Esta fundadora no quiere ser encasillada con etiquetas femeninas

Katherine Rosman
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Ashley Sumner, directora ejecutiva de Quilt. (Alec Kugler vía The New York Times)
Ashley Sumner, directora ejecutiva de Quilt. (Alec Kugler vía The New York Times)
Ashley Sumner, directora ejecutiva de Quilt. (vía Ashley Sumner vía The New York Times)
Ashley Sumner, directora ejecutiva de Quilt. (vía Ashley Sumner vía The New York Times)

En una economía emergente de personas que se describen como “chicas emprendedoras”, Ashley Sumner quiere ser conocida en términos más simples.

Mientras corría cerca de su casa en el barrio de Venice, en Los Ángeles, a principios de marzo, Sumner pensaba en la identidad y en las frases alegres que las mujeres profesionistas utilizan para describirse en internet: “chica al mando” y similares.

“Me preocupa el impacto negativo de eso”, dijo Sumner, de 32 años. “Me preocupa que permita a los inversores ver a las fundadoras como una clase separada del resto de los fundadores. Me preocupa que permita a los inversionistas dar a las mujeres fundadoras cheques más pequeños. Creo que las mujeres tienen que ayudar a inspirar a otras mujeres, pero también que la identidad puede utilizarse como etiqueta para separarnos”.

Sumner es la directora ejecutiva de Quilt, una plataforma de audio para conversaciones sobre temas de autocuidado como el bienestar en el trabajo, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y la astrología. (En la época prepandémica, la empresa organizaba reuniones de trabajo y discusiones de grupo en las casas de la gente).

Se ha sentido marginada a la sección de mujeres de los círculos de fundadores. “Siempre me piden que hable en el panel de mujeres fundadoras”, dice Sumner. “Quiero que me pidan que hable en el panel general”.

Ya que está en el negocio de los debates, se preguntó si podría iniciar uno con la pregunta central. “¿Cuándo es exitoso etiquetar en apoyo y celebración de la promoción de nuestra misión de igualdad y cuándo es una señal de ‘otredad’ y perjudica nuestra misión?”.

Corrió a casa, se sentó sudando frente a la computadora, escribió unas cuantas palabras y las puso sobre una fotografía suya. “Soy una mujer fundadora”, escribió, luego tachó de manera dramática la palabra “mujer” y añadió un pie de foto que decía: “Poner mi género delante de lo que soy menosprecia lo que he conseguido”.

Sumner no es especialmente activa en Instagram o Twitter. En LinkedIn, nunca ha hecho más que reenviar los artículos o reflexiones de otra persona. Sin embargo, dado que la plataforma se centra en la vida profesional, pensó que era un lugar razonable para compartir por primera vez su trabajo.

La publicación de Sumner se ha granjeado casi 20.000 comentarios, de hombres y mujeres de Estados Unidos, Australia, África, América Latina, India y más allá; de ejecutivos, trabajadores de la construcción, empleados de la salud, profesores y profesionales militares.

Después de leerlo, Kate Urekew, fundadora de Revel Experiences, una empresa de mercadotecnia de Boston, se puso en contacto con tres empresarias de éxito que conoce para preguntarles su opinión. Cada una de ellas dijo que todavía no hay suficiente representación de mujeres en los rangos de liderazgo como para ignorar las disparidades de género. “Para cambiar las cosas y lograr realmente la paridad, es necesario que otras mujeres tengan más visibilidad”, dijo Urekew, de 50 años.

Y añadió: “Me encanta que haya iniciado este debate, me ha abierto los ojos a muchos más aspectos”.

Los comentarios reflejan una gama de perspectivas y son en su mayoría civiles, algo poco común para una publicación viral en las redes sociales, especialmente una sobre la identidad.

“Esto es lo que todos necesitamos oír”, escribió un hombre. “Demasiada política de identidad lleva a un sesgo de confirmación”.

“No creo que hayamos llegado todavía”, escribió una mujer. “Aún estamos en un punto en el que tratamos de conseguir la igualdad de condiciones, y eso requiere conciencia, ¿no?”.

“Tener éxito en el mundo de los negocios significa que estás logrando algo grande y en algunos casos superando a un varón”, escribió un hombre.

Más de 150 mujeres fundadoras publicaron fotos similares de ellas mismas, tachando la palabra “mujer”, y luego compartieron lo que ya era un meme en internet.

Faryl Morse, de 55 años, propietaria de la empresa de calzado Faryl Robin, también se animó a hacer su propia publicación, en la que enumeró la jerga en inglés que se usa en las redes sociales: “Boss Babe”, “WomEntrepreneur”, “Girl Boss” y “Mompreneur”.

“Por favor, dejemos de añadir estos lindos nombres a las mujeres que son ambiciosas y van tras sus sueños con persistencia”, escribió. “Eso no está empoderando a ninguna mujer”.

Morse quiere que otras mujeres vean su éxito y sepan que ellas también pueden aspirar a tener y operar un negocio próspero en una industria dominada por los hombres, y cree que ser mujer le da una perspectiva diferente y valiosa. “Pero no soy una mujer fundadora”, dijo. “Soy una fundadora. Fin de la conversación. El género no debería ser descriptivo en el mundo en que vivimos hoy. No me define como profesional”.

Rayy Babalola, fundadora de Agile Squad, una empresa de gestión de proyectos y consultoría de Kent, Inglaterra, se sintió cautivada por las respuestas en LinkedIn, pero afirma que no es tan fácil que todo el mundo abandone las etiquetas y olvide la lucha y la perseverancia necesarias para encontrar el éxito profesional.

Babalola, de 30 años, cree que llamarse a sí misma mujer negra fundadora de empresas transmite que ha superado el doble de obstáculos del sexismo y el racismo. Asimismo, siente la responsabilidad de señalar a otras mujeres negras que ellas también pueden encontrar un camino hacia la propiedad empresarial.

“Ser una mujer negra ha afectado la manera en que me han tratado, y eso me ha impulsado a convertirme en fundadora”, dijo. “Y no se puede ser egoísta”, comentó. “El hecho de que hayas encontrado un camino no significa que ahora puedas quedarte callada”.

Cree que identificadores como “mujer fundadora” y “empresa de propiedad negra” siguen siendo importantes. “Hasta que esos términos dejen de perturbar las mentes”, dijo, es necesario utilizarlos para recordar al mundo que siguen siendo algo novedoso y minoritario.

This article originally appeared in The New York Times.

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