La frase de la vicepresidenta: cómo era la economía “feliz” de Cristina Kirchner

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Cristina Fernández de Kirchner durante el acto que realizó junto al gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof.
Prensa Cristina Fernández de Kirchner

El 2 de julio pasado la vicepresidenta Cristina Kirchner resaltó en un acto de Lomas de Zamora los índices económicos en su último año de mandato y dijo que en ese 2015 “éramos más felices”. En particular, destacó que la Argentina tenía el salario mínimo en dólares más alto de toda la región, que las políticas económicas se decidían “con autonomía” porque no había un compromiso con el FMI, remarcó que había “el mejor haber previsional” y que la desocupación era del 5,9%.

“Había problemas, pero todos los problemas que teníamos en 2015 se multiplicaron y agravaron en los cuatro años posteriores hasta el infinito, y se sumaron otros que no teníamos, como esta deuda del US$45.000 millones con el Fondo Monetario Internacional”, fue su conclusión.

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Es cierto lo que dice la expresidenta. El poder adquisitivo era muchísimo más elevado al actual. Desde 2015 a la fecha, el salario real de los trabajadores registrados está 25% por debajo de los niveles de octubre de ese año y el salario en dólares está casi 50% por debajo en dólares oficiales, según señala el economista Martín Vauthier, de la consultora Anker.

Pero lo que Cristina Kirchner no dijo fue que ese nivel era insostenible en el tiempo, ya que estaba apalancado en un altísimo atraso cambiario y tarifario, con déficit fiscal y comercial, y sin estadísticas oficiales, ya que el Indec estaba intervenido y se manipulaban las cifras. Por ejemplo, no se medía la pobreza, algo que era considerado estigmatizante.

En números, el salario mínimo era de $5588 en ese entonces, mientras que ahora es de $27.216; es decir, aumentó 387%. En el mismo período, el dólar oficial pasó de $9 a $96, lo que implica que subió más de 900%.

“Ese nivel de salario real estaba sostenido en una distorsión de precios relativos que en algún momento se tenía que corregir. El tipo de cambio real estaba en niveles de 2001, algo insostenible, que se mantenía con la venta de dólares futuros del Banco Central y las restricciones a las importaciones. Era un nivel de consumo alto, pero estancado. Lo mismo ocurría con las tarifas de transporte, gas y luz, que estaba fuertemente atrasadas. En electricidad, por ejemplo, la demanda pagaba solo el 15% del costo de generación. Había una cuenta de subsidios significativa y el déficit fiscal se tenía que corregir”, dice Vauthier.

De hecho, el economista recuerda que en la campaña electoral de ese año se debatía si había que aplicar una corrección de shock o gradualismo, en la cual también se prestaba el candidato oficialista, Daniel Scioli.

Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma, remarca el hecho del atraso cambiario, que era “prácticamente igual a los mínimos de la convertibilidad, por eso todo el mundo viajaba afuera”.

“Ahora el tipo de cambio real es mucho más alto. En ese entonces, la gente podía tener la sensación que ganaban mucha plata en dólares, pero eso era insostenible. Por eso el cepo a las importaciones era más alto y hasta había desabastecimiento en algunas cosas, como en medicamento. Hoy, la combinación es peor en ese sentido, porque hay muchas cosas que no entran al oficial y, aun si ingresan, son más caras en comparación a 2015″, dice Caamaño, quien además acota la calidad del servicio eléctrico, cuando había cortes de luz sistemáticos en el verano.

Camilo Tiscornia, economista de C&T Asesores, recuerda otros datos duros: la inflación de las consultoras privadas daba cuenta de una variación de 25%, pese a que estaba todo congelado (tarifas, dólar, control de precios); el nivel de PBI era prácticamente igual al de 2011 y tampoco había estadísticas de empleo, por la intervención del Indec.

“El Banco Central prácticamente no tenía reservas, había US$26.000 millones, que eran la mitad de las US$53.000 millones que tenía la entidad cuatro años antes, en 2011. El dólar oficial valía $9,7 y el blue estaba en $15. Estos valores se multiplicaron por 10 en los últimos años. Además, el país estaba en default y se agravaba el tema con los holdouts”, señala.

En 2015, además, el déficit comercial (la diferencia entre importaciones y exportaciones) había alcanzado los US$3400 millones, de los cuales US$4700 millones estaba explicado por las importaciones de combustibles y energía (había US$1300 millones de superávit en el resto de los sectores). La Argentina venía de tener un superávit comercial de US$9000 millones en 2011.

“No hay indicador económico que sostenga la frase de los años felices. Está destinado el mensaje a su propia tropa, pero la prueba de que no eran los años felices es que perdieron las elecciones”, concluye Tiscornia.

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