Francia: un polémico dirigente de ultraderecha agita la carrera hacia el Palacio del Elíseo

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Eric Zemmour se abre paso entre el electorado francés
Agencia AFP

PARÍS.– Las primeras escaramuzas con miras a la próxima elección presidencial, comenzaron en Francia a mediados de septiembre con algunos líderes partidarios que confirmaron sus candidaturas. Pero Eric Zemmour se quedó con el show. Ese experiodista de prensa y televisión, polemista de extrema derecha, admirador de Donald Trump, cuyas dos obsesiones son la inmigración y el creciente poder de las mujeres, pasó en apenas un mes de 7% a 15% de intenciones de voto… sin ser todavía candidato.

“Francia está en peligro de muerte. En 2050 la mitad del país estará islamizado. En 2100 seremos una república islámica”. El 28 de agosto, para su primer desplazamiento al sur de Francia como candidato (no declarado) a la elección presidencial de 2022, Eric Zemmour (63 años) se libró a una de sus provocaciones preferidas, que aseguran su popularidad ante miles de desorientados, de nostálgicos de una Francia del siglo pasado y de fanáticos de extrema derecha.

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Todo lo que dice es falso. En 2017 el muy respetado Pew Research Center, considerado como referencia en materia de demografía religiosa, evaluó entre 12,7% y 18% la parte de musulmanes en la población francesa en 2050.

¿Qué importa? El polemista sabe que sus declaraciones serán repetidas al infinito por las cadenas de información y se diseminarán como un reguero de pólvora en las redes sociales: un Zemmour de pura cepa. El periodista xenófobo y de extrema derecha, cultivado y excelente orador que durante décadas construyó su carrera basándose en la transgresión, no duda jamás en modificar las cifras para atizar los fantasmas identitarios y espantar a los “bien pensantes de la izquierda”.

Es verdad, Zemmour todavía no es candidato a la presidencia de Francia. Pero teniendo en cuenta su éxito mediático y su evolución en los sondeos —que deja atrás a varias figuras tradicionales del espectro político y hace desmoronar a Marine Le Pen— nadie duda de su presencia como candidato fuera del sistema.

La comunidad árabe es el objeto favorito de las declaraciones incendiarias de Eric Zemmour
Agencia AFP


La comunidad árabe es el objeto favorito de las declaraciones incendiarias de Eric Zemmour (Agencia AFP/)

A los 63 años, a medio camino entre Beppe Grillo, el saltimbanco fundador del Movimiento 5 Estrellas italiano, y Volodymyr Zelensky, el humorista convertido en presidente de Ucrania, Zemmour, que ejerció el periodismo durante 35 años, se autodefine hoy como un “intelectual comprometido”.

Oficialmente, no deja filtrar nada: sus desplazamientos están destinados a promover su último libro Francia no dijo su última palabra, autopublicado el 16 de septiembre, tirado a 200.000 ejemplares y que podría dejarle la coqueta suma de un millón de euros. Su anterior, Suicidio francés aparecido en 2014, superó los 100.000 ejemplares, acercándose al Premio Nobel de Literatura de ese año, Patrick Modiano.

La verdad es que hace tiempo que Zemmour superó el estado de la reflexión. Desde hace varios meses, un batallón de jóvenes ambiciosos se activa para imponer su candidatura. Su primera acción-flash se produjo este verano boreal, cuando inundaron 86 ciudades francesas con afiches que decían “Zemmour presidente”. En el mayor de los secretos crearon un partido, Los Amigos de Eric Zemmour, y depositaron los estatutos de una asociación de financiación apta para recibir donaciones con vistas a la presidencial. Todo debe estar listo para que, llegado el momento, el editorialista solo tenga que apoyar sobre un botón.

Su proyecto es tan evidente que, hace 15 días, el organismo regulador de radio y televisión francés, el Consejo Superior del Audiovisual (CSA), decidió considerarlo como un político y no más como un periodista. A partir de entonces, el canal que lo emplea, CNews, tuvo que suspender su participación. La ley francesa establece, en efecto, que debe haber un equilibrio en el tiempo de difusión entre candidatos y partidos durante una campaña presidencial.

Sin afirmar o negar, Zemmour reconoce que lo está pensando: “Porque estoy convencido de que el país se encuentra en un estado lamentable y la Francia que amo en peligro de desaparecer”, repite.

