En Fotos. Una expedición en la nieve para realizar la vacunación en el este de Turquía

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En esta fotografía tomada el 15 de febrero de 2021, los médicos y una enfermera del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray, llegan a la aldea de Guneyyamac en el este de Turquía, como parte de una expedición para vacunar a residentes mayores de 65 años con la vacuna de Sinovac
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En esta fotografía tomada el 15 de febrero de 2021, los médicos y una enfermera del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray, llegan a la aldea de Guneyyamac en el este de Turquía, como parte de una expedición para vacunar a residentes mayores de 65 años con la vacuna de Sinovac (BULENT KILIC/)

IMAMLI (AFP).- En las remotas aldeas de las montañas turcas, el doctor Sergan Saracoglu, con su maletín repleto de jeringas, hace frente a un doble desafío cuando inyecta la vacuna anticovid a personas mayores: un clima extremo y unas creencias ancestrales recalcitrantes.

Tras conducir durante más de una hora por carreteras empinadas cubiertas de nieve, Saracoglu, acompañado por otro médico y una enfermera, llega a la aldea de Imamli, mayoritariamente kurda, situada entre las montañas de la provincia de Van (este de Turquía).

El doctor Sergen Saracoglu y la enfermera Yilzdiz Ayten del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray llegan a la aldea de Guneyyamac en el este de Turquía
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El doctor Sergen Saracoglu y la enfermera Yilzdiz Ayten del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray llegan a la aldea de Guneyyamac en el este de Turquía (BULENT KILIC/)

En su mano, una lista con los nombres de personas mayores de 65 años, que pueden recibir la vacuna. El equipo logra localizar a su primera paciente: Berfo Arsakay, de 101 años.

Sergan Saracoglu, del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray, se pone un traje de protección personal mientras se prepara para ingresar a la aldea de Guneyyamac, en el este de Turquía
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Sergan Saracoglu, del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray, se pone un traje de protección personal mientras se prepara para ingresar a la aldea de Guneyyamac, en el este de Turquía (BULENT KILIC/)

Tras inyectarle una primera dosis de la vacuna china CoronaVac en su casa, el equipo espera una media hora, mientras bebe té en su modesta vivienda, para asegurarse de que la señora no presenteS efectos secundarios.

El doctor Akay Kaya, el doctor Sergen Saracoglu y la enfermera Yildiz Ayten preparan el equipo de vacunación en el pueblo de Guneyyamac, en Turquía
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El doctor Akay Kaya, el doctor Sergen Saracoglu y la enfermera Yildiz Ayten preparan el equipo de vacunación en el pueblo de Guneyyamac, en Turquía (BULENT KILIC/)

“Tuvo una actitud positiva”, se congratula el doctor Saracoglu. “Hemos tenido casos en los que la gente se negó a vacunarse”, añadió.

En esta fotografía tomada el 15 de febrero de 2021, el doctor Akay Kaya del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray, habla con una mujer kurda en la aldea de Guneyyamac en el este de Turquía
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En esta fotografía tomada el 15 de febrero de 2021, el doctor Akay Kaya del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray, habla con una mujer kurda en la aldea de Guneyyamac en el este de Turquía (BULENT KILIC/)

Turquía, que comenzó a vacunar a su población a mediados de enero, ha registrado hasta ahora 2,5 millones de contagios por covid-19 y más de 27.000 muertes. Pero las zonas montañosas alejadas y aisladas de las ciudades parecen estar más protegidas de la pandemia.

“Aire limpio”

“Es algo muy bueno que hayan podido llegar hasta aquí, porque me llamaron para ir al hospital, pero juré que no lo haría hasta que acabáramos con este virus”, murmura la anciana centenaria.

La enfermera Yildiz Ayten disfruta de su almuerzo ofrecido por Zeri Saymaz y su familia después de recibir su vacuna, en el pueblo de Guneyyamac
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La enfermera Yildiz Ayten disfruta de su almuerzo ofrecido por Zeri Saymaz y su familia después de recibir su vacuna, en el pueblo de Guneyyamac (BULENT KILIC/)

El doctor Saracoglu y su equipo tuvieron menos suerte en otra pequeña aldea, Ozbeyli, ubicada en el mismo distrito. Se fueron sin poder vacunar a las tres únicas personas de su lista: un hombre al que no pudieron localizar y dos mujeres que rechazaron la vacuna.

El joven guardián del poblado, Mahmut Seker, se lanza en un discurso ecológico para quitarle importancia a la situación. “Gracias a Dios aquí no tenemos el coronavirus. Es un lugar limpio, con aire limpio”, afirma. “La gente no quiere vacunarse por eso. Además, tienen miedo”, dice.

El esfuerzo de vacunación con la vacuna CoronaVac de China, comenzó a mediados de enero cuando Turquía inoculó a más de un millón de personas en la primera semana
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El esfuerzo de vacunación con la vacuna CoronaVac de China, comenzó a mediados de enero cuando Turquía inoculó a más de un millón de personas en la primera semana (BULENT KILIC/)

El médico concuerda en que estas zonas alejadas están menos expuestas.

La enfermera Yildiz Ayten del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray es escoltada por niños kurdos mientras busca ancianos en la aldea
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La enfermera Yildiz Ayten del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray es escoltada por niños kurdos mientras busca ancianos en la aldea (BULENT KILIC/)

“Generalmente, en aldeas tan pequeñas se han registrado muy pocos casos. Es gracias a esta distancia social natural, al aire libre”, dice Saracoglu. “Además, en el invierno (boreal), quedan aisladas geográficamente de la ciudad, lo que significa que el coronavirus circula menos”, agrega.

Ramazan Saymaz y su esposa Zeri Saymaz se sientan con su hijo y sus nietos después de ser vacunados, en la aldea de Guneyyamac en el este de Turquía
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Ramazan Saymaz y su esposa Zeri Saymaz se sientan con su hijo y sus nietos después de ser vacunados, en la aldea de Guneyyamac en el este de Turquía (BULENT KILIC/)

En Imamli, los padres de Sabahtin Saymaz, ya ancianos, están ansiosos por poder volver a Bahcesaray, capital del distrito, en la que no ponen un pie desde el inicio de la pandemia.

Una mujer de la familia de Saymaz habla con miembros del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray
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Una mujer de la familia de Saymaz habla con miembros del equipo de vacunación del hospital público de Bahcesaray (BULENT KILIC/)

“Tuvieron mucho cuidado. Nunca fueron hasta el pueblo. Esperaban a ser vacunados”, confía, viendo cómo sus padres reciben la primera dosis de la vacuna inyectada por el equipo del doctor Saracoglu. La segunda inyección queda programada 28 días después.

El pueblo kurdo de Ozbeyli es visitado por miembros del equipo del hospital público de Bahcesaray que participan en una expedición para vacunar a los residentes de 65 años o más, con la vacuna CoronaVac Covid-19 de Sinovac
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El pueblo kurdo de Ozbeyli es visitado por miembros del equipo del hospital público de Bahcesaray que participan en una expedición para vacunar a los residentes de 65 años o más, con la vacuna CoronaVac Covid-19 de Sinovac (BULENT KILIC/)

Fotos: Bulent Kilic / AFP

Edición Fotográfica: Enrique Villegas