Francisco Velázquez, un pequeño héroe que combate la artritis juvenil

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Hace menos de dos años la vida de Francisco Velázquez Ward cambió para siempre. El jovencito de 10 años despertó con un salpullido en su cuerpo que fue seguido de una fiebre que su familia no podía explicar. Desesperados recurrieron a todos los médicos disponibles para poder averiguar qué era lo que tenía. Finalmente lo diagnosticaron con un virus, pero estuvo con una fiebre que no se le quitaba.

“Pasaron seis semanas y miles de exámenes, se sabía que había algo más que estaba sucediendo en su cuerpo. Él estaba bien, bien enfermo. Estuvo entrando y saliendo del hospital”, recordó Carol Ward, madre de Francisco, quien explicó que dar con un diagnóstico de artritis es difícil “porque tienes que eliminar absolutamente todas las otras opciones”.

Entre los tratamientos a los que se enfrentó Francisco hubo exámenes bajo anestesia general, una prueba de médula ósea, entre otros. “En total, Francisco estuvo con fiebre desde que empezaron los síntomas hasta que lo diagnosticaron finalmente, por dos meses”, dijo Ward.

A Francisco lo diagnosticaron con artritis juvenil en diciembre de 2019 cuando apenas tenía 9 años y no entendía qué era lo que estaba pasando.

Aunque no es algo que ningún padre quiere escuchar, saber qué es lo que tenía su hijo y cómo poder comenzar a tratarlo para darle una mejor calidad de vida, fue un alivio. “O sea, no es el diagnóstico que queríamos recibir, pero dentro de todas las otras opciones que había, teníamos un sentido de gracias, porque finalmente sabemos lo que él tiene. Y no solamente eso, es que no había medicamentos que le pudiéramos dar para que el empezara a mejorar. Ya él había perdido peso, se le estaba cayendo el pelo. Nosotros necesitábamos llegar a un diagnóstico para que nos dijeran ‘ahora lo podemos tratar’”, dijo.

En el caso de Francisco, él padece de artritis juvenil sistémica, una condición que es la forma más grave, pero menos común de la enfermedad. Según expertos, la enfermedad provoca articulaciones inflamadas e hinchadas lo que hace que las articulaciones se vuelvan rígidas y dolorosas.

Anteriormente conocido como “artritis reumatoide juvenil”, ahora los médicos se refieren a esta condición como “artritis idiopática juvenil” o JIA, según las siglas en inglés. Al igual que la condición en los adultos, la JIA es una enfermedad autoinmune, lo que significa que el sistema inmunológico del cuerpo ataca sus propias células y tejidos sanos.

“Fue un momento horrible para nuestra familia, especialmente al principio cuando no sabíamos lo que tenía y solo veíamos cómo sufría, cómo ya no era el mismo, no podía caminar, no podía jugar, casi ni hablar”, dijo la madre con un tono de desesperación.

Los síntomas de la artritis juvenil pueden aparecer durante los episodios, conocidos como brotes o pueden ser crónicos y continuos.

“Francisco tenía un dolor que el pobre no lo podía explicar. Él me decía ‘mami, ¿qué es esto? ¿por qué yo?’ y te imaginas, uno desesperado por querer saber qué es lo que tiene tu hijo”, mencionó Ward.

Tan pronto supieron qué era lo que tenía el jovencito, la doctora le recetó sus primeros medicamentos e inyecciones y, según Ward, “a las 24 horas comenzamos a ver los cambios y leves mejorías”.

Ward, quien tiene otros dos hijos, Victoria y Thomas de 13 y 5 años respectivamente, aceptó que este proceso fue difícil para su familia y su matrimonio. “Las responsabilidades no acaban”, dijo con un suspiro. Ward trabaja a tiempo completo desde su casa por lo que agradeció que tuvo el apoyo de sus familiares que ayudaban con los otros menores mientras ella estaba en el hospital.

Su esposo también trabajaba a tiempo completo, y el tener que dividir responsabilidades y no abandonar la atención a los demás hijos fue un periodo frustrante, aunque dice que sus hijos entendían la situación y solo querían ver a su hermano mejorar.

It took a toll, it took a toll (afectó la familia) en mi hija mayor”, dijo sin poder contener las lágrimas. “Cada vez que pienso en eso me pongo emocional”, dijo secándose las lágrimas.

De ese modo, el diagnóstico no afectó solamente al pequeño Francisco. Cada miembro de la familia tuvo que aprender a trabajar con la situación y poder hacer espacio para ayudarlo a mejorar.

Ahora que lograron aceptar este nuevo modo de vida para Francisco, están decididos en que viva la mejor vida que pueda. “Yo quería hacer algo especial como símbolo de apoyo para él”, dijo la madre de familia.

La familia tiene una campaña para apoyar a todos los pacientes de artritis juvenil y artritis adulta. La idea surgió “de una verja en París en donde las personas iban y ponían candados como símbolo de amor. Esa verja es bien famosa. Entonces quisimos hacer una verja similar a eso [y] en la entrada de Pig Floyd’s hay una verja con la historia de Francisco”, explicó Ward.

Allí, las personas que van al restaurante, que es propiedad del hermano de Ward, pagan $5 como donación para la fundación de artritis y reciben un pequeño tag (etiqueta) color verde, que es el color símbolo de artritis. En esa etiqueta “tienen un espacio que pueden escribir un mensaje. Lo que estamos pidiendo es que sean mensajes de apoyo, de amor, porque hay sobre 300,000 niños viviendo con artritis en los Estados Unidos y sobre 54 millones de personas que tienen condiciones relacionadas a artritis”, lamentó.

Sobre el por qué hacer esto, Ward asegura que no solo es para concienciar sobre la situación que padecen miles de individuos, sino que a través de esto han podido conocer otras personas y “apoyar otras familias que quizás están pasando por situaciones como las que nosotros hemos pasado, apoyar otros pacientes que viven con esto todos los días, ha sido un proyecto hermoso”, sostuvo con una enorme sonrisa.

Para Francisco, esto también es importante porque “otros niños que tienen artritis puedan curar y sentirse mejor de la artritis y no tengan que ponerse inyecciones todos los días o todas las semanas”, dijo en referencia al tratamiento que él lleva a cabo que incluye un sinnúmero de inyecciones que su familia ha tenido que aprender a ponérselas.

El joven recuerda cada vez que fue al hospital y lo describió como un proceso “bien malo. Fue un proceso bien largo. No me sentía muy bien”, dijo.

En su memoria todavía está el momento cuando regresó del hospital y ya era la época de Navidad y “decoré el árbol de Navidad con todos. Eso fue muy emocionante”, dijo con una sonrisa. Comparándolo con el proceso que pasó en un principio, Francisco dice que ahora se siente mucho mejor a pesar de que hay días “en que siento un poco dolor. Pero las inyecciones ayudan y ya no me molestan”.

A la comunidad, le dijo que “ayuden a otros niños que tienen artritis” mientras exhortó que también “aprendan más sobre la artritis. Si pueden, [que vayan a Pig Floyd’s y] que pongan la etiqueta en la verja con un mensaje para su familia o amigos con artritis”.

Así las donaciones que se recolecten de las etiquetas que se pongan en la verja serán donadas a la Fundación de Artritis para ayudar a los estudios que se realizan sobre esta condición.

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