El frustrado intento de expulsar "por la fuerza" a un migrante de Reino Unido a Ruanda

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Barham Hama Ali, un kurdo iraquí de 25 años y cuya expulsión de Reino Unido a Ruanda se paralizó cuando ya se encontraba en un avión, aún tiene miedo de ser enviado a aquel país, dice a AFP al rememorar su odisea.

En una comunicación telefónica desde un centro de detención cerca de Londres, relata que, como miles de migrantes kurdos, sirios o afganos, emprendió el viaje hacia Reino Unido en primavera.

Originario de Sayyed Sadiq, una localidad de la región autónoma del kurdistán iraquí, salió de su país por la mala situación económica y la falta de trabajo.

Su deseo era también huir de "los ataques de las fuerzas extranjera", turcas que, según Ankara, tienen como objetivo a los combatientes kurdos turcos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Irak. Pero los ataques aéreos también apuntan a los civiles.

Tras pasar por Turquía, este joven llegó a Francia y decide viajar a Reino Unido "tomando muchos riesgos".

"Gasté cerca de 15.000 dólares para mi viaje", explica. Cuando desembarcó, el 23 de mayo, las autoridades británicas lo llevaron "a un campo".

"Me quedé ahí dos días y después nos pidieron designar un abogado para hablar con él de nuestra situación y de la cuestión del asilo", dijo.

A continuación Barham Hama Ali fue trasladado al centro de detención de migrantes de Colnbrook, cerca del aeropuerto londinense de Heathrow.

El 3 de junio, recibió "un boleto para Ruanda". Sin quererlo, era parte del primer contingente de migrantes irregulares que el gobierno británico de Boris Johnson trataba de expulsar hacia ese país de África del este.

- Cuatro guardias por migrante -

El 14 de junio, el avión estaba listo para viajar a Ruanda desde una base militar. "Éramos siete migrantes, cada uno escoltado por cuatro guardias. Nos metieron en el avión por fuerza", asegura Ali. "Estábamos en choque", recuerda.

"Aparte de mí, había otro kurdo de Suleimaniya [en el kurdistán iraquí], dos kurdos de Irán, un iraní, un vietnamita y un albanés", recuerda.

Cuando estaban en el avión, "el viaje fue anulado y volvieron a llevarnos al campo" de Colnbrook, donde sigue detenido.

Justo antes de que el avión despegara, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) logró bloquear las expulsiones.

Una semana después, Barham Hama Ali ignora lo que pasará y "exige quedarse en Reino Unido".

"Pedimos el asilo en el Reino Unido porque nuestras vidas no eran seguras y ahora quieren trasladarnos a un país roto por la guerra", deplora.

"Tengo miedo que decidan llevarnos a Ruanda. Significa nuestra muerte", suspira.

El TEDH dictaminó que la justicia británica tenía que analizar con detalle la legalidad del dispositivo --previsto en julio-- antes de expulsar a los migrantes.

Pese a la decisión de la Corte, el gobierno británico aseguró que no iba abandonar su estrategia de expulsión.

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