Un fracaso que anticipa el escenario de conflicto permanente que enfrentará el Congreso después de las elecciones

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El recinto de la Cámara de Diputados, semivacío por la falta de quorum para sesionar
Prensa

Hay una regla no escrita en el Congreso y que los oficialismos siempre respetaron a rajatabla: solo se baja al recinto cuando los votos están asegurados. Máximo Kirchner rompió la regla y así le fue: no consiguió el quorum en la primera sesión presencial convocada en la Cámara de Diputados. Para la oposición, el fracaso desnudó la debilidad del oficialismo tras el cachetazo que sufrió en las últimas primarias. Curiosamente, el jefe del bloque del Frente de Todos piensa lo contrario: interpretó que la actitud opositora de no dar quorum dejó expuestas sus contradicciones y un supuesto apego por los intereses de los poderes económicos concentrados, renuentes a la agenda oficialista.

El fracaso de la sesión de hoy en la Cámara baja no es otra cosa que un anticipo de lo que se podría venir después de las elecciones legislativas del mes próximo en el Congreso. Un escenario de conflicto permanente entre dos actores –el oficialismo y Juntos por el Cambio– que, prácticamente empardados en número, se obsesionan en medir sus fuerzas para intentar imponerse uno sobre el otro. Con la mirada puesta en 2023, el conflicto impera sobre la negociación. La víctima del enfrentamiento está a la vista: la parálisis parlamentaria. Hace más de dos meses que la Cámara de Diputados no sesiona.

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Ensimismados en supuestos réditos políticos de corto plazo, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio pierden de vista que, en esta reyerta permanente, los costos políticos son de ambos . Máximo Kirchner dejó expuesta su debilidad al no poder reunir quorum ni siquiera con el apoyo de sus aliados: le faltaron 5 legisladores propios, uno de ellos –José Luis Martiarena, el polémico autor del proyecto para nacionalizar la banca– resentido con la conducción de Kirchner.

Máximo Kirchner y Sergio Massa
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Máximo Kirchner y Sergio Massa (prensa diputados/)

Le fallaron los cálculos al hijo de la vicepresidenta, un error imperdonable en todo jefe de bloque oficialista. Creyó, tal vez ingenuamente, que lograría instalar una cuña en Juntos por el Cambio y que un sector de la bancada opositora se rebelaría de la conducción de Mario Negri, Cristian Ritondo y Juan Manuel López y daría quorum para votar la ley de etiquetado frontal de alimentos, el proyecto más importante que proponía para su debate el oficialismo y que desata un fuerte lobby a favor y en contra de su aprobación .

El jefe del bloque oficialista solo consiguió que dos mendocinos, los radicales Claudia Najul y Federico Zamarbide, se sentaran en sus bancas. Se rebelaron frente a la estrategia orquestada por la cúpula del bloque porque Kirchner, astutamente, incluyó en el temario el régimen previsional para los trabajadores viñateros, una iniciativa muy cara para Mendoza. En plena campaña electoral, los oficialistas radicales de la provincia no quieren dejarle ningún flanco débil al kirchnerismo.

Claudia Najul y Federico Zamarbide en el recinto
Claudia Najul y Federico Zamarbide en el recinto


Claudia Najul y Federico Zamarbide en el recinto

Kirchner no logró lo que esperaba pero sembró cizaña en Juntos por el Cambio. Negri tuvo que hacer un esfuerzo para impedir que su bloque siguiera los cantos de sirena del oficialismo con la propuesta de votar la ley de etiquetado frontal. El cordobés los convenció de que Juntos por el Cambio, el vencedor de las primarias, no podía tolerar más imposiciones unilaterales de un oficialismo derrotado. Las sesiones, de ahora en más, deben ser acordadas, aleccionó. Pero su autoridad fue imprevistamente cuestionada por Julio Cobos, primer candidato a diputado, quien previo a la sesión le dirigió un mensaje venenoso en sus redes sociales.

“Sr. Presidente del bloque UCR, pidan sesión especial con los temas de interés de Juntos por el Cambio, pero también faciliten el tratamiento de la ley de etiquetado y las leyes que mejoran las condiciones laborales y jubilatorias de trabajadores de viñas. Esto es lo prioritario”, desafió Cobos.

¿Es que Cobos aspira a ocupar el lugar del cordobés –quien perdió en la interna en su provincia– después de las elecciones? Negri quedó resentido. “Cobos fue radical K y vicepresidente de Cristina”, masculla. El conflicto está en puerta.

Los mendocinos, apostados detrás del jefe de la UCR, Alfredo Cornejo, parecen decididos a jugar fuerte y recuerdan, insidiosos, cómo el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, supo también desmarcarse de la cúpula de Juntos por el Cambio cuando ordenó a sus legisladores a que apoyen al kirchnerismo en la sanción de presupuesto 2021 y del impuesto a la riqueza. Cornejo y Morales nunca pudieron superar las viejas cuitas que los dividen: el jujeño pretende desbancar a Cornejo de la jefatura del radicalismo a fin de año.

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No todo es lo que luce en Juntos por el Cambio: detrás de las caras sonrientes de los afiches electorales, las luchas intestinas por la conducción del principal espacio opositor no dan tregua. Máximo Kirchner, tal vez sin proponérselo, agitó el avispero y, en su arenga final, cuando la sesión había naufragado, acusó a Juntos por el Cambio de defender los intereses de los lobbys empresarios contrarios a la ley de etiquetado. Una estocada que, aunque los opositores intenten disimularlo, provoca incomodad y agudiza los recelos entre los socios.

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