Formosa: Falleció una mujer en un centro de aislamiento y denuncian que la “dejaron morir”

Alejandro Horvat
·5  min de lectura
Juana Gómez, de 60 años, murió en un centro de aislamiento de Formosa
Gentileza: Gumercindo Gómez

Juana Gómez, de 60 años, falleció ayer en un aula con capacidad para 25 alumnos de la Escuela N°3 “Luis Sáenz Peña”, en la capital de Formosa. Allí colocaron cinco camas a un metro de distancia para transformar ese espacio en un centro de aislamiento. Tenía coronavirus, sobrepeso y diabetes. Pese a que su cuadro requería de atención médica dentro de un hospital, los médicos la trasladaron desde el Hospital Central hacia el centro de aislamiento en donde murió a la mañana siguiente. Su compañera de habitación denuncia que Gómez agonizaba y ellos pidieron ayuda, pero la señora no recibió la atención médica que necesitaba.

Esta muerte es la primera que enfrentan las autoridades formoseñas en uno de sus centros de aislamiento. Formosa llegó a tener más de 50 de estos centros distribuidos por toda la provincia, muchos de ellos denunciados por condiciones de habitabilidad “deplorables”.

Sonia Vázquez, de 36 años, ayer se levantó a un metro del cuerpo sin vida de Gómez. Ella dormía en la cama de al lado. Atiende a LA NACION indignada porque, asegura, pidieron auxilio en repetidas oportunidades, pero solo lograron que venga un médico a tomarle la presión.

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“La dejaron morir, no hay otra forma de verlo. Llegamos el domingo a las 15 y recién nos dieron algo de comer a las 22. No había atención médica, no había agua caliente. La señora estaba transpirando, agitada, pedíamos que venga un médico y nos respondían que estábamos exagerando. Al final vino un médico, le tomó la presión, la temperatura y se fue. Al otro día falleció”, relata Vázquez.

Ella describe que el centro de aislamiento es un lugar “mugroso”. Vázquez había dado positivo por coronavirus y fue trasladada junto a su marido, que es hipertenso, a la Escuela N°3. Dice que al llegar la separaron de su esposo y la llevaron a la habitación que compartía con Gómez.

“Yo en ese momento estaba preocupada por mi marido. Él tiene problemas cardíacos y en el centro de aislamiento no hay médicos, solo hay un policía. Por eso iba a su habitación a ver cómo estaba y yo misma le tomaba la presión y la temperatura”, agrega Vázquez.

Vázquez detalla que Gómez estaba muy agitada y le costaba respirar. En los momentos en los que se sintió mejor les pidió un vaso de agua, pero se veía que su estado de salud era delicado. La noche del domingo, a las 22.30, les llevaron la cena pero Gómez no se levantó de la cama. Una hora más tarde, finalmente, llegó un médico que solo le tomó la temperatura y la presión. Luego, ella se levantó, se fue a bañar sin agua caliente, volvió a la cama y a la mañana siguiente amaneció sin vida.

“La señora volvió a la cama después de bañarse y se acostó perpendicular a la cama, con las piernas en el suelo. Ayer amaneció con las piernas llenas de moretones y ya fallecida. La abandonaron, la dejaron morir, nosotros avisamos y nos trataron mal, nos decían que éramos exagerados. Encima luego no dijeron que por sus comorbilidades su muerte era casi inevitable. Me causó un gran impacto levantarme y que ella esté sin vida al lado mío, mi madre ahora está esperando el resultado de su hisopado, pero de ningún modo voy a permitir que venga a un centro de aislamiento”, argumenta Vázquez.

Complicación “imprevisible”

Mario Romero Bruno es el director del Hospital Central de Formosa, desde donde tomaron la decisión de derivar a Gómez hacia el centro de aislamiento donde murió. Sostiene que la señora falleció porque “se dio una complicación que no era previsible”.

Romero Bruno señala que Gómez ingresó el 30 de abril con coronavirus. Como su evolución, según el médico, fue favorable, al día siguiente la trasladaron a la Escuela N°3, a la que describe como “un centro acondicionado para atender estos pacientes”.

“Se la trasladó a un centro de atención sanitaria (en referencia a la escuela), porque evolucionaba favorablemente. Ella era hipertensa, diabética y tenía obesidad. Se dio una complicación en su cuadro que no era previsible porque no fue una complicación como una neumonía. Seguramente fue una muerte súbita. Fue un médico a tomarle la presión, que estaba un poco alta, pero no era nada urgente. Además, también contábamos con que sus compañeras de habitación nos avisaran si desmejoraba”, argumenta Romero Bruno.

LA NACION intentó comunicarse con Aníbal Gómez, ministro de la Comunidad que también está cargo de la cartera de Desarrollo Humano para consultarle si van a abrir una investigación por la muerte de Gómez, pero no dio respuesta.

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Más de 20.000 personas pasaron por esos centros de aislamiento que montó el Gobierno de Gildo Insfrán durante la pandemia. Sin embargo, cuando el secretario de Derechos Humanos de la Nación Horacio Pietragalla Corti los fue a recorrer luego de semanas de denuncias, señaló que existía una “intencionalidad política” detrás de esas denuncias y le envió solo unas “recomendaciones” al Gobierno de Insfrán. “No se violan sistemáticamente los derechos humanos en Formosa”, aseguró Pietragalla Corti.

Gumercindo Gómez es el hermano de Juana. Se pregunta dónde estaban los derechos humanos de su hermana cuando agonizaba en la cama del centro de aislamiento. “La trataron como a un animal. El Gobierno de Formosa tiene doblegado al pueblo, se piensan que somos todos ignorantes. Cómo van a trasladar a mi hermana de un hospital a una escuela con todas las comorbilidades que tenía. Es una locura que la hayan sacado del hospital, la muerte de mi hermana es culpa de ellos”, concluye Gómez.

Con la colaboración de Martín Boerr