Futuro gobierno de Honduras aborda el problema de la violencia juvenil

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En Honduras, las barras de cuatro equipos de fútbol firmaron esta semana un pacto de paz en los estadios para el día de la posesión de Xiomara Castro, con la mediación de una comisión del futuro gobierno. Una paz pactada para una coyuntura específica, pero con la perspectiva de cambiar las políticas de los gobiernos hondureños respecto a la violencia juvenil.

“Las cuatro barras históricas del país firmaron un compromiso de paz y de trabajo conjunto en la mejora de las relaciones de la juventud fanática del deporte en el país. (…) Desde la instalación de la Comisión, las barras mostraron la iniciativa de articularse y presentar una propuesta integral de apoyo a la juventud, sectores sociales desfavorecidos y a sus miembros en general, con miras a cumplir su rol de liderazgo y de espacios de convergencias de juventudes a nivel nacional”, reza el comunicado de la Comisión de Transición para Movimientos Sociales, que añade que el gobierno de Castro “tiene un fuerte compromiso con la juventud y con la atención a las necesidades principales del pueblo hondureño”.

Pertenecer a una barra brava en Honduras, uno de los países más violentos del planeta, es exponerse en un triple punto de mira: la barra rival, la policía y las pandillas. Pero más allá de la violencia, estos grupos también ejercen como red de apoyo mutuo, configuran espacios seguros para jóvenes enfangados en una sociedad hostil, y en la visión de sus líderes y expertos, puede convertirlos en agentes para la transformación social.


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