El papa Francisco sorprende con su accionar en una visita a Milán

Redacción Noticias
El Papa saluda a una mujer y su hija durante un evento en una plaza pública de Milán. (AFP)

Laura Rivera – Miami, Estados Unidos

El accionar del Papa Francisco este fin de semana durante su visita el sábado a Milán, Italia, fue admirado y también criticado por sus seguidores en medios y redes sociales de todo el mundo.

En principio, porque el Sumo Pontífice decidió iniciar su visita de un día a la urbe del norte de Italia recorriendo un proyecto de viviendas públicas en las afueras de la capital lombarda -y estuvo con familias de clase trabajadora, entre ellas una musulmana-, en vez de ir al gran centro de la ciudad, que alberga una catedral gótica, destacadas marcas de moda y el famoso Teatro de La Scala.

Y el detalle que también llamó la atención de los feligreses y los transeúntes que lo vieron fue que el Papa utilizó un inodoro químico que había sido montado para uso de una multitud de personas que lo escucharon hablar en una plaza pública.

Los comentarios que surgieron en las redes y algunos medios del mundo respecto a este accionar fueron no solo de halago, señalando la “actitud sencilla” y de renuncia a los lujos que caracteriza a Francisco, sino también de crítica, de quienes consideran que el hombre que lidera la Iglesia Católica en todo el mundo “debería ser protegido ante posibles infecciones” que atenten contra su estado de salud, y que debería haber tenido un lugar especial para hacer sus necesidades.

Francisco se detuvo en tres pequeños apartamentos, uno de los cuales es el hogar de Mihoual Abdel Karim, un inmigrante musulmán de Marruecos que vive allí con su esposa y sus tres hijos.

“Fue muy emotivo, fue como tener un amigo en la casa”, dijo Karim, que trabaja en una fábrica farmacéutica y cuya esposa lleva el velo, según informó Reuters.

Tras el encuentro, Francisco se reunió con una pareja italiana de unos 80 años, ambos con graves problemas de salud.

 Más tarde, Francisco habló ante sacerdotes y monjas en la catedral y luego almorzó con unos 100 reclusos en la prisión de la ciudad de San Vittore.

Desde su elección en el 2013, el papado del ex obispo de Buenos Aires se ha caracterizado por su cercanía con los más pobres y vulnerables, renunciando a muchas de las comodidades asociadas a su rol como líder de los 1.200 millones de católicos apostólicos romanos.