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Un pingüino nada tranquilamente pegado al vidrio del acuario del Palacio de Congresos de Genova, Italia. Los huesos de los pingüinos son más densos que los de otras aves, lo que aumenta su resistencia a los impactos aunque también incrementa el peso del animal reduciendo su flotabilidad. (Stefano Balbo/Flickr)

Un ave que no vuela, pero sabe nadar

Como buenas aves que son, tienen "alas", pero no las utilizan para volar sino para nadar y bucear, habilidades en la que alcanzan la velocidad de un auto en carretera. Incapaces de alzar el vuelo debido al peso de sus huesos, los pingüinos son las únicas aves vivientes que adaptaron sus alas exclusivamente al nado,  convirtiéndolas en aletas con huesos robustamente comprimidos y muy rígidos. Las patas están situadas muy atrás en el cuerpo y, aunque  esto entorpece el desplazamiento en tierra, sirve como un eficiente timón en el agua. Se cuenta que los primeros europeos que vieron a estos animales, durante una expedición del explorador portugués Vasco de Gama, en el siglo XV, los llamaron "pájaros niño" o "pájaros bobos", por su manera aparentemente torpe de andar y su notoria incapacidad para elevarse en el aire. Los pingüinos, que cuentan con unas 17 especies, suelen habitar en los mares abiertos del hemisferio sur del planeta, aunque algunos audaces, fuera de la época de reproducción, se aventuran hasta la altura de Colombia y Panamá, por el océano Pacifico.