Furor en Art Basel por el erotismo de Feliciano Centurión, artista del Rojas

Celina Chatruc
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"La obra trata de cubrir la falta de afecto que estamos viviendo. Todos estamos muy necesitados de amor", dice con su eterna sonrisa Feliciano Centurión, aquel artista paraguayo de la mítica "generación del Rojas" que llegó a Retiro con una valija, sin saber "a dónde ir", y que ahora conquista la escena mundial del arte: Art Basel, la feria más importante del planeta, destaca su legado en la edición virtual dedicada al siglo XX que abrirá el viernes al público. Las seis obras ofrecidas por Waldengallery, única galería argentina presente entre las cien participantes de 23 países, se vendieron por sesenta mil dólares cada una a distintos compradores hoy, horas después de la apertura a visitas VIP.

Aquellas palabras de Centurión que inmortalizó la cineasta Mon Ross en su documental Abrazo íntimo/al natural, proyectado hace dos años en el Malba como parte de un ciclo dedicado a artistas de su colección, cobran nuevos sentidos en tiempos de pandemia. Igual que su obra, que además de ser protagonista de una muestra y un libro en la Americas Society de Nueva York fue destacada en el mail enviado hoy por Art Basel a sus invitados especiales, en el video de presentación en Instagram de esta edición de Online Viewing Rooms (OVR) y entre las cinco obras recomendadas por la crítica de arte Louisa Elderton para ver en la feria virtual.

"Centurión vivía en la Argentina en los años 80, cuando el final de la dictadura abrió un nuevo período de libertad en el país, aunque la sexualidad queer seguía siendo tabú", escribe la experta alemana al ofrecer contexto sobre Hermafrodita (1989), uno de los acrílicos sobre papel presentados en Art Basel. "Inspirado en los Cut-Outs de Henri Mattisse -agrega-, Centurión celebra los cuerpos no binarios, lo que aporta energía vibrante y alegría de vivir a las representaciones de desnudos que aún eran muy controvertidas en ese momento histórico".

"Está entre increíbles artistas, es un reconocimiento enorme a su trabajo", dijo a LA NACION Agustina Taruschio, directora de Waldengallery, en referencia a una edición de Art Basel que incluye también obras de Marcel Duchamp, Pablo Picasso, Joan Miró y Alexander Calder, así como de otros argentinos como Julio Le Parc, Lucio Fontana, Manuel Espinosa y Liliana Porter. "Lo importante de esta serie de obras sobre papel de escenas sexuales -explica, es que pertenece a un período no estudiado. Es de fines de los años 80, cuando él todavía tenía una estética muy expresionista. En la Argentina le costó exponerla, fuera de sus círculos afectivos, por la temática".

Amor por el erotismo se titula este proyecto de investigación inédito presentado por Waldengallery, que refleja la influencia sobre el artista de su maestro, Juan Pablo Renzi, la Transvanguardia Italiana y sus contemporáneos de la escena local. "Un elemento constante en todas las obras de la selección es la silueta, que encuentra su anclaje tanto en su estudio de los Cut-Outs de Matisse, como en el icónico Siluetazo de 1983, que con sus varias reactivaciones instaló el uso de la silueta como un recurso de representación del cuerpo ausente -señala la galerista-. En su caso, para Centurión, la silueta ofrece la representación de cuerpos amantes, erotizados, en momentos de intimidad, pero protegidos del rechazo en una identidad universal".

La misma galería le había dedicado a Centurión un solo show en Art Basel Miami en 2018, cuando el curador español Gabriel Pérez-Barreiro le rindió también homenaje en la Bienal de San Pablo. Ese mismo año, en arteBA, este último moderó una charla sobre su legado y el de Omar Schiliro, entonces protagonista de una conmovedora retrospectiva en Colección Fortabat. Ambos artistas, recordó, "encarnan la importante mudanza estética" impulsada en la década de 1990 desde el Centro Cultural Rojas, que significó "una renovación del arte argentino, cuyos efectos se sienten hasta hoy".

"Paraguay es un mundo femenino. Al desaparecer prácticamente todos los hombres, la mujer es la que construye la patria de nuevo", dice el artista al referirse a las consecuencias de la Guerra de la Triple Alianza, en una entrevista grabada por el coleccionista Gustavo Bruzzone y reproducida en el documental de Mon Ross. "Por eso el crochet, los tejidos, el ñandutí, la cosa popular -explica-. No puedo olvidarme de mi mamá, de mi abuela, de mis tías bordando, tejiendo".

Todo eso le estaba vedado en su infancia, sin embargo. Recién cuando se perdió en el anonimato de Buenos Aires, tras haber estudiado el secundario en Formosa, pudo dedicarse a hacer esas "cosas de mujer" que tanto le atraían y con las que desafiaría los estereotipos de género. Formado en la Pueyrredón y en la Cárcova, compraba en el Once y en San Telmo las telas que intervenía con flores, animales, palabras. Le gustaban especialmente las frazadas como "soporte afectivo, sensorial", asociadas con el abrigo y la protección, tan necesarios en estos tiempos.

Poco antes de morir como consecuencia del sida en 1996, a los 34 años, Centurión pintó sobre una manta un cordero sacrificado bajo una lluvia de estrellas. Entre las obras que dejó, prolijamente embaladas, la primera que encontraron sus amigos tenía bordada una inquietante frase: "Estoy vivo". Casi un cuarto de siglo después, el artista paraguayo que revolucionó con su ternura la escena porteña parece estar más vivo que nunca.