¿Fracasó la diplomacia papal en la guerra de Ucrania?

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El Papa Francisco se reúne con el presidente ruso Vladimir Putin con ocasión de una audiencia privada en el Vaticano, el 10 de junio de 2015
Gregorio Borgia

CIUDAD DEL VATICANO.- Sus llamados a una tregua durante la Pascua Ortodoxa en Ucrania cayeron en oídos sordos. Su reunión prevista con el titular de la Iglesia Ortodoxa Rusa fue cancelada. ¿Una posible visita a Moscú? Nyet. Adicionalmente, su intento de destacar la amistad ruso-ucraniana no provocó reacción alguna.

La diplomacia del papa Francisco no ha dejado huella en la guerra rusa en Ucrania.

Aparentemente el pontífice ha sido incapaz de aprovechar su autoridad moral, soft power y línea directa con Moscú para promover el fin del derramamiento de sangre en Ucrania o por lo menos lograr un cese del fuego.

Francisco se ha encontrado en la posición inusual de tener que explicar su negativa a criticar abiertamente a Rusia o al presidente Vladimir Putin -los papas no lo hacen, alegó- y defender sus “muy buenas” relaciones con el jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que ha justificado la guerra con razones espirituales.

Si bien la larga lista de callejones sin salida indicaría cierta falta de eficacia, es lo habitual con la diplomacia singular del Vaticano, que abarca realidades geopolíticas y prioridades espirituales, incluso cuando entran en conflicto.

El papa Francisco recibió a Putin en el 2013
El papa Francisco recibió a Putin en el 2013


El papa Francisco recibió a Putin por primera vez en 2013

Es lo que ha sucedido en el caso de Ucrania: Francisco ha tratado de ser el pastor de su grey ucraniana, clamar incesantemente por la paz, enviar a cardenales con ayuda humanitaria e incluso ha propuesto que un buque con la bandera del Vaticano evacúe a civiles del asediado puerto de Mariupol.

Al mismo tiempo, ha mantenido el objetivo a largo plazo de la Santa Sede de sanar las relaciones con la Iglesia Ortodoxa Rusa, que se separó de Roma junto con el resto de la ortodoxia hace un milenio. Hasta hace poco, el papa expresaba la esperanza de un segundo encuentro con el patriarca Kirill, mientras Moscú atacaba a civiles ucranianos.

Francisco reveló recientemente que su reunión en Jerusalén prevista para junio fue cancelada porque los diplomáticos vaticanos pensaban que emitiría un mensaje “confuso”, pero el martes dijo a un diario italiano que había ofrecido ir a Moscú a reunirse con Putin y musitó en voz alta si la expansión de la OTAN hacia el este no había provocado la guerra.

Para sus detractores, el intento persistente de Francisco de comunicarse con Moscú a pesar de las denuncias de atrocidades recuerda el percibido silencio del papa Pío XII, al que algunos grupos judíos critican por no haber alzado la voz contra el Holocausto. El Vaticano insiste en que la diplomacia silenciosa de Pío salvó vidas.

“Francisco hace lo que puede, con las prioridades justas, para detener la guerra, detener el sufrimiento de la gente”, aseguró Anne Leahy, embajadora de Canadá ante la Santa Sede en 2008-12 y en Rusia a fines de la década de 1990. “Pero mantiene abiertos los canales de comunicación como pueda. Aunque no sea efectivo, creo que la idea es seguir intentándolo”.

Leahy señaló que un Papa debe tener como máxima prioridad el objetivo ordenado por el Evangelio de unificar a los cristianos y que, por lo tanto, las relaciones con los ortodoxos deben permanecer a la vanguardia.

“La diplomacia está al servicio de la misión de la iglesia, y no al revés”, dijo en una entrevista telefónica.

Contradicciones

A veces, las palabras y los gestos de Francisco parecen contradictorios: un día se sienta para una videoconferencia con Kirill que aparece de manera destacada en el sitio web de la Iglesia Ortodoxa Rusa con una declaración que dice que ambas partes expresaron su esperanza de una “paz justa”. Tres semanas después, besa una bandera ucraniana maltratada que le llevaron de Bucha, donde se encontraron civiles ucranianos muertos a tiros con las manos atadas.

El Vaticano tiene una larga tradición de esta diplomacia de doble cara. Durante la Guerra Fría, la política de “Ostpolitik” significó que el Vaticano mantuviera canales de comunicación con los mismos gobiernos comunistas que perseguían a los fieles sobre el terreno, a menudo para consternación de la iglesia local.

