Las fuerzas afganas aliadas de Estados Unidos están en la clandestinidad, perseguidas por los talibanes

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Comandos afganos en Lashkar Gah, Afganistán, el 8 de mayo de 2021. (Jim Huylebroek/The New York Times)
Comandos afganos en Lashkar Gah, Afganistán, el 8 de mayo de 2021. (Jim Huylebroek/The New York Times)

Columnas de soldados afganos en vehículos blindados y camionetas aceleraron su paso por el desierto para llegar a Irán. Los pilotos militares volaron bajo y rápido hacia la seguridad de las montañas de Uzbekistán.

Miles de miembros de las fuerzas de seguridad afganas lograron llegar a otros países durante las últimas semanas, mientras los talibanes se apoderaban rápidamente de Afganistán. Otros lograron negociar rendiciones y regresaron a sus hogares. Algunos conservaron sus armas y se unieron al bando ganador.

Todos fueron parte de la repentina atomización de las fuerzas de seguridad nacional en la que Estados Unidos y sus aliados gastaron decenas de miles de millones de dólares para armar, entrenar y hacerle frente a los talibanes. Fue un esfuerzo de dos décadas en la construcción de una institución que se desvaneció en pocos días.

Pero decenas de miles de otros soldados, miembros de comandos y espías afganos que combatieron hasta el final —a pesar del discurso en Washington de que las fuerzas afganas simplemente se rindieron— han sido abandonados. Ahora están huyendo, en la clandestinidad, perseguidos por los talibanes.

“No hay salida”, dijo Farid, un miembro de un comando afgano, en un mensaje de texto a un soldado estadounidense que combatió junto a él. Farid, quien accedió a ser identificado solo por su nombre de pila, dijo que estaba escondido en las montañas del este de Afganistán, pues quedó atrapado cuando las unidades del ejército regular se rindieron a su alrededor. “Estoy rezando para que me salven”.

Los relatos sobre talibanes en busca de personas que creen trabajaron y combatieron junto a las fuerzas estadounidenses y de la OTAN están comenzando a emerger, lo que marca un claro y sangriento contraste con la imagen más amable y gentil que los militantes han estado tratando de presentarle al mundo.

Los talibanes están amenazando con arrestar o castigar a familiares si no encuentran a las personas que buscan, según exfuncionarios afganos, un informe confidencial preparado para las Naciones Unidas, y veteranos militares estadounidenses que han sido contactados por afganos desesperados que combatieron junto a ellos. La mayoría habló bajo condición de anonimato a fin de proteger a los amigos y seres queridos que aún están escondidos en Afganistán.

Un soldado de las fuerzas especiales de la policía afgana en una posición de primera línea en Kandahar, Afganistán, el 4 de agosto de 2021. (Jim Huylebroek/The New York Times)
Un soldado de las fuerzas especiales de la policía afgana en una posición de primera línea en Kandahar, Afganistán, el 4 de agosto de 2021. (Jim Huylebroek/The New York Times)

Los funcionarios dijeron que los talibanes habían estado revisando los registros del Ministerio de Defensa, el Ministerio de Asuntos Interiores y la sede del servicio de espionaje de Afganistán, elaborando listas de operativos a buscar. Cada vez hay más y más reportes de que los talibanes están exigiendo una venganza rápida y letal cuando los encuentren.

En teoría, las fuerzas de seguridad afganas suman unos 300.000 elementos. Pero debido a la corrupción, la deserción y las bajas, solo una sexta parte de ese número estuvo realmente en la lucha contra los talibanes este año, dijeron funcionarios estadounidenses.

Miles se rindieron cuando los talibanes tomaron por asalto el país y depusieron las armas tras la promesa de que no sufrirían ningún daño. Hasta el momento, parece que los talibanes están cumpliendo con esos acuerdos —históricamente, es una característica típica de la guerra afgana— y dan la impresión de estar concentrados en los 18.000 miembros de grupos comandos del ejército, muchos de los cuales no capitularon, y en los agentes del servicio de espionaje del país, la Dirección Nacional de Seguridad (NDS, por su sigla en inglés).

Algunos de estos hombres se han refugiado en el valle de Panjshir, una franja estratégica al norte de Kabul donde un puñado de líderes afganos están tratando de organizar una fuerza de resistencia contra los talibanes. Se dice que tienen entre 2000 y 2500 hombres, pero no hay una confirmación independiente de ese dato.

Hace dos décadas, el líder de los muyahidines de Panjshir, Ahmed Shah Massoud, por años defendió exitosamente el valle de la amenaza talibana. Luego, la región le proporcionó a los espías y a las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses una plataforma de lanzamiento para la invasión que expulsó a los talibanes del poder en los meses posteriores a los hechos del 11 de septiembre.

Pero en esta oportunidad, los de Panjshir carecen de armas pesadas, de una línea de suministro a través de las fronteras del norte de Afganistán, de un apoyo internacional significativo o de un líder unificador como Massoud. Incluso los afganos que apoyan su esfuerzo consideran que tienen pocas probabilidades de éxito.

En el aeropuerto de Kabul, varios cientos de comandos de la NDS están asistiendo a los miles de soldados e infantes de marina estadounidenses que supervisan la evacuación de extranjeros y afganos, según funcionarios estadounidenses y exfuncionarios afganos. El acuerdo alcanzado con Estados Unidos estipula que los afganos serán de los últimos en irse, para que funjan como grupo de retaguardia antes de salir por aire rumbo a la libertad.

“Están actuando de manera heroica”, dijo un funcionario estadounidense.

“Por decir lo menos”, respondió otro.

Los comandos de la NDS tienen buenas razones para tener miedo. Las unidades mataron a numerosos combatientes y comandantes talibanes, y los talibanes parecen estar ansiosos por vengar esas muertes.

Los talibanes comenzaron a aparecer en las casas de altos funcionarios de inteligencia poco después de que se mudaran a Kabul el domingo 15 de agosto. Según un exfuncionario afgano, los talibanes entraron a la casa de Rahmatullah Nabil, exjefe de la NDS que abandonó el país en los últimos días, con equipos electrónicos para peinar todo el lugar.

En el apartamento de otro agente antiterrorista, los talibanes dejaron una carta a principios de esta semana en la que le exigían al hombre que se presentara ante la Comisión Militar y de Inteligencia de los talibanes en Kabul. La carta se reprodujo en el informe confidencial de las Naciones Unidas, aunque el nombre y el cargo del funcionario habían sido suprimidos.

Los agentes antiterroristas fueron responsables de supervisar los grupos comandos que perseguían a los líderes talibanes, y la carta decía: “El Emirato Islámico de Afganistán lo considera una persona importante”.

La carta advertía que si el agente no se presentaba ante los talibanes como se le había ordenado, su familia sería detenida y castigada.

El documento fue entregado a las Naciones Unidas por el Centro Noruego de Análisis Globales, un grupo que proporciona información de inteligencia a las agencias de la organización mundial. Se compartió a nivel interno en las Naciones Unidas y visto por The New York Times.

Hay múltiples reportes de que los talibanes tienen una lista de personas a las que quieren interrogar y castigar, así como sus direcciones, según el documento. Además, añade que los talibanes han estado yendo de puerta en puerta “arrestando y/o amenazando con asesinar o arrestar a familiares de las personas buscadas a menos de que se entreguen a los talibanes”.

© 2021 The New York Times Company

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