrícola, y los jóvenes, incluidos los hijos de los agricultores, no están haciendo fila para ocuparlos.

El gobierno francés ha respaldado algunos cambios en el gigantesco programa de subsidios agrícolas de Europa, aunque los críticos dicen que no tienen el alcance suficiente. Aun así, el presidente Emmanuel Macron ha tratado de rejuvenecer la imagen de la agricultura, y ha pedido un cambio hacia la “agrotecnología” y una transición rápida hacia una agricultura sustentable como parte de un plan de la Unión Europea que pretende eliminar para 2050 las emisiones que contribuyen al calentamiento global.

Los defensores afirman que, si se quiere atraer un ejército de jóvenes necesario para llevar la agricultura hacia el futuro, el estilo de vida del agricultor tendrá que cambiar.

“Si dices que tienen que trabajar 24 horas al día, siete días a la semana, no funcionará”, comentó Audrey Bourolleau, fundadora de Hectar y exasesora de agricultura de Macron. “Para que haya un rostro nuevo de la agricultura del mañana, tiene que haber una revolución social”.

La visión de Hectar gira en torno a atraer a 2000 jóvenes de entornos urbanos, rurales o desfavorecidos cada año, y equiparlos con la visión empresarial para que sean agricultores-empresarios capaces de producir empresas agrícolas sustentables y atraer inversionistas, todo ello generando un beneficio, y con los fines de semana libres.

Algunos de esos principios ya están empezando a verse en la agricultura francesa. En NeoFarm, una granja agroecológica de hortalizas situada en una parcela compacta de 8000 metros cuadrados a media hora de camino al este del campus de Hectar, cuatro empleados jóvenes pasaron una tarde reciente monitoreando computadoras portátiles y programando un robot para que plantara semillas en hileras ordenadas.

NeoFarm, puesta en marcha por dos empresarios franceses del ámbito de la tecnología, está a la vanguardia de una tendencia en Francia que consiste en crear pequeñas granjas cerca de los centros poblacionales y cultivar alimentos sanos con menos fertilizantes y combustibles fósiles. Mientras las grandes granjas francesas utilizan la tecnología para aumentar el rendimiento y reducir los costos, las granjas boutique pueden utilizar la tecnología para ampliar su producción y aprovechar lotes mucho más pequeños, frenando los costos y reduciendo las tareas laborales tediosas a fin de crear un estilo de vida atractivo, señaló Olivier Le Blainvaux, uno de los cofundadores que tiene otras once empresas emergentes en los sectores de defensa y salud.

“Trabajar con la robótica hace que sea un trabajo interesante”, dijo Nelson Singui, de 25 años, uno de los trabajadores contratados en fechas recientes en NeoFarm para cuidar los cultivos y supervisar los sistemas que siembran las semillas de manera automática, riegan las plantas y cosechan las zanahorias.

No obstante, según Le Blainvaux, algunos de estos agricultores bisoños no saben cómo hacer que sus empresas sean económicamente viables. Compañías nuevas como NeoFarm, y escuelas como Hectar, pretenden retener a los recién llegados ayudándoles a cultivar empresas rentables y a desprenderse de las subvenciones gubernamentales, que, según los críticos, desalientan la innovación y la asunción de riesgos.

Esta visión idealista no ha convencido a todos, en especial a las poderosas asociaciones agrícolas francesas.

“Cuando no estás en este sector es muy fácil decir: ‘Voy a volverlo sexi con la tecnología’”, dijo Amandine Muret Béguin, de 33 años, directora de la Unión de Jóvenes Agricultores de la región de Île-de-France, donde se encuentra el campus de 607 hectáreas de Hectar. “Puedes tener las mejores escuelas y los mejores robots, pero eso no significa que tengas una vida mejor”.

Aun así, para personas como Esther Hermouet, de 31 años, procedente de una familia de viticultores cerca de Burdeos, Hectar responde a una necesidad que otras instituciones agrícolas no ofrecen.

Esa tarde, Hermouet convivió con un grupo diverso de jóvenes estudiantes, entre ellos un productor audiovisual desempleado, un empresario musulmán y un fabricante de sidra artesanal.

Hermouet y sus dos hermanos estaban a punto de abandonar el viñedo que administraban sus padres, ya jubilados, pues temían que tomar el relevo supusiera más problemas de los que merecía. Algunos de sus vecinos ya habían visto a sus hijos dejar los viñedos por trabajos más fáciles que no requerían despertarse al amanecer.

No obstante, señaló que su experiencia en Hectar la había hecho más optimista en cuanto a la viabilidad del viñedo, tanto desde el punto de vista comercial como del estilo de vida. Aprendió sobre lanzamientos comerciales, créditos por captura de carbono para ayudar a aprovechar al máximo los beneficios y técnicas de gestión del suelo para reducir el cambio climático. Hubo sugerencias sobre cómo trabajar de manera más inteligente en menos horas, por ejemplo, utilizando la tecnología para identificar solo las viñas aisladas que necesitan tratamiento.

“Si mi hermano, mi hermana y yo vamos a trabajar la tierra, queremos tener una vida buena”, dijo. “Queremos encontrar un modelo económico nuevo y hacer que el viñedo sea rentable, y también que sea sustentable para el medio ambiente durante décadas”.

© 2021 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.