El Freedom Park y el estadio de fútbol son victorias económicas y ambientales para Miami | Opinión

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Las grandes decisiones nunca son fáciles. Convertir el Melreese Country Club en el Miami Freedom Park no fue una excepción. Mientras mis compañeros comisionados de la ciudad de Miami y yo considerábamos la propuesta, la nefasta historia de Miami con los estadios pesaba sobre nuestras cabezas: ¿Repetimos los errores del pasado o aprendemos de ellos? A lo largo de años de duras negociaciones, puedo decir que elegimos lo segundo.

Las condiciones financieras del acuerdo sobre el estadio de fútbol son una gran victoria para Miami. Igualmente importante es la victoria ambiental de la ciudad. Como activista acérrimo en favor del medio ambiente, siempre me he preguntado por qué, en una ciudad en crecimiento de cemento y torres, vamos a reurbanizar nuestra mayor parcela de espacio verde. La respuesta es: porque tiene sentido. Cambiaremos una parcela contaminada por otra más limpia y grande, y todo ello sin gastar un centavo del dinero de los contribuyentes.

Llegué a la política hace siete años después de luchar contra la ciudad por el saneamiento de un parque contaminado frente a mi casa. Durante mis dos mandatos como comisionado, trabajé con la administración de la ciudad para finalizar la limpieza de 85 acres contaminados en seis parques de la ciudad y para ampliar nuestro sistema de parques mediante legislación y financiación. La ordenanza sobre la vía verde que presenté nos permitirá completar cinco millas del Miami Baywalk a través del downtown de Miami.

Además, la estipulación de “Sin Pérdida Neta” de la carta estatutaria de la ciudad nos obliga a reemplazar cualquier espacio verde que se convierta en otros usos. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en esta situación.

Veamos Melreese en su forma actual. Al llegar al Aeropuerto Internacional de Miami, el campo de golf tiene el atractivo visual de un vasto y saludable espacio verde. Sin embargo, esta fachada verde esconde un vertedero sin tratar a pocas pulgadas bajo el césped. Los niños pueden aprender a jugar al golf allí, pero no pueden sentarse en el pasto porque el saneamiento fue insuficiente para el uso del parque. Además, las grandes cantidades de fertilizantes, herbicidas y pesticidas que se usan para mantener el campo de golf fluyen directamente hacia el río Miami.

En cuanto a la accesibilidad, la tarifa con descuento para que un habitante de Miami juegue unas horas de golf en ese pasto es de $90. Estos factores por sí solos pudieran haber sido suficientes para que otra ciudad cediera el terreno y ofreciera una subvención. En Las Vegas y Buffalo, los residentes están subvencionando dos nuevos estadios con más de $750 millones cada uno.

Pero la historia de Miami –y nuestra comisión– exigía que no hubiera ninguna subvención, ningún terreno gratuito, alquileres comerciales a precio de mercado e ingresos fiscales para la ciudad. Los empleos empezarán en $18 la hora e incluirán mano de obra organizada en la construcción y la hotelería. Esta combinación de aspectos positivos no tenía precedentes, pero la disposición de Sin Pérdida Neta seguía vigente. Me mantuve firme en que, además de los citados datos financieros, los urbanizadores tendrían que comprometerse a:

▪ No recibir ningún descuento en su alquiler a precio de mercado por el costo de la limpieza de la contaminación.

▪ Completar un saneamiento de la contaminación de $30 millones en toda el área, a costa suya.

▪ Crear un nuevo parque de 58 acres abierto y gratuito para el público, a costa suya.

▪ Crear nuevos parques en toda la ciudad por valor de $20 millones para compensar la pérdida de espacios verdes en el emplazamiento, a costa suya.

▪ Proporcionar $5 millones para completar la vía verde de 10 acres del Miami Baywalk, a costa suya.

Desafié a este proyecto para que se convirtiera en el mejor acuerdo sobre estadios que cualquier ciudad del país haya redactado jamás. Como voto decisivo para poner el tema en la boleta, y luego para aprobar el acuerdo, tuve la influencia para asegurarme de que cada una de mis demandas para la ciudad se cumpliera. Y así fue. Los urbanizadores aceptaron todas las condiciones.

Cuando este proyecto se haya completado, habremos limpiado un importante vertedero con un proceso de remediación de última generación y habremos ganado un nuevo y hermoso espacio de parque. Desde el punto de vista económico y ambiental, estoy orgulloso de este acuerdo y creo que hará que Miami se sienta orgullosa durante muchos años.

Ken Russell representa al Distrito 2 en la Comisión de la Ciudad de Miami. Es candidato para el Distrito 27 del Congreso Federal.

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