La fuerte reacción interna de Mujeres Gobernando tras las tensiones de Seguridad entre Sabina Frederic y Sergio Berni

Jorge Liotti
·5  min de lectura
Mujeres Gobernando es un "colectivo de políticas argentinas que trabaja, milita y gestiona por la igualdad, la paridad, el fin del las violencias y del patriarcado", según indican en su cuenta de Twitter oficial
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De todos los conflictos que se reavivaron en los últimos días, el más crítico fue el que reverdeció en el área de Seguridad, donde aún saltan las esquirlas tras el tiroteo frontal entre Sergio Berni y Sabina Frederic. En la Casa Rosada hubo una fuerte reacción interna que se canalizó primero en la cuenta de Twitter Mujeres Gobernando, un colectivo que reúne a unas 250 funcionarias, que expresó su rechazo a la violencia utilizada por el ministro bonaerense. Después el tema escaló al chat del Gabinete, donde circularon interconsultas entre figuras de la primera línea. Allí hubo expresiones de que se había “superado el límite tolerable” y que se trataba de un “grave problema político”.

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Frederic reclamó respaldo y Fernández le dijo a Cafiero, su mentor, que la recibiera. Ella temió la suerte de Marcela Losardo, quien un día miró para atrás y se encontró sola. Todavía espera una declaración pública contundente de apoyo. El Presidente dice que no va a hablar con Kicillof del tema porque Berni “no merece que gaste un segundo en él, ya que solo le hace daño al espacio”. Otro importante referente del Frente de Todos asegura que Fernández habló del tema con Cristina, y que la vicepresidenta le propuso un intercambio de rehenes: si se va Berni, también se tiene que ir Frederic.

Los intendentes se sumaron a la presión sobre Alberto. Pidieron la cabeza del médico pistolero, no solo por lo que dijo de su colega, sino porque lo hizo al lado de Diego Santilli, el hombre que en representación de Horacio Rodríguez Larreta viene caminándoles el conurbano como posible candidato. Kicillof solo dejó trascender una reunión con Berni y un mensaje: “Sigue firme en su cargo”. El efecto del enfrentamiento político hacia el interior de las fuerzas de seguridad es imposible de mensurar. En una estructura acostumbrada al verticalismo empieza a prevalecer un criterio de autopreservación muy preocupante para la lucha contra el delito. “Cuando pasan estas cosas, los policías prefieren no tomar riesgos, llegan al lugar de los delitos con sirena a todo vapor y andando a 60”, retrata un especialista en la materia.

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Frederic no solo tiene abierto el frente externo con la Provincia; también debe lidiar, como varios de sus pares, con los movimientos domésticos. En el Ministerio de Seguridad está atenazada por Cecilia Rodríguez, que actúa como una veedora del Instituto Patria que reporta todos los operativos y allanamientos que se realizan; y Gabriel Fuks, que trabaja como un guardián ideológico, que se ha jactado varias veces de “estar muy orgulloso de integrar un ministerio hipergarantista”.

Al problema de origen del diseño del gobierno, pensado más como un loteo para equilibrar las fuerzas del Frente de Todos que como un equipo para afrontar un país en crisis, ahora se sumó una dinámica acelerada que desestabiliza aún más el funcionamiento del gabinete. Antes del vacunatorio vip Ginés González García venía chocando seguido con Carla Vizzotti y al final terminó eyectado. Losardo soportó la pinza de Mena y Horacio Pietragalla, y fue reemplazada por Soria, que ingresó igualmente condicionado. Kulfas sufre el limado prolijo de Español, Guzmán es cuestionado internamente por Kicillof y un sector del kirchnerismo que lo acusa de ortodoxo, y Frederic sufre por el flanco derecho con Berni y por el izquierdo con Rodríguez y Fuks. Es comprensible entonces que cada decisión se haya transformado en un laberinto de burocracia política donde nadie sabe exactamente cómo es el recorrido.

Esta percepción emergió en un trabajo de la consultora Isonomía, donde en números redondos queda evidenciado el deterioro de la imagen de Alberto Fernández en el último año, que pasó de un 80 % de aceptación a un 40 %, con el agravante de que en marzo de 2020 solo la mitad de esos apoyos se reconocía kirchnerista, y hoy es casi la totalidad. Es decir, perdió todo lo que él aportaba a la coalición. Pero lo más complicado es que su capacidad de administrar los principales problemas de la sociedad luce descascarada: la cantidad de gente que dice que puede controlar la inflación pasó del 70 % al 30 %; la que valora su manejo de la economía se redujo en igual proporción, y la que está satisfecha por su manejo de la salud, menguó de 80 % a 45 %.

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Este último punto se ha vuelto más crítico porque en el Gobierno ven pasar las semanas y la solución de las vacunas se demora. Esta inquietud también se reflejó en las reuniones con los gobernadores y los ministros de Salud, que le demandan a Vizzotti mayores certezas. “Somos nosotros los que después tenemos que dar la cara en las provincias, y además no nos dejan comprar por nuestra cuenta”, se quejó uno de ellos. En la Ciudad, Rodríguez Larreta reunió a su equipo más cercano y bajó la directiva de preparar un plan de contingencia para después de Semana Santa.

Desde que empezó el año el Gobierno solo encadena conflictos con escándalos, una secuencia que incluso le impide capitalizar datos positivos como la suba de los precios de las materias primas o la posibilidad de recibir una partida extra del FMI por una decisión global del organismo destinada a paliar los efectos de la pandemia. Tampoco alguna tibia reactivación en algunos sectores productivos que estaban paralizados por la cuarentena. Empieza a revelarse que el problema del Gobierno no es solo el Covid-19 sino su estructura y su funcionamiento.

Alberto Fernández, autor material de la criatura, no exhibe herramientas para componer las averías. Cristina Kirchner, creadora intelectual del proyecto, empieza a pensar en otros futuros.