La fregona es española, pero no la inventó un hombre: ¿se silenció a sus creadoras?

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Hay un objeto cotidiano prácticamente omnipresente en los hogares de todo el mundo, ya que se encuentra en el 97% de estos: no se trata de la televisión ni del teléfono móvil, sino de algo tan sencillo como la fregona.

Antes de que existieran las fregonas los suelos se limpiaban de rodillas y con considerable esfuerzo. Y aunque Vileda es la marca más conocida, no es a esta empresa a quien debemos agradecer su invención. ¿Quién tiene, pues, el mérito de habernos puesto a fregar de pie y sin destrozarnos las manos con la lejía?

La fregona está presente en casi la totalidad de los hogares. Imagen vía Getty.
La fregona está presente en casi la totalidad de los hogares. Imagen vía Getty.

Durante mucho tiempo la invención de la fregona se ha atribuido a un hombre: Manuel Jalón Corominas, un riojano que sirvió en Zaragoza como ingeniero aeronáutico y oficial del Ejército del Aire. Inspirado por unos cepillos de palo largo que había visto utilizar en América, el inventor patentó dos modelos de fregona entre 1957 y 1964.

Aquí terminaría la explicación si no fuera por un inesperado giro de guión que se produjo en el año 2011, cuando la Oficina Española de Patentes y Marcas publicó el catálogo "200 años de patentes”. En dicho catálogo figura una patente registrada en 1953, cuatro años antes de la primera fregona de Jalón Corominas, de un dispositivo formado por cubo, palo y trapo que constituye una auténtica fregona en toda regla. El nombre de las titulares corresponde a dos mujeres naturales de Avilés, madre e hija: Julia Mon­toussé Fargues y Julia Rodríguez-Maribona.

El modelo de utilidad patentado por las Julias constituye una fregona en toda regla. Imagen del catálogo
El modelo de utilidad patentado por las Julias constituye una fregona en toda regla. Imagen del catálogo "200 años de patentes" de la Oficina Española de Patentes y Marcas

¿Qué sucedió para que el nombre de Manuel Jalón pasara a la historia y el de las Julias quedara relegado al olvido? ¿Se silenció deliberadamente a estas mujeres, como ha sucedido tantas veces a lo largo de la historia? La explicación parece estar, sencillamente, en los trámites: mientras que las Julias registraron un modelo de utilidad o patente de innovación, Jalón registró una patente de invención, que era más cara y ofrecía más años de protección.

Con el tiempo, la empresa de éste último adquirió el modelo de las avilesinas con la intención de mejorar un sistema de rodillos que ya comercializaba, pero el invento no funcionó debido a que sus piezas de metal dañaban rápidamente las bayetas. Jalón fue afinando el diseño y añadiendo sus retoques hasta conformar la fregona de plástico de una sola pieza que hoy todos conocemos.

Julia Mon­tousse Fargues y Julia Rodríguez-Maribona
Julia Mon­tousse Fargues y Julia Rodríguez-Maribona

Manuel Jalón fue un inventor de vocación al que también debemos la creación de las jeringuillas desechables. Pero el genio de Julia Mon­tousse Fargues y Julia Rodríguez-Maribona, mucho menos conocido, hace que sus nombres merezcan ser recordados en la historia.

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