Fuertes críticas en Brasil a la decisión de Jair Bolsonaro de recibir la Copa América

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(ARCHIVO) En esta foto de archivo tomada el 7 de julio de 2019, el presidente brasileño Jair Bolsonaro (izq.) Saluda al presidente de la Conmebol, el paraguayo Alejandro Domínguez, antes de la final del torneo de fútbol de la Copa América entre Brasil y Perú. en el Estadio Maracaná de Río de Janeiro, Brasil
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RÍO DE JANEIRO.- “Insanidad”. “Campeonato de la muerte”. La sorpresiva decisión de Conmebol de mudar a Brasil la Copa América generó un aluvión de críticas de la oposición a Jair Bolsonaro y la resistencia de por lo menos tres gobernadores a que el torneo se juegue en sus distritos, justo cuando los sanitaristas alertan de que el país podría estar a las puertas de una tercera ola de Covid-19.

Al caer la noche, el ministro de la Casa Civil brasileña postergó la confirmación del evento para el martes y planteó que el gobierno quiere imponer condiciones como la vacunación de todas las delegaciones y que no haya público en los estadios.

El anuncio retumbó primero dentro del Congreso brasileño, donde por estos días trabaja una comisión en el Senado que investiga justamente las omisiones del gobierno en la crisis pandémica. Varios senadores repudiaron la decisión del Palacio del Planalto e ironizaron sobre el contraste entre la agilidad que mostró el Ejecutivo para aceptar la organización de la competencia en contraste con la lentitud para cerrar contratos de compra de vacunas contra el coronavirus.

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“Con más de 462.000 muertes, ser sede de la Copa América es (hacer) un campeonato de la muerte. Las ofertas de vacunas se llenaron de moho en cajones, pero para el torneo (el gobierno) fue ágil”, dijo Renan Calheiros, senador conductor de la llamada CPI (Comisión Parlamentaria de Investigación) de la pandemia. “Sindicato de negacionistas: gobierno, Conmebol y CBF (Confederación Brasileña de Fútbol)”, agregó.

En un tono similar, el vicepresidente de la CPI, Randolfe Rodrigues, del partido Rede, anunció que va a promover un pedido de citación al presidente de la CBF, Rogerio Caboclo, para que dé explicaciones en la comisión. “Si se realiza, el evento será una afronta a las más de 450.000 personas que perdimos por el coronavirus”, aseguró Rodrigues. “Soy amante del fútbol, pero defensor de la vida. Si el gobierno hubiese tenido esa agilidad para responder a Pfizer, seguramente podríamos recibir el evento”.

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Brasil salió de su segunda ola de la pandemia en abril, tras haber reportado a comienzos de ese mes más de 4200 muertes diarias en el peor boletín diario. En los últimos días, con la flexibilización de las medidas restrictivas, la curva epidemiológica comenzó a revertir la tendencia de caída y mostró un leve repunte en el número de infecciones. La ocupación de camas de terapia intensiva también subió, y 18 estados y el distrito federal -Brasilia- están en estos momentos con una ocupación superior al 80%.

Las autoridades de San Pablo, por caso, esperan un pico de internaciones para la segunda semana de junio, cuando está prevista la fecha inaugural de la Copa. Según especialistas, el incremento de la ocupación de camas puede indicar el comienzo de una tercera ola de contaminaciones en el país.

Las palabras del propio vicepresidente del país, el general Hamilton Mourão, fueron sintomáticas. “Vamos a decir lo siguiente... No es que sea más seguro, es menos riesgo (hacer la competencia en Brasil que en la Argentina). El riesgo continúa”, dijo a los periodistas en Brasilia. Un reconocimiento de la situación comprometida.

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A medida que pasaron las horas, varios gobernadores brasileños sentaron públicamente su postura. Los jefes de estado de Pernambuco, Río Grande del Norte y Río Grande del Sur rechazaron recibir el torneo, alegando que la prioridad es el combate al virus. Otros dos estados, San Pablo y Bahía, se pusieron a disposición para recibir partidos, pero siempre y cuando sea sin público en las tribunas.

La CBF y la Conmebol esperaban oficializar las sedes del torneo, contemplando que deberán ajustar su decisión al visto bueno de los jefes locales, que por decisión de la Corte brasileña son quienes tienen la última palabra para autorizar o no eventos en sus jurisdicciones.

El izquierdista PT, en tanto, planeaba presentar un recurso en el Supremo Tribunal Federal para evitar que se celebre la Copa en suelo brasileño. “Nos enteramos que Bolsonaro autorizó la Copa América en Brasil. ¿En medio a la llegada de la tercera ola, al riesgo de falta de camas e insumos y con la vacunación lenta? Increíble”, dijo la presidente del partido, Glesi Hoffmann.

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Luego de una tarde movida en Brasilia, inesperadamente el ministro jefe de la Casa Civil, Luiz Eduardo Ramos, abrió interrogantes sobre la organización del torneo en Brasil, algo que a esa altura parecía definido. Ramos intentó mostrar que la pelota está en los pies del gobierno brasileño y aseguró que la decisión final será comunicada el martes.

“En caso de que se haga, no habrá público. Son 10 equipos y fue acordado que haya 65 personas por cada delegación, todas vacunadas. Fue nuestra imposición junto con la CBF. Hasta ahora no hay ningún documento firmado, apenas tratativas”, aseguró Ramos.

El ministro dijo que la CBF será responsable por elegir las sedes.

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Ramos admitió que Brasil sigue cursando una pandemia, pero resaltó que en estos momentos ya hay partidos en todo el país. “No entiendo por qué algunos se pronuncian en contra del evento si hay partidos de campeonato brasileño, hubo de los estaduales y de la (Copa) Libertadores”, agregó el ministro, que destacó una vez más que “todavía no hay nada definitivo”.

La mortalidad por el Covid-19 en Brasil se estabilizó en los últimos días en un promedio de 1800 fallecidos diarios. Según un boletín epidemiológico de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) publicado el jueves, en las próximas dos semanas podría escalar a un promedio de entre 2000 y 2300.

La Fiocruz había señalado como necesario que “el gobierno federal asuma un papel de liderazgo y responsabilidad” para adoptar estrategias coherentes que bloqueen la transmisión y había sugerido la adopción de lockdowns en regiones donde la ocupación de camas supera el 80%, requisito para el que hoy calificarían Río y San Pablo. La ciencia y el gobierno en caminos separados otra vez, con un Brasil que se prepara para ser escenario de la mayor competición de selecciones de fútbol del continente en menos de dos semanas.