Fuerte respaldo de Francisco: “No quiero que ensucien a Poli, es una víctima”

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Soledad Aznarez

Cordialidad y respaldo. Y una “gracia muy especial”. En la intimidad de la residencia de Santa Marta, el papa Francisco recibió durante una hora y media al arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, y le transmitió su confianza , en medio del escándalo desatado por la auditoría del Vaticano, que reveló la falta de controles internos en operaciones inmobiliarias llevadas adelante en la arquidiócesis.

Según confiaron a LA NACION fuentes del Vaticano, el pontífice está convencido de que el cardenal primado no está involucrado en maniobras irregulares. “No quiero que ensucien a Poli. Es una víctima” , dejó trascender Francisco a un allegado.

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Horas después de la entrevista, Poli difundió un mensaje por YouTube a la comunidad porteña, en la que destacó el encuentro, que recibió como “una gracia especial” y señaló que conversaron sobre varios temas, aunque no mencionó el de la auditoría.

“Lo vi muy bien, con algunos problemitas en la rodilla. Le pedí que bendiga los frutos del Sínodo. Hemos charlado de un montón de cosas, rezamos por la Argentina. Les comparto la alegría del encuentro”, contó Poli, en un tono sereno. Agregó que visitó distintos organismos de la curia romana y ratificó especialmente su ‘fidelidad al Papa’”.

La reunión fue “muy cálida”, confirmaron fuentes confiables. Y el Papa habría percibido cierto cansancio en el cardenal primado por la situación que enfrenta como responsable de la arquidiócesis , tras el fuerte impacto que causaron las observaciones de la auditoría de la Congregación para el Clero. Pero prevalecería la intención de que Poli permanezca en sus funciones, al menos hasta fin de año. En noviembre llegará a los 75 años, el límite de edad que establecen las normas canónicas para ejercer funciones pastorales en la Iglesia, y debería presentar su renuncia.

El encuentro fue a solas y el carácter privado estuvo dado, incluso, por el hecho de que la audiencia no se incluyó en la agenda oficial de actividades de Francisco.

La reunión se desarrolló poco después de recibir una carta de los obispos argentinos, reunidos en la asamblea plenaria del Episcopado, que le transmitieron su cercanía, afecto y adhesión. “Nos duele el maltrato injusto a tu persona y a tu misión, sobre todo en nuestro país, movidos seguramente por intereses de poder y hasta mala intención que buscan manchar tu imagen y confundir a nuestro pueblo”, le dijeron sus antiguos compañeros en la Conferencia Episcopal.

Señales

LA NACION pudo saber que el Papa dio señales de cierta desconfianza en la gestión administrativa de algunos de los que que acompañan al cardenal Poli en la principal arquidiócesis del país. No gozaría de un fuerte respaldo el obispo auxiliar y vicario general, monseñor Enrique Eguía Seguí, pese a que el informe de la auditoría destaca especialmente su “disponibilidad y dedicación de tiempo”, en la atención de los inspectores de la Congregación para el Clero enviados en octubre pasado a Buenos Aires.

“El cardenal Poli se dejó aconsejar por Eguía, responsable de estas cosas, junto con el sacerdote Martín Bracht, señalado en el informe”, reveló una fuente al transmitir el pensamiento de Francisco, quien conoce como pocos el funcionamiento del arzobispado y al personal que allí se desempeña. Estos señalamientos sorprenden en medios eclesiásticos, donde se reconoce el trabajo de ambos religiosos.

La auditoría, de cinco páginas, desnuda deficiencias en el manejo administrativo de la arquidiócesis, reflejadas particularmente en la ausencia del funcionamiento de los organismos internos de control, que no estuvieron activos en los últimos dos años, en especial durante la pandemia.

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Se trata del Consejo de Asuntos Económicos, virtualmente paralizado durante la emergencia sanitaria, y el Colegio de Consultores, cuyos miembros tenían sus mandatos vencidos. Poli suplió de hecho ambos organismos de control con la creación de la Delegación para la Administración Arquidiocesana que, a diferencia de los otros organismos, tenía dependencia directa del Arzobispado y cuyos miembros fueron cuestionados en la auditoría.

Del informe de los auditores surge que la curia metropolitana se desprendió de propiedades del Arzobispado, como la Casa del Catequista, en el barrio de Palermo, en una enajenación del patrimonio que no habría contado con las autorizaciones del Episcopado y de la Santa Sede.

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