¿Con qué frecuencia las vacunas contra la COVID causan problemas cardiacos en los niños?

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Un niño de 14 años recibe la vacuna contra la COVID-19 en East Hartford, Connecticut, el 13 de mayo de 2021 (Christopher Capozziello / The New York Times).
Un niño de 14 años recibe la vacuna contra la COVID-19 en East Hartford, Connecticut, el 13 de mayo de 2021 (Christopher Capozziello / The New York Times).

Los reguladores federales están revisando los datos sobre el vínculo entre la vacuna del coronavirus fabricada por Moderna y un problema cardiaco poco común en los adolescentes, según anunció la compañía el domingo. Ese efecto secundario, la miocarditis, una inflamación del músculo cardiaco, también ha preocupado a los asesores de las agencias federales en las deliberaciones sobre el uso de la vacuna Pfizer-BioNTech en niños más pequeños y adolescentes.

En una reunión que realizarán el martes, los científicos que asesoran a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés) revisarán los datos más recientes sobre la afección antes de decidir si recomendarán la vacuna Pfizer-BioNTech para niños más pequeños.

Entonces, ¿qué tan común es la miocarditis, en realidad? ¿Y deberían preocuparse los padres al vacunar a sus hijos?

Por supuesto que no, dijeron varios expertos familiarizados con los estudios recientes. Si bien las vacunas fabricadas por Pfizer-BioNTech y Moderna parecen estar asociadas con un mayor riesgo de miocarditis, el riesgo absoluto sigue siendo muy pequeño. La mayoría de los casos son leves y se resuelven al poco tiempo.

“Si observas un riesgo aislado, en realidad podrías ponerte muy nervioso y asustarte”, dijo Brian Feingold, experto en inflamación cardiaca en niños en el Hospital Infantil del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh.

Pero la COVID-19 en sí misma, señaló, es mucho más propensa a dañar el corazón de forma permanente: “Desde un punto de vista estadístico, eso es mucho más probable”.

Por lo general, la miocarditis es el resultado de una infección con un virus o una bacteria y causa síntomas como latidos cardiacos rápidos o irregulares, dolor en el pecho y dificultad para respirar. A nivel mundial, alrededor de 10 a 20 personas de cada 100.000 desarrollan miocarditis cada año, pero muchas otras tienen síntomas leves y es posible que nunca sean diagnosticadas.

Desde el inicio de la pandemia de coronavirus, decenas de miles de niños han sido hospitalizados con COVID y 657 han muerto, según datos recopilados por los CDC.

Algunos niños que están infectados con el coronavirus pueden desarrollar un COVID prolongado y seguir enfermos durante meses después de que desaparece la infección inicial, o el síndrome inflamatorio multisistémico, que ha afectado al menos a 5200 niños en los Estados Unidos.

Si bien existe un riesgo real de miocarditis después de la vacunación, “esos son números reales que son mayores”, dijo Feingold.

La incidencia de la miocarditis después de la vacunación varía con la edad, el sexo y la dosis, y entre varios de los estudios. Pero hasta ahora, la tendencia sugiere que las posibilidades son mayores después de la segunda dosis de una vacuna de ARN mensajero en pacientes varones de 16 a 29 años.

Hay cerca de 11 casos de miocarditis por cada 100.000 pacientes varones vacunados en este grupo de edad, según estimó un estudio. Las probabilidades de miocarditis disminuyen con la edad.

Los datos sobre adolescentes de 12 a 15 años son limitados, porque la vacuna Pfizer-BioNTech solo estuvo disponible para ellos hasta hace poco. Pero hasta ahora, los problemas cardiacos después de la vacunación parecen ser menos comunes en los niños de esa edad que en los hombres mayores, dijo el Paul A. Offit, director del Centro de Educación sobre Vacunas del Hospital Infantil de Filadelfia.

Esta distribución por edades es similar a la observada entre los pacientes con miocarditis causada por infecciones virales, dijo Offit.

Un comité asesor científico de la Administración de Medicamentos y Alimentos, del que él forma parte, se reunió la semana pasada para revisar la seguridad de la vacuna Pfizer-BioNTech en niños de 5 a 11 años y en última instancia votó para recomendar que los niños reciban la vacuna.

“La miocarditis suele ser un fenómeno pospuberal”, dijo Offit, y agregó: “Eso me hizo sentir mejor por el hecho de que no nos sorprenderá de una manera desagradable” un aumento de la miocarditis en los niños más pequeños después de que se vacunen.

Esa tranquilidad quizá no sea suficiente para algunos padres. Jeff Gustin, un genetista de plantas del Departamento de Agricultura, dijo que él y dos de sus hijos tenían una frecuencia cardiaca elevada después de recibir la vacuna Pfizer-BioNTech.

Sus hijos adolescentes se recuperaron con rapidez, pero Gustin, de 42 años, dice que todavía puede sentir que su corazón late con fuerza, en particular cuando se acuesta. Ahora está considerando un refuerzo de la vacuna Johnson & Johnson, en lugar de la vacuna Pfizer-BioNTech o Moderna.

Y teniendo en cuenta los antecedentes familiares, no se atreve a vacunar a su hijo menor, que tiene 11 años, a menos que el distrito escolar lo requiera.

Pero algunos casos de miocarditis después de la inmunización, como los de los hijos mayores de Gustin, pueden detectarse de manera sencilla debido al intenso escrutinio que hay con las vacunas, dijo James de Lemos, cardiólogo del Centro Médico Southwestern de la Universidad de Texas en Dallas, quien reportó uno de los primeros casos en enero.

La miocarditis relacionada con las vacunas es mucho menos frecuente y grave en comparación con la observada en pacientes con COVID, y no parece causar un daño duradero, dijo de Lemos.

El coronavirus puede infectar el músculo cardiaco, así como el revestimiento de los vasos sanguíneos, poniendo el corazón y otros órganos en riesgo de sufrir daños a largo plazo. El virus también puede debilitar el corazón lo suficiente como para que se requiera un trasplante e incluso causar daños letales.

Por el contrario, la miocarditis observada después de la vacunación es leve y transitoria. “Es inquietante, pero rara vez pone en peligro la vida”, dijo de Lemos.

© 2021 The New York Times Company

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