Carteles de "Zemmour presidente"
AFP


Carteles de "Zemmour presidente" (AFP /)

Fanático anti-musulmán, sólido machista, Eric Zemmour hace aparecer la extrema derecha xenófoba de Marine Le pen como un partido de izquierda. Los grupos de derechos humanos lo detestan al punto de haberlo hecho condenar en el pasado por odio racial. Los apelativos no faltan para definir a ese “profeta del pesimismo”, que por el momento solo anuncia el apocalipsis francés sin proponer nada, cuyas diatribas racistas están plagadas de referencias históricas a Napoleón o Juana de Arco, y en sus discursos reivindica el régimen colaboracionista de Vichy y la pena de muerte.

Los analistas más serios afirman que las obsesiones de Zemmour vienen de su infancia. Nacido en París en 1958, de padres judíos argelinos que habían llegado a Francia seis años antes, Eric creció en la Goute d’Or, uno de los barrios más populares de la capital. Mientras su madre, diabética y sumisa, insistía para que sus dos hijos se integraran a la nueva sociedad, su padre —jugador empedernido y violento— seguía hablando el árabe y perdiendo fortunas en los casinos.

Guerra de nombres

“En la sinagoga soy Moisés. Pero en el registro civil soy Eric Justin Léon”, repite. Para él, “no se puede ser argelino y francés a la vez. Hay que escoger”. De ahí una de sus últimas provocaciones: exigir que el Estado francés prohíba que las familias inmigrantes pongan nombres extranjeros a sus hijos.

“Nada de Mohamed. Eso quiere decir que esa gente no tiene ningún interés en la integración”, dijo hace pocos días, lanzando otro de sus habituales escándalos mediáticos.

Philippe Martel, cuadro del partido de Marine Le Pen, Reunión Nacional (RN), y amigo íntimo de Zemmour, coincide en que la historia familiar ayuda a entender el personaje. “Sus padres dejaron sus raíces, abandonaron sus tradiciones y decidieron asimilarse. Eric estima que es lo que deberían hacer los extranjeros en Francia”, afirma.

Zemmour naturalmente detesta los “psicoanalistas de bazar”. Pero, ¿cómo renunciar a explorar complejos y esquizofrenias de juventud cuando estas conducen directamente a neurosis políticas? “Zemmour es un judío árabe, que prefiere decir ‘judío bereber’, expresión que le permite distinguirse de la arabidad peyorativa”, sonríe el historiador Benjamin Stora, autor de Tres Exilios. Judíos de Argelia.

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Estudioso, inteligente, brillante alumno, hiperprotegido por su madre —que lo consideraba el mejor y el más hermoso, aunque las chicas lo ignoraran—, Zemmour supo alejarse rápidamente de aquel barrio que lo vio crecer para instalarse en el ultraburgués distrito VIII de la capital con su mujer, la jurista Mylène Chichportich, y sus tres hijos.

Y es precisamente su antiguo barrio que se ha convertido en objeto de su mayor espanto.

“Volví hace poco tiempo y tuve la impresión de haber cambiado de continente. El tráfico (de drogas), las telas, los peluqueros afro… No hay más un solo blanco en la calle Doudeauville. Ahí lo ves ¡el gran remplazo!”, exclama, citando sin complejos esa teoría identitaria del escritor Renaud Camus sobre la desaparición programada del pueblo blanco y católico, remplazado por los musulmanes.

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Y sus diatribas convencen. No necesariamente al electorado popular de Marine le Pen que, no obstante, se desmorona en los sondeos. Los admiradores de Eric Zemmour se cuentan, sobre todo, en una alta burguesía de buenos ingresos, con estudios superiores y edad avanzada, nostálgicos de la Francia de posguerra de Charles de Gaulle. Esa franja social que antes votaba al partido conservador fundado por el ex presidente Jacques Chirac, Reunión para la República (RPR), y se siente defraudada por la nueva derecha.

Todos esperan ahora el lanzamiento (casi seguro) de su candidatura. Pero no es nada seguro que los sueños de Eric Zemmour lleguen a buen puerto. La historia de las campañas presidenciales francesas está plagada de casos como el suyo que terminaron borrados de un plumazo por la responsabilidad republicana de los electores.

En todo caso, la buena noticia en esta triste historia de odios, xenofobia y racismo es que la suma de intenciones de voto en favor de Eric Zemmour (15%) y de Marine le Pen (16%) es inferior al total (33,9%) que obtuvo la jefa del ex Frente Nacional en las elecciones presidenciales de 2017, cuando perdió el ballottage frente a Emmanuel Macron.

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