El fundamento histórico de la Navidad | Opinión

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Walter Chávez/Unsplash

Desde el 24 de diciembre por la noche (Nochebuena) hasta el 9 de enero, aproximadamente 2,600 millones de cristianos celebrarán el nacimiento de Jesús.

Sorprendió a los lectores de este periódico un artículo fechado el 22 de diciembre que priva al Cristianismo de sus cimientos históricos. Se titula, “¿Cuál es la verdad sobre la vida de Jesús?”.

El autor dice que solo los libros del Nuevo Testamento mencionan a Jesús. No es cierto. Hubo autores muy antiguos que reportan sobre la existencia de Jesús. Recordemos al historiador judío Flavio Josefo, así como a los historiadores romanos Tácito y Suetonio, entre otros.

El articulista afirma que la historia de Jesús no tuvo lugar dentro de la historia humana. Pues bien, los autores del Nuevo Testamento evitaron las imprecisiones propias de las fábulas. Más bien se esforzaron por enmarcar la Navidad en un contexto geográfico e histórico bien concreto.

Jesús nació “en Belén de Judea en tiempos del Rey Herodes” (Mt. 2.1). El evangelista San Lucas ofrece lujo de detalles sobre los comienzos de la vida pública de Jesús: “En el año decimoquinto del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás…” (3.1-2).

Después de la muerte y resurrección de Jesús comenzó la predicación oral sobre lo que Él hizo y dijo. Con el tiempo esas narraciones fueron consignadas en escritos que se conocen como Nuevo Testamento. Los apóstoles no tenían incentivo humano para cumplir con el mandato de Jesús. Sólo se ganaron persecuciones, cumpliéndose aquello de que “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos” (Tertuliano). El Cristianismo se extendió por todo el mundo sin contar con los recursos humanos del poder y del dinero.

Eventualmente, en el siglo IV, la religión cristiana prevalecería en el Imperio Romano. Los sucesores de los apóstoles comienzan a presentar la fe en categorías filosóficas propias de la cultura vigente. Esas formulaciones fueron el resultado de los primeros concilios ecuménicos, como los de Nicea (+329), Constantinopla (+381), Efeso (+431) y Calcedonia (+451). No decían verdades nuevas. No crecía la doctrina; solo crecía la explicación o teología.

El artículo que comentamos atribuye a la Iglesia la doctrina de la doble personalidad de Jesús. Precisamente los concilios dejaron claro todo lo contrario, que hay una sola persona en Jesús, la del Hijo eterno. Lo que sí hay que distinguir son las dos naturalezas, humana y divina.

El autor se pregunta si el Cristianismo llegará a desaparecer. Si no ha desaparecido tras 21 siglos de agitada historia, difícilmente llegue a desaparecer. Los cristianos profesan felices su fe con la confianza que les infundió Jesús glorioso al despedirse: “Yo estaré con Ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20).

Eduardo M. Barrios, S.J.; correo: ebarriossj@gmail.com.

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