1 / 20
En esta fotografía del 3 de marzo de 2013 Adela Cabrera, de 19 años, posa para una fotografía con un caballo en la playa de Agua Dulce en Lima, Perú. (AP foto/Rodrigo Abd)

La playa de los pobres en Perú

Mientras la elite se aleja de Lima en busca de playas casi solitarias

que resguardan con guardias privados y cercas, la clase obrera arriba

por millares a una curva franja costera de arenas pardas y suave oleaje. Se llama Agua Dulce y los bañistas sólo necesitan dos dólares en el autobús público para ir y volver a sus barriadas. "Aquí viene la gente del pueblo por millares y hay domingos en los que

no cabe ni un alfiler", dice Carlos Vergara, un fotógrafo ambulante que

ha recorrido las playas de Lima durante 50 años. Hasta mediados del siglo XX el verano era una estación donde sólo las

clases adineradas podían darse el lujo de viajar hasta las playas. Los

pobres se bañaban en ríos o canales de riego de la ciudad, agrega el

historiador especialista en Lima Juan Pacheco. Pero la construcción de vías hacia zonas costeras junto a la migración

de millones de jóvenes campesinos hambrientos de progreso desde los

Andes redibujaron la población capitalina que se lanzó a la conquista de

las playas más cercanas a la ciudad. Así se masificó Agua Dulce, que un fin de semana alberga hasta 40.000 personas, según cifras municipales. Al caer la tarde el cielo se torna anaranjado y las madres llevan a sus

hijos a una zona donde brota un chorro de agua dulce, por el cual la

playa adquiere ese nombre. Allí los bañan antes de retornar a casa. Sin vida nocturna Agua Dulce queda desierta cuando oscurece mientras los

camiones municipales recogen las más de 10 toneladas de basura

esparcidas por la franja de casi un kilómetro. (AP)