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El 6 de abril pasado, el Papa besó una bandera ucraniana de Bucha durante una audiencia (HANDOUT/)

La decisión de Francisco de continuar con la “diplomacia vaticana clásica de Ostpolitik, de dialogar con el enemigo y no cerrar la puerta, es discutible”, dijo el reverendo Stefano Caprio, profesor de historia de la iglesia en el Pontificio Instituto Oriental.

“Tienen razón los que están molestos porque el Papa no los defiende más, pero también tienen razón los que desde el lado diplomático dicen ‘no podemos tirar estas relaciones’. Obviamente están en contradicción”, dijo.

“Pero como no estamos hablando de un argumento de fe, no estamos hablando de las personas de la Santísima Trinidad, puedes tener opiniones que difieren del Papa”, agregó.

De alguna manera, el papel de Francisco al margen del conflicto de Ucrania se remonta a su posición cuando Rusia anexó la Península de Crimea de Ucrania en 2014 y la Santa Sede pareció al menos públicamente neutral, a pesar de los llamamientos de los católicos griegos ucranianos, que son una minoría en el país mayoritariamente ortodoxo, para que Francisco condene enérgicamente a Moscú.

En cambio, Francisco describió el conflicto resultante como fruto de la “violencia fratricida”, como si ambas partes tuvieran la misma culpa y que el conflicto fuera un asunto interno de Ucrania.

“Mi experiencia en 2014 es que la existencia de los católicos griegos (ucranianos) era aparentemente una vergüenza y una frustración para el Santo Padre y la Santa Sede”, dijo John McCarthy, quien era el embajador de Australia ante el Vaticano en ese momento. “Su prioridad era la relación con los ortodoxos rusos” y asegurar una reunión con Kirill.

Francisco finalmente obtuvo ese anhelado encuentro, abrazando a Kirill en una sala VIP del aeropuerto de La Habana, Cuba, el 12 de febrero de 2016, en el primer encuentro entre un papa y el patriarca ruso desde el cisma de 1054.

Los dos hombres firmaron una declaración conjunta que fue aclamada por la Santa Sede en ese momento como un gran avance en las relaciones ecuménicas. Pero enfureció a los católicos griegos de Ucrania porque, entre otras cosas, se refirió a ellos como una “comunidad eclesial”, como si fueran una iglesia separada que no está en comunión con Roma, y no mencionó el papel de Rusia en el conflicto separatista en el este de Ucrania.

Avanzando rápido hasta 2022, Francisco nuevamente molestó a la iglesia ucraniana local: el Vaticano había propuesto que una mujer ucraniana y una rusa llevaran la cruz juntas durante la procesión del Viernes Santo a la luz de las antorchas del Vaticano en el Coliseo. El gesto, que precedió al llamado desatendido de Pascua de Francisco a una tregua, fue un intento de mostrar la posibilidad de una futura reconciliación ruso-ucraniana.

Pero el embajador ucraniano se opuso, y el jefe de los fieles ortodoxos griegos de Ucrania, el arzobispo Sviatoslav Shevchuk, criticó la propuesta como “inoportuna y ambigua”, ya que no tuvo en cuenta el hecho de que Rusia había invadido Ucrania.

Al final, el Vaticano cedió: las mujeres cargaron la cruz, pero en lugar de leer en voz alta una meditación que pedía la reconciliación, permanecieron juntas en oración silenciosa.

Este es el tercer encuentro que protagonizarán el jefe del Kremlin; Vladimir Putin, y el líder de la Iglesia católica, el Papa Francisco
Este es el tercer encuentro que protagonizarán el jefe del Kremlin; Vladimir Putin, y el líder de la Iglesia católica, el Papa Francisco


Vladimir Putin y el Papa Francisco, en el pasado

Leahy, la exembajadora canadiense, dijo que el resultado fue un ejemplo clásico del cuidado pastoral papal que une la diplomacia del Vaticano: Francisco escuchó la queja de Shevchuk y modificó el ritual, mientras mantenía viva su agenda más amplia de diálogo con Rusia.

Recordando que la palabra “pontífice” se deriva de la palabra italiana para “puente”, dijo: “Es el trabajo de un diplomático, y ciertamente de un sumo pontífice que tiene la palabra ‘puente’ escrita en su nombre, mantener los canales abiertos”.

El reverendo Roberto Regoli, profesor de historia de la iglesia y experto en diplomacia papal en la Pontificia Universidad Gregoriana, dijo que esos canales diplomáticos con los ortodoxos son importantes ahora, pero también en el futuro, cuando eventualmente Ucrania tendrá que ser reconstruida.

“La reconstrucción de un país... requiere la participación de todas las fuerzas, incluso las religiosas”, dijo. “Entonces, mantener estos canales abiertos es útil para el presente, pero aún más para el futuro, porque la reconstrucción llevará décadas”.

Por Nicole Winfield

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