Frances Haugen, la ‘garganta profunda’ de Facebook, ante la Eurocámara: “Me preocupa mucho el metaverso”

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Frances Haugen, exempleada de Facebook que denunció a la empresa, en el Congreso en Washington el 5 de octubre del 2021.  (Foto AP/Alex Brandon)
Frances Haugen, exempleada de Facebook que denunció a la empresa, en el Congreso en Washington el 5 de octubre del 2021. (Foto AP/Alex Brandon)

Frances Haugen recorre Europa como si fuera una estrella de rock and roll. Tras pasar por Londres, Berlín y Lisboa, ahora recala en Bruselas, antes de partir hacia París. Y en todas partes esta extrabajadora de Facebook cuyas revelaciones han colocado a la gran red social de nuestra era contra las cuerdas, repite un mensaje similar. “Entré en la compañía porque pensaba que esta podría sacar lo mejor que tenemos, pero estoy aquí porque creo que sus productos perjudican a los niños, atizan la división y debilitan la democracia”, ha reivindicado en el Parlamento Europeo, donde su comparecencia ha despertado una enorme expectación y donde ha cargado contra el último invento del fundador de la empresa, Mark Zuckerberg. “Me preocupa mucho el metaverso”, ha asegurado en referencia al espacio virtual 3D, en donde los 2500 millones de usuarios de Facebook podrían hacer miles de actividades digitales con otras personas. La visita de Haugen a Bruselas coincide con un momento clave en la Eurocámara, donde se negocian dos actos legislativos que buscan poner coto a lo que las grandes corporaciones tecnológicas y sus algoritmos pueden o no hacer en territorio comunitario.

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“El sistema actual favorece la difusión de ideas extremas”, ha subrayado Haugen sobre la forma en que la corporación con sede en California jerarquiza la información y la ofrece a sus usuarios, provocando ese diabólico juego en el que se “anula a la oposición” y uno acaba agitado en una especie de caja de resonancia estanca, metido “en una espiral de ideas que se autoconfirman”, como lo ha denominado esta activista de la seguridad en internet.

La experta estadounidense en gestión de productos algorítmicos, de 37 años, se ha sometido al intenso interrogatorio de los europarlamentarios, tras una presentación en la que ha denunciado cómo la gran compañía tecnológica “coloca sus beneficios inmensos por delante de la gente” y prioriza “rentabilidad ante seguridad”, lo cual tiene “consecuencias graves”. Para resolver el conflicto, ha reclamado que las democracias cambien las leyes. “Me alegro de que la Unión Europea se tome esto muy en serio”, ha dicho mirando cara a cara a los diputados que tendrán que negociar la nueva legislación.

Las dos medidas que se debaten en estos momentos en diversas comisiones del hemiciclo comunitario regularán cuestiones como al alcance de los anuncios personalizados, la transparencia de las fórmulas algorítmicas, los mecanismos de recomendación de las plataformas digitales y la libre concurrencia en el mercado digital. Aunque no se espera un resultado tangible de la normativa hasta 2022, las palabras y la visión de la estadounidense, que ha sido invitada por la comisión de Mercado Interior de la Eurocámara, tendrán incidencia, sobre todo, en la regulación sobre servicios digitales (la llamada Digital Service Act o DSA).

El interés de los parlamentarios en la sesión ha sido máximo, con continuas felicitaciones al camino emprendido por la ingeniera y un largo turno de preguntas y respuestas: “¿Cómo hacer que rindan cuentas?”, ha preguntado uno sobre los gigantes tecnológicos. “Querríamos hacer [en la regulación] que Facebook fuera quien tomara medidas para mitigar los riesgos de desinformación. ¿Cree que es buen camino?”, ha añadido otra. “¿A quién le daría acceso a esos datos?”, ha insistido uno más. “¿Cómo se usa su algoritmo en las injerencias extranjeras?”.

Haugen ha expuesto algunos mecanismos que podrían contribuir a regular la actual jungla de internet, como fórmulas “neutrales” para jerarquizar la información, una mayor responsabilidad de la compañía ante el “contenido negativo” que propague o permitir un mayor acceso del regulador a “datos esenciales de la compañía”. “Ahora no hay ni siquiera posibilidad de evaluar si un producto es dañino”, ha denunciado, pidiendo mayor transparencia.

También ha recordado el paralelismo de su actual cruzada con la guerra emprendida hace décadas contra las empresas de tabaco, cuando estas aseguraban que el producto que vendían no tenía riesgos para las personas. Pero finalmente se pudo demostrar que era una amenaza para la salud. “Lo que hice es necesario para el bien común”, ha afirmado. “Pero sé que Facebook tiene muchos recursos para destruirme”.

El lobby tecnológico es en la actualidad el más poderoso de Bruselas, con un gasto que ronda los 100 millones de euros en generar influencia en su favor, según un reciente informe de Corporate Europe Observatory (CEO). Facebook, con 5,5 millones en gastos de presión ante las instituciones comunitarias, es la segunda compañía que más dinero dedica a velar por sus intereses en la capital europea, por detrás de Google (5,8 millones) y por delante de Microsoft (5,3 millones). Un día cualquiera no es raro ver a los lobistas acreditados revoloteando alrededor de la sede de la Eurocámara, exponiendo a los eurodiputados su visión sobre la regulación que está por venir. “Los enormes presupuestos de los grupos de presión de las grandes empresas tecnológicas tienen un impacto significativo en los responsables políticos de la UE, que encuentran a estos grupos llamando a su puerta con regularidad”, recoge el estudio de CEO.

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Aunque la compañía niega en rotundo las acusaciones de Haugen, la cruzada de su exempleada reconvertida en garganta profunda ha llevado a Facebook a colocarse frente a un espejo incómodo. La situación recuerda al escándalo de Cambridge Analytica, cuando se descubrió que la compañía dejó escapar los datos de miles de usuarios, los cuales fueron explotados de forma intencionada a favor de Donald Trump en la campaña de 2016, que lo encumbró a la presidencia de Estados Unidos. Aquellos hechos llevaron a Zuckerberg, a entonar el mea culpa en 2018 ante el Congreso de su país. Pero en esta ocasión la reacción ha sido otra. La semana pasada, Zuckerberg contraatacó con una presentación similar a una película futurista en la que plasmas sus ideas para el Facebook del futuro: una especie de mundo paralelo en el que uno puede hacer casi de todo de forma virtual, un lanzamiento que la compañía ha aprovechado para rebautizarse como Meta en un momento de popularidad en horas bajas.

Sobre el metaverso Haugen ha recordado que estamos ante una empresa capaz de poner en marcha a una legión de ingenieros para desarrollar videojuegos, pero no para hacer frente a los problemas de seguridad. Para acceder a ese nuevo lugar virtual el usuario “se tiene que exponer mucho”, ha añadido. Y ha alertado de los riesgos de “llenar las casas y oficinas con sensores de una empresa que no es transparente”.